Un uruguayo que recorre el mundo y gana premios

César Troncoso y el mejor año cinematográfico de su vida

En el 2025 fue mejor actor en el 26° BAFICI por "La mujer del río" y como actor de reparto en la serie "El Eternauta".

César Troncoso en la playa de la bahía de Piriapolis, Maldonado, Uruguay. Octubre 2025. Foto Fernando Brenner
César Troncoso en el festival de Piriapolis
César Troncoso en el festival de Piriapolis
viernes 02 de enero de 2026

Aunque no le interesa mucho el fútbol, se reconoce “Bolso” (por el Club Nacional de Futbol) y seguidor de los músicos Jaime Ross y Fernando Cabrera. Siendo homenajeado y premiado en el Festival Piriapolis de Película, ESCRIBIENDO CINE charló con él de manera exclusiva en el balneario uruguayo.

Hace varios años que el actor montevideano César Troncoso se ha ganado su lugar en el mundo del cine (y del teatro). Pero pocas veces como este año que acaba de finalizar, ha tenido un recorrido de rodajes, estrenos, filmaciones, presentaciones, premios y muy especialmente viajes alrededor del mundo. Se podría decir que para el “Tano Favalli” (su personaje de El Eternauta) nacido el 5 de abril de 1963, lo viejo funciona. Y sobre su propia historia existe el libro Oficio de alto riesgo - un recorrido por la vida y obra de César Troncoso que es posiblemente la primera biografía sobre un actor de cine uruguayo. Fue escrita por el periodista cultural y crítico cinematográfico Diego Faraone, para la Editorial Estuario y fue publicada en plena pandemia en 2020.

El 2025 lo comenzó en Brasil de “feria” en Rio de Janeiro. Y a lo largo del año tuvo apariciones teatrales en distintos momentos y en diversas localidades uruguayas. Viene haciendo Nuestras mujeres una puesta dirigida por Mario Morgan junto a los actores Franklin Rodríguez y Diego Delgrossi. Mechando con rodajes varios ya fuera como protagonista o actor de reparto, Troncoso tuvo su primera gran alegría (y su primera visita a Buenos Aires) cuando en abril ganó el Premio El Búho como mejor actuación compartido junto a su coprotagonista Andrea Carballo, por el film La mujer del río (2025) de Néstor Mazzini, en el 26° BAFICI. Con el estreno a fin de ese mes de la tan esperada Primera temporada de la Serie El Eternauta (2025) de Bruno Stagnaro por la plataforma Netflix, en mayo estuvo también rondando la capital porteña con notas y entrevistas. Y un suceso de la serie (y de su personaje) deseado pero inesperado por su conmoción mundial.

Para distenderse un poco de este acontecimiento en junio estuvo de vacaciones en México junto a su mujer Adriana Fontán Larrondo (Licenciada en psicología). De vuelta al paisito para poner el segundo semestre del año en orden, continuó con su periplo de viajes (ya debe haber perdido la noción de millas que ha recorrido) esta vez a Bolivia para el rodaje de Los abrazos del paceño Marcos Loayza (Cuestión de fe, El corazón de Jesús, Averno). Y para fines de ese mes de agosto, se presentaría en Montevideo para el estreno en la Cinemateca de Quemadura china (2025) de Verónica Perrotta con Néstor Guzzini.

Septiembre y octubre vino cargadito. Primero viajar al País Vasco, a San Sebastián para estar en las presentaciones en el festival donostiarra de los films  Belén (2025) de Dolores Fonzi y Un cabo suelto (2025) de Daniel Hendler. Ya en octubre viajó a Galicia para visitar a su madre y su hermano que viven en El Rosal (Pontevedra). Y de regreso a su patria, fue homenajeado por su Trayectoria en el 22° Festival Piriapolis de Película, donde presentó los films 36 horas de Néstor Mazzini y la película de Clausura Quemadura China de Verónica Perrotta. Además de participar en la Mesa Redonda "La actualidad del Cine Uruguayo", junto a Gisella Previtali, Presidenta de la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU) y a la productora audiovisual Virginia Hinze.

En noviembre estuvo en el 40° Festival internacional de Cine de Mar del Plata, dado que se presentó en la Competencia internacional el film La casa (2025) de Gustavo Triviño con Diego Peretti. En diciembre participó en Buenos Aires de la Entrega de los premios Martín Fierro al Cine y a las Series llevándose el de mejor Actor secundario por la serie por El Eternauta. Para cerrar el año en Uruguay con la semana final de rodaje de la coproducción boliviana-uruguaya Los Abrazos. Y aún quedan en el tintero otros títulos inéditos como el film filmado en locaciones en Maimará, La Quiaca y Yavi en la provincia de Jujuy, La habitación blanca (2026) de Ana Piterbarg, y Cuando yo existía (2026) coproducción uruguaya y española de Martín Avdolov y Alejandro Damiani, con rodajes en Montevideo y Barcelona.

¿En qué momento te dijiste quiero ser actor. Estar en un escenario, estar en una pantalla, quiero hacer personajes?
Yo venía del teatro. Pero actor de cine….Yo siempre estuve fascinado por las películas, desde niño. Desde aquellas películas en blanco y negro de la televisión, en la que me pasaba viendo tres o cuatro películas al hilo, no? Desde aquel tiempo veía películas sin parar. Mi vieja me tenía que decir varias veces de que me estaba llamando. Yo estaba metido adentro de las pelis. No con cualquiera, eran de cowboys, o de Abbott y Costello o las de guerra. Todas por televisión. Y cuando se dieron las condiciones empecé a ir a la Cinemateca Uruguaya. Empecé a ir a ver teatro como espectador. Y después en determinado momento entré al Teatro Uno, un grupo teatral que había en aquel tiempo donde las figuras centrales eran Luis Cerminara y Alberto Restuccia. Entre fines de los 80 y principios de los 90.

Ahí fue entonces donde empezó todo en tu relación al oficio de actor.
En una de esas clases Restuccia dijo: pase uno al frente. Yo siempre tenía el impulso de pasar. Me acuerdo de haber pasado y de hacer el ejercicio que él me había propuesto, y cuando terminé el ejercicio estaba como temblando, pero temblando de la emoción no de pánico. Por el ejercicio, por la exposición que eso implicaba, pero satisfecho. Muy feliz y muy contento de lo que había hecho. Y además avalado por Restuccia. Para mí esa fue la confirmación de sentir de que por acá voy bien. Es el momento que yo recuerdo del clic, capaz que lo tengo un poco fantaseado. Y después con el cine se fue dando de forma medio natural. El cine no es el primer momento en el que actuaste, el cine lo que hace es darle continuidad al trabajo de actor que venía teniendo con el teatro. Cambió el medio tenía que adaptarme, pero ya venía siendo actor, entonces por ahí no tengo un momento preciso y tan claro como para decirte, ahí comenzó todo.

Y allí te llama Guillermo Casanova, un experimentado montajista que hacía su debut en el largo y te hacía debutar a vos nada menos que con el gran Hugo Arana…
Si, si, fue en El viaje hacia el mar (2003). En Uruguay en ese momento no había más remedio que llamar a un debutante porque no había una continuidad y una producción cinematográfica como para llamar a gente segura. Guillermo para ese film tenía pensado en otro actor pero que le daba un perfil más tipo melancólico y él quería alguien más misterioso, que finalmente es lo que le pude dar yo. Además creo que yo había trabajado ya con Guillermo en una publicidad para televisión de esas casas que daban créditos. O sea, ya nos conocíamos. Se hizo un casting, y fue gracioso. Yo venía recién llegado de Brasil de vacaciones, con todo el pelo largo, la barba crecida y una colita atrás en el pelo; y me fui así nomás con ropa común. Y cuando hacemos el casting Guillermo dice: es él. Y el resto del equipo y la productora Natacha (López) le dijeron: no, como va a ser él…es un mugriento… (Risas). Para mí es él decía el director y propuso luquearme, me cortaron el pelo, la barba y me pusieron un traje. Y así quedé yo.

¿Qué te pasó en ese momento? Era un salto para vos, no era una publicidad…
No me acuerdo demasiado. A mí me pasan varias cosas. Por un lado es que soy muy inseguro, soy muy introvertido y  tímido, más allá que después careteo. Y por otro tenía mucho oficio porque en ese tiempo a nivel de teatro me había juntado con Roberto Suárez (Kaplan, El candidato, La luz interior, El viento que arrasa, Perros) que también es otro actor y también director y guionista, y con él hacíamos un dúo cómico con el cual hacíamos sketches y salíamos a boliches y a veces a lugares muy terribles y complejos lleno de borrachos trasnochados. Entonces tenía por un lado la cuestión de la inseguridad y por el otro mucho oficio construido, no de oficio audiovisual, pero si de pararme acá y empezar a hablar. Era la época del Parakultural en la Argentina. Hacíamos lo que después se llamó Stand Up. Y de a poco casi todos tuvimos que ir adaptándonos al nuevo lenguaje del cine, veníamos del teatro y algunos de la televisión. El único que tenía oficio y filmografía era Hugo (Arana). Y él llegó con una actitud muy generosa, enseñándonos varios gajes del oficio.

Tu debut fue una coproducción con Argentina, al igual que un par de films siguientes. Pero sin duda tu primer gran explosión actoral (y con premios) fue con El baño del Papa (2007) de César Charlone y Enrique Fernández.
Fue una película que marcó mi carrera. El film ganó 5 premios en el Festival de Gramado (mejor actor incluido), fui a Cannes, la peli estuvo en Toronto, en Guadalajara, en San Sebastián, en Rio de Janeiro, en San Pablo, en Tesalónica, en Gotemburgo, en Mumbai, en Huelva, tuvo un recorrido increíble. Y además de todos esos paseos divinos  que anduve dando por el mundo, cosas que no creí que me iban a suceder, me comenzaron a llamar no solo para el cine nacional (uruguayo) sino también para el cine en Brasil, en donde además empecé a trabajar con continuidad. Creo que el disparador fueron los premios Kikito en el Festival de Gramado.

A partir de ese momento tu carrera en el cine se diversificó entre Uruguay, Brasil y Argentina. ¿Entre viajes y premios, que te fue pasando dentro tuyo?
Era teatro y cine, era raro. Ahora si es más cine que teatro. Ahí empecé a tener una contradicción. Por un lado tenía mi trabajo por el cual cobraba un sueldo mensual. Era auxiliar contable de un Estudio contable, ahí no pensaba prosperar, me interesaba más el teatro, la actuación y bueno el cine, obvio. Al principio los procesos eso de ida y vuelta, de pedir licencia para irme dos meses a rodar, por ejemplo, eran difíciles de procesar, me bancaron muy bien en el laburo, pero hubo momentos que me pedían que no me fuera en determinada época. Iba a Brasil, a la Argentina, a festivales. Y cuando volvía a la oficina me agarraban unos bajones terribles. Igualmente nunca me dijeron que no, es decir que no vaya a un rodaje.

Vos como actor de teatro tuviste profesores, pasaste, digamos por una cuestión académica. ¿Y en el cine fue más de oficio?
Para mí lo que vos aprendes como actor preparándote para el teatro, digamos, son las mismas herramientas que al fin y al cabo vas a terminar usando en el audiovisual. No es que en el cine necesitás herramientas diferentes que no aprendiste en el teatro. El oficio del actor es el mismo.

Pero los primeros planos no existen en el teatro…
(Risas) Claro, pero lo que vos hacés es ajustar. Pero tampoco en un primer plano necesariamente tenés la cámara encima de la cara, hay diferentes lentes que ayudan a la cosa. Lo mismo pasa con el volumen con la proyección de la voz. Tenés el micrófono acá, pero vos lo podés graduar. Para mí la actuación en un lugar o en otro tiene que ver con grados. Lo mismo pasa entre una sala como el Teatro Circular de Montevideo y una sala como el Teatro Solís. Tenés una sala para 130 personas y otra para 2000. También graduás. Yo siento que lo aprendido para teatro es a actuar. Ambos medios te piden que actúes. Al fin y al cabo el cine se parece más a tu normalidad, hablando de la emisión de la voz.

No hiciste talleres especiales, como por ejemplo de doblaje, de locución…
Locuciones hago. Hice 10 capítulos de un podcast original de Spotify que se llama Frente al asesino (2022) era sobre una serie de asesinatos de mujeres jóvenes aquí en Uruguay. Y hago cada tanto alguna locución publicitaria. A veces haces un curso o no. Si tengo que hacer pantomima, bueno hice un curso, pero hay que estudiar. Para hacer el personaje del Beto en El baño del Papa o para hacer el personaje de Zanahoria (2014, de Enrique Buchichio) hay que tener capacidad de observación, reconocer quien sos y ver con inteligencia los lugares y las cosas con que te movés. Obviamente hay quien hace un camino diferente, que es igual de válido. No hay una fórmula. Si alguien desea hacer talleres para complementar o mejorar lo que tiene o para profundizar un área del trabajo a mí me parece auspicioso. Yo no lo hago, pero no estoy marcando ningún rumbo.

¿Que podes marcar como diferencias entre un rodaje en Uruguay, otro en Brasil y otro en Argentina?
Para mí es lo mismo. Lo que vos notas en un caso y en otro por ahí son diferencias a nivel técnico. Yo trabajé en La noche de 12 años (2018, de Álvaro Brechner) con Antonio de la Torre que es un actor que se ganó varios Goya en España, el Chino Darín y Alfonso Tort, actor uruguayo, que eran los tres protagonistas. Y vos no notas diferencias a nivel de resultado. Vos lo que notas es que cada uno estaba muy empapado en relación a su personaje. Porque no hay diferencias. Las diferencias pueden tener que ver con la cantidad de oficio construido, con la cantidad de kilometraje que tenga recorrido de antes. Pero después el abordaje es el mismo. Obviamente, cuando yo trabajaba en Brasil me tenía que aprender de memoria en portugués. Si yo me tranco en español voy a tener otro camino para resolver el problema de esa palabra. Pero en portugués por ahí se me hace más difícil y entonces había que parar la escena y volver a repetirla al micrófono. Esas cosas tienen  que ver con el idioma. Pero para hacer una escena en Argentina es lo mismo que en Uruguay. Nada cambia. Las variaciones tienen que ver con asuntos tecnológicos. O trabajar con un actor que no es bueno y un actor que sí lo es. Yo creo que eso te puede pasar en cualquier contexto no tiene nada que ver con el país. Se trabaja igual. Habrá idiosincrasias que tenés que representar que por ahí no son las tuyas, y tendrás que adaptarte y ver por dónde viene la cosa. Pero el trabajo de actor es el mismo en todos lados.

Vos recibís propuestas y guiones de todos lados. ¿Qué te atrapa más: la historia, el personaje que te toca o con quien y dónde vas a rodar?
Y es un combo. Hay algunas cosas que te tranquilizan. Si me dicen vas a trabajar con Ricardo Darín, ya sé que si él está en el proyecto hay unas cuantas cosas que ya están resueltas por él. Sabes que el proyecto tiene calidades mínimas aseguradas y ya te despreocupas de eso. Es una garantía, hay actores que eligen bien, que el hecho de que estén hace que sea interesante lo que hacen. Yo creo que mirás todo. Por ahí el guión es flojo pero el personaje que te toca esta bueno con un par de escenas potentes, tenés capacidad para resolverlas. Hay veces que no está tan interesante tu personaje pero querés ayudar a defender un guión. Yo estuve en películas donde tengo una escena o dos. O elegís por una cuestión o por la otra o por la suma de ellas. Y ahora que solo vivo de esto, está el salario que también considerás. Y para mí hay un plus extra que es donde se rueda. Como por ejemplo cuando una se rodó en Mendoza que a mí me interesaba especialmente. Son muchos los factores que suman, y que unos pesan más que otros. Y entre todos hago un balance que definen por sí o por no.

Hablemos de tu nueva experiencia, que no es ni Argentina, ni Brasil. Es la película de Marcos Loayza y es la segunda vez que rodas en Bolivia.
Claro la primera vez que filmé allí fue en Cochabamba en el film El Visitante (2022) dirigido por Martín Boulocq con Mirella Pascual y fue una coproducción entre Bolivia y Uruguay. Al igual que esta última rodada en agosto en La Paz y en El Alto y que terminamos en diciembre la última semana de rodaje en la costa en Uruguay. El film se llama Los Abrazos (2026) y fue dirigido por Marcos Loayza. Mi personaje es un artista plástico boliviano que vivió 20 años en Uruguay y decide volver a su tierra. De hecho las obras e ilustraciones que aparecen en la peli son del propio Marcos, que como sabes también es un increíble ilustrador. Es un film pequeño y en varios sentidos autobiográfico. Me parece que va a ser una película muy íntima y eso está bueno.

Dentro de los varios films últimos que hiciste y varios sin estrenar aun, compartís elenco con otro gran actor uruguayo como es Néstor Guzzini. Y con él estuviste en otros varios films más. ¿Me equivoco o además de compañeros fuera del set de rodaje son buenos amigos?
Con el Néstor nos queremos mucho. Ahora estrenamos con él y la directora Verónica Perrotta, el film Quemadura china (2025), con los dos nos conocemos hace un montón de tiempo, con Verónica hice teatro antes. A ver: no voy a visitarlo a su casa, y a Vero tampoco, pero si construyo cariño con una persona. Yo soy medio huraño, me cuesta ir, siento que si voy a su casa le rompo medio los cocos, que jodo un poco. A veces cultivo menos de lo que debiera el vínculo. Pero lo que hemos construido los tres es muy hermoso, es divino. Yo a él lo quiero mucho, es un tremendo actor y tiene una gran carrera en cine en Uruguay, pero también ha rodado en Argentina. Y no sé si Néstor no tiene igual o más películas que yo en Uruguay. Tiene mucha continuidad de laburo y es muy lindo tipo.

Contame como llegas a El Eternauta
Yo en los años 80, como te dije que me interesaba lo del Parakutural, ya compraba la Revista Fierro (aun debo tener en mi casa varios ejemplares, al igual que las revistas Humor, Superhumor, Sexhumor). Cuando me hablan para el casting y me nombran a (Héctor Germán) Oesterheld ya sabíamos de quien estábamos hablando. Hice unos tres castings siempre con el mismo personaje de El Tano. El último fue ya directamente con Ricardo Darín, y creo que era para ver si nos entendíamos con Ricardo.

¿Había esa percepción de que sentían de que esta serie iba a romperlo todo?
Es que sí, sí, claro. Yo no sé si imaginábamos el resultado final que iba teniendo, me refiero a un resultado planetario. Éxitos en Japón, en Estados Unidos, en Francia, en países nórdicos, en la India, en lugares rarísimos. Yo no sé si eso lo imaginaban, pero que además tenías un material con todas las cosas que se juntaban, no? También estaba Bruno Stagnaro, imaginaba que era un potencial bombazo. Había que errarle mucho para que no pasara algo grande.

¿Qué fue para vos, ya como éxito encima, tenías que esconderte de la gente?
No, estuve tranquilo porque lo pasé en Uruguay, era más manso. Si hubiera estado todo el tiempo en Argentina hubiera sido más complicado, menos sereno, digamos. La efervescencia en Argentina fue mucho mayor. En Uruguay es más tranqui, la gente te ve, te mira fijo pero sigue de largo en general. No fue dramático. Pero me dio mucha felicidad. Cuando vos ves el trabajo en los 6 episodios en la Plataforma….!!! Es imponente. Cuando te ves al lado a Darín. Ok vos sos un actor igual que él. Pero Darín es Darín. Debe ser el actor latinoamericano más famoso. Lo que la gente conoce de Ricardo no lo conoce de otro actor. No hay otro actor en España que tenga la fama de Darín en Latinoamérica. Él tiene fama Iberoamericana, como él no hay otro. Y cuando estás trabajando mano a mano con este tigre… es muy fuerte.

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