"Lipán", la película se exhibe en el Gaumont

Tomás Lipán un cantor andariego entre la melancolía de una copla y la alegría de un carnavalito

Músico purmamarqueño de pura cepa chalala, quien a través del entrañable y ágil documental de Gonzalo Calzada, muestra su inquebrantable sentimiento reivindicatorio de lo ancestral y originario, a través de su palabra (que dialoga con el Diablo) y de su garganta que alumbra una voz inigualable. ESCRIBIENDO CINE charló con el de manera exclusiva.

Tomás Lipán un cantor andariego entre la melancolía de una copla y la alegría de un carnavalito
jueves 07 de mayo de 2026

Es como un tótem. Su presencia en el escenario es inconfundible y a todos los conmueve. Todo un bagaje originario, ancestral, una cultura quizás milenaria, de etnia aymara recorre su rostro, su cuerpo, su piel, sus venas, su cabeza, sus manos, piernas y el corazón, principalmente. Charly García junto a David Lebón escribieron para Serú Giran una frase que quedo como estampada en la memoria colectiva: "Nunca pensé encontrarme con el diablo". Y Tomás Lipán el gran protagonista del film Lipán (Argentina, 2025) de Gonzalo Calzada, nos comentó eso justamente. Que al empezar a filmar no había pensado que se iba a encontrar con el Zupay.

Es el intérprete absoluto cantando, contando, dialogando y contestándole al mismísimo Diablo (sagaz, preguntón, medio inquisidor, pero no tan malo y luciferiano como se supone), pero no es la primera vez que su rostro cuasi atávico aparece en un audiovisual. Lipán antes de Lipán estuvo en el cortometraje Siglos con la garganta del alma (2000-2009) en un video documental de Analía Rondón (editado en DVD) donde se mostraban diversas estampas polifacéticas de Tomás Lipán que contó con la participación de Fortunato Ramos, Barbarita Cruz, Domingo Ríos, Balvina Ramos y Ricardo Vilca. Fue un sacerdote Inca en el episodio 1 del largo de la serie Mandinga - Siete Relatos Perdidos (2002) de Gonzalo Calzada (Nunca estrenada).

A partir de 2006 pudimos verlo en 4 películas. Como El Cacique en Nacido y criado (2006) de Pablo Trapero, un norteño trasplantado a la Patagonia; fue el Ciego que dialogaba y acompañaba al actor franco-español Tristán Ulloa en el drama de aventuras El destino (2005) del jujeño Miguel Pereira. Para el documental que vino a rodar a La Boca el aragonés Carlos Saura Zonda, folclore argentino (2015), Tomás aparece al principio ejecutando el erquencho y cantando bagualas junto a Melania Pérez y Mariana Carrizo. Y finalmente, de nuevo rodando con Gonzalo Calzada, pero ahora una ficción de misterio y terror Luciferina (2018), donde asume el maquillado rol de un Chamán que introduce a un grupo de jóvenes en una ceremonia de Ayahuasca. Además compuso el tema homónimo al film.

El gran cantor del NOA con una voz profunda, muy afinada, registro de barítono de timbre grave, también es ejecutante de guitarra, bandoneón, siku, quena, tarka, caja y chas chas. Creó hace más de veinte años el sello UKIA Artes con el cual pudo editar más de la mitad de sus CDs y producir varios álbumes de otros intérpretes del Noroeste. Nació como Tomás Ríos el 7 de marzo de 1948 en Chalala, un caserío cercano a Purmamarca, en el Departamento de Tumbaya, Quebrada de Humahuaca en la Provincia de Jujuy. Una de las características de Chalala es que tiene una zona de viñedos con bodega incluida. Nada es casual.

¿Cómo se fue dando tu relación con Gonzalo Calzada, quien ya te dirigió en tres oportunidades: en una serie, en una ficción y ahora en tu documental?
El primer contacto que tuve con él, era un joven director y me vino a ver para participar de un capítulo de una serie que se llamaba Mandinga, filmamos en los sótanos y túneles de la Casa de Gobierno y que sé que la terminó pero nunca se emitió. Y luego una película que sí se estrenó donde tuve un papel muy lindo como el chamán, y que es Luciferina. Y en esa época en el 2018 él iba mucho a verme a los recitales en el Teatro Carlos Carella. Y una vez nos juntamos en un cafecito y el me propuso hacer un documental sobre mi vida y mi trabajo. Me pidió permiso, le dije que sí y cuando íbamos a empezar a filmar llegó la pandemia. Entonces el proyecto estuvo como tres años parado. Y en 2023 fuimos a filmar al Teatro Mitre, el más histórico de San Salvador de Jujuy. Y en el escenario me sienta en una silla y yo con la guitarra y el poncho, como si estuviera en un recital. Y me pide que cante mi canción más representativa, y elijo Jujuy Mujer y que es más sencillita para cantarla. Y termino de cantar la primera parte y ¡pum! se me aparece un Diablo y se sienta  al lado mío. Lo miro y le pregunto ¿Quién sos? (Risas).

Y te lo sentaron enfrente y vos no sabías nada de eso. ¿No estabas preparado?
No, nada, nadie me dijo nada de esto. Y empezó a bombardearme con preguntas. Y me empieza a escarbar. Y al día siguiente le pido al director Gonzalo, porque no me anotas y me decís de qué me va a preguntar. Nooo, me dice, eso no sirve, porque vos vas a preparar las respuestas. Vos tenés que contestar lo que vos sos. Lo que a vos te nace en el momento, porque estás hablando de vos. No tenés que estudiar absolutamente nada. Gonzalo ya tenía un guión, por supuesto. Y el Diablo tenía las preguntas para hacerme. Y así está planteada toda la película. Y estoy muy agradecido, muy feliz y admirado por él. Ha logrado lo que yo jamás me hubiera imaginado. Nunca había hecho algo así. Y filmamos más de 100 horas.

Y ahí pensaste: “Estoy contento con mi suerte...!”
(Risas) Todo mi camino artístico lo agradezco a Tata Dios, a la Pachamama y a mis padres. Yo jamás había pensado en cantar, en subirme a un escenario como el de Cosquín, o en lugares importantes en el exterior.

Pero antes de grabar tus primeros casetitos, y de ser llamado por Jaime Torres, ya habías estado con un grupo….
Cuando tuve entre 25 y 28 años integré un grupo que dirigía mi hermano Domingo Ríos, Sones de América haciendo música indoamericana en Salta. Hacíamos lo clásico y la formación era mi hermano tocando quena, un boliviano de Cochabamba tocaba el charango, un muchacho salteño la guitarra y yo el bombo. Y por ahí hacíamos en algunos temas dúo de sikus o dúo de quenas, con mi hermano. Ellos cantaban y yo por ahí hacía una tercera voz, apenitas (¡!!).

¿Y llegaron a grabar algún disco?
No, no grabamos finalmente, porque había que grabarlo en casete y venirse a Buenos Aires. Por ahí yo tenía algún casetito grabado en los ensayos eso era todo y era casero. Además de tocar en la región estuvimos por Antofagasta, al norte de Chile. Íbamos a los festivales de Córdoba y viajando en tren.

¿Y cuándo empezaste vos con el canto?
A fines de 1977 me casé con Rosa Araoz, y me fui a vivir a Jujuy. Y estuve como dos años sin cantar nada. Y de a poquito empecé a cantar en las reuniones con amigos, con mi familia. Rosa es la que me impulsó a cantar y fue la que me apoyo después. En 1980 cuando empecé a trabajar en la Municipalidad en San Salvador, ya me invitaban a cantar en las radios, en las peñas, en escuelas, en clubes. Y en 1985 me fui a Buenos Aires y grabé mi primer casete en los estudios Sonovisión en diciembre con la producción del Kolla Mercado y arreglos, acompañamiento y dirección musical de Gustavo Patiño. Y la mayoría de los temas eran de mi hermano Domingo Ríos. Y también de otros compositores que siempre evoco como José María “El Kolla” Mercado, Justiniano Torres Aparicio, Máximo Gregorio Puma, Arsenio Aguirre, Ariel Petrocelli, y el infaltable Atahualpa Yupanqui. Y en 1987 volvimos a Buenos Aires y grabamos el segundo casete con Patiño, El Canto de Purmamarca Volúmen 2.

Yo cuando te conocí en 1991 durante un Tantanakuy, que organizaba Jaime Torres en Yavi, Tilcara y Humahuaca, ya venías tocando en la banda de Jaime. ¿Cómo fue que te llamó?
La que me llama primero es la Negrita Cabana (cantora, coplera y docente jujeña) y me dice que me quiere hablar Jaime Torres que está al teléfono. Y me dice que quería que viaje con él a Humahuaca porque iban a ensayar con la banda de Las Voces de la Quebrada para tocar en el Festival de Cosquín. Era el mes de diciembre, e íbamos en la caja de la camioneta y él me iba hablando. Tuvimos que cambiar de autos y justo allí fue el accidente en la ruta. Y a los años él pudo volver a manejar sus manos para tocar el charango y me llama justamente a principios del 91 para acompañarlo en las presentaciones, conciertos y en el Tantanakuy. Y estuve en su banda hasta fines del 97, viajando al lejano oriente y tocando seguido en festivales y peñas.

Has publicado una docena de álbumes, pero hay muy pocos temas compuestos por vos propiamente dicho.
Si muy poco es lo que compuse. Apenas media docena de temas. El que más me gusta es el que dediqué a mi hermano Domingo cuando falleció, Caña mía (Grabado en el 2006 para el CD Ramo de Luna). Cuando lo presentaban a él en Salta, leían un texto que decía “Quena, corazón del viento, aleluya americana; el Inca tejió su magia en el vientre de una caña”… con ustedes Domingo Ríos!!! (Risas). Y cuando en 2007 cumplió 100 años la ciudad de La Quiaca (Norte de Jujuy, con frontera con Villazón, Bolivia), compuse el  Carnavalito Quiaqueño (Grabado en el CD Retumbos en 2011). Una anateada, una comparsa, Los alegres del molino. (Este tema al igual que La Molineña y La Jovita Pérez, compuestas por Lipan, también se editaron en ese álbum).

A grandes rasgos tus temas y canciones que interpretas se dividen en dos ejes básicos que serian o una personalidad, un personaje y el paisaje o una localidad. ¿Cómo elegís las temáticas para tu repertorio?
No sé cómo es. El tema te llega solito. Y te gusta. El único tema que aprendí, me lo pidió Rosita mi mujer, que es Me gusta Jujuy cuando llueve (zamba compuesta por Miguel Orlando Iacopetti con letra de Víctor Hugo Yunes Castillo). Me costó como dos años aprenderlo, es muy difícil. Al igual que con Tacita de Plata (una zamba dedicada a San Salvador de Jujuy, con letra de José Antonio Faro y música de Los Hermanos Simón). En general lo demás es como vos decís con temática del paisaje, de los personajes.  Sobre todo de las cosas que hace el hombre en la tierra. Sembrando amor y que haya un poquito de alegría. Aunque a veces las coplas están entre la tristeza y la melancolía. Son muy sabias las coplas. En cuatro versos te dicen un mundo de cosas. Todo eso lo aprendí. Pero yo no soy ningún estudioso. Ni de la literatura, ni de la música, ni del canto. Todo lo que yo he cantado, he grabado, es natural. Hay un oído que me ha dado el Tata Dios y la Pachamama. Es muy fino el oído. Me doy cuenta cuando uno desafina o no está acorde con la obra que ha compuesto el autor. Hay muy pocos errores, yo no soy guitarrista pero trato de hacer el acompañamiento lo más exacto posible con las pocas notas que puedo meter, las básicas. Y así es en casi todas mis grabaciones. 

Tu último álbum editado que son Clásicos, tiene ya más de 10 años. Si tenés una próxima posibilidad de grabar un nuevo álbum, que materiales incluiría, ya fueran interpretados por vos en tu repertorio, pero que nunca antes los grabaste. Y además, ¿hay gente que te trae temas o canciones para que los toques y grabes?
Si yo llegara a grabar creo que grabaría cosas como algunas zambas de antaño, conocidas que no las he grabado nunca, pero que me gustan, que me llegan al corazón. Y hay mucha gente que me trae temas y que me dice Che te traje esto que he escrito para vos especialmente. Por ahí lo escucho, pero no me llega. Y además soy duro para aprender un tema. Me cuesta horrores aprender un tema nuevo. Si el tema me llega, ya me queda grabado. Todas las músicas y las letras tienen que ser fáciles. Tipo coplas. Vos sabés que hay gente que se me acerca que son amantes de los temas de mi hermano Domingo, y que me piden que haga un disco con solo temas de mi hermano que no he grabado y hay muchos. Esa idea la vengo pensando como hace diez años. Es buena idea. Pero…soy un vago. Porque soy un adicto a la tele. Lo confieso así. Si no tengo que ir a una peña o a un recital, me siento frente al televisor y estoy horas y horas hasta las 3 o 4 de la mañana viendo la tele.

Hay un momento en el film que para mí es el más emotivo, en que vos hablas tanto de tu compañera Rosa como de tu hija Fita. Y no debe ser nada fácil que hables y que se te vea en una pantalla grande y eso es duro. Yo pensaba: a Tomás se le fueron sus dos mujeres. ¿Cómo te lo planteó el director o vos le dijiste quiero hablar de ellas?
No, no. Eso nació espontáneo. El cineasta me lleva a un cementerio viejo, quebradeño, allá más arriba de Tilcara. Con cruces, lápidas y otras cosas. Y ahí es que el Diablo, creo, o me pregunta alguien qué pienso de los muertos. Y ahí me vienen muchos recuerdos. Y hablo todo de los muertos. De cómo se los venera. Y ahí sale una canción, porque yo recuerdo que tocaba una melodía que cantaba mi papá cuando se moría algún vecino cercano en la comarca y no necesariamente que fuera un pariente. Él era un rezador para el doliente y había letanías que se decían y eran cánticos muy tristes. Y eso canté una partecita con el sikus evocando a los muertos. Y ahí nace el comentario de mi señora y de Fita porque habían muerto hace poquito.

Y para terminar. Háblame del tucumano, el del charango, Jaime Torres.
Uhhhh, mil cosas tengo para contarte de Jaime. Son cosas del destino que un día me ha llamado, y a su lado aprendí muchísimo. Los grandes secretos del escenario no me los enseño él, yo fui muy observador. Pero él siempre lo decía, nos decía todo a los músicos: “Hay que tenerle mucho respeto al público, mucho respeto al tema que estás interpretando y mucho respeto y amor al instrumento que estás tocando”. Y así él sabía ser, a respetar a la gente. Empezando por la vestimenta y te decía: vos vas a ir a cantar un carnavalito no vas a ir de vaqueros. Me decía, podes cantarlo igual, ahora los tiempos cambian, pero en ese tiempo…Muchas cosas hay que respetar cuando interpreta un tema. Respetar al autor, a la música que ha compuesto el autor. Y con respecto al instrumento…nadie tenía que tocar su charango. Me decía: Tomás este instrumento me ha dado todo en la vida. Tu vienes aquí, a mi casa, lo que ves, lo tengo gracias al charango. Yo lo tengo que cuidar. Y cómo lo limpiaba, lo mantenía. Además este charango está hecho por mi papá. O sea muchas cosas he aprendido al lado del maestro Jaime Torres que lo recuerdo siempre. En todas mis presentaciones o cuando me toca hablar siempre hay una palabra de elogio al Maestro Jaime Torres. Gran persona, un ser excepcional que me ha tocado conocer y tener el privilegio de poder cantar en muchos escenarios y viajes al exterior: a Japón, a Australia, al Sudeste asiático, Singapur, Malasia, Indonesia, por todos esos lugares con el maestro Jaime Torres y su elenco. Siempre agradecido y tener siempre una oración hacia el cielo, y un canto también para que llegue allá al corazón del Maestro.

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