Nueva temporada en el Espacio Callejón
Héctor Díaz dirige un viaje lleno de recuerdos a través de “Ahoradespués”
“Este material siempre da lugar a revisarlo, a pensar desde dónde, es muy íntimo y delicado”, expresó el artista en una entrevista exclusiva con EscribiendoCine.
La reconstrucción del vínculo de un hijo con su padre. Esta es la premisa de Ahoradespués, la obra teatral que transita una nueva temporada, los martes por la noche, en el Espacio Callejón. Se trata de un unipersonal escrito por Guido Zappacosta, protagonizado por Federico Ottone y dirigido por Héctor Díaz.
A lo largo del relato de ficción, el joven Diego hace un trabajo minucioso para intentar recordar cada instante de lo que fue un lapso crucial para él; necesita explicárselo, repasarlo y aprenderlo, para poder contarlo. En el marco de una de sus funciones, Díaz dialogó con EscribiendoCine.
Con Federico Ottone ya compartieron otras temporadas del unipersonal, sin embargo, cada etapa es única e irrepetible. ¿Qué redescubrieron del vínculo director-actor en esta oportunidad?
¡Es una obra bastante especial! Con Fede, nos habíamos quedado contentos con el resultado de las temporadas en el Teatro Picadero. Pero este material siempre da lugar a revisarlo, a pensar desde dónde, es muy íntimo y delicado. Entonces, esta vez, ya con la confianza de haber laburado antes y de saber qué había funcionado, sentíamos que todavía había algo para bucear, sobre todo en el texto que es muy musical.
También era ver cómo nos encontrábamos con un espacio nuevo. El Picadero es muy especial en cuanto a la platea, que es semicircular y tiene varios puntos de fuga. Acá, el Espacio Callejón, es una sala más plana. Tuvimos que revisar mucho los puntos de mirada, los lugares hacia dónde dirigir la obra, y generar imágenes junto con el público.
¿Hay algún pasaje de este viaje escénico que en esta temporada te esté resonando de alguna forma particular?
Sentí que podíamos tener mayor control sobre la emoción del trabajo. La obra tiene una emoción muy delicada, y me parece que en algunas zonas habíamos entrado quedando un poco en offside respecto de ese campo emocional. A su vez, en otras nos dimos cuenta que teníamos más permisos. En el medio de esto, Fede fue padre. Me parece que, a la hora de construir este material y ese vínculo, lo veo a él muy transformado. Lo veo habiéndose metido varias capas más adentro del asunto. No porque se lo haya propuesto, tampoco es algo tan visible, pero sí es una transformación que experimenta uno al tener esta novedad del hijo. Creo que le terminó de armar el otro lado del mostrador.
En cuanto al concepto del recuerdo, que está muy presente en la obra, ¿qué importancia le otorgás en tu vida?
Siempre tuve un vínculo de bastante fricción con el recuerdo. En el sentido de que no tengo que esforzarme para hacer la tarea de rememorar algunas cosas. Creo que la visita constante a algunas cosas del pasado, hacer un peloteo, está bueno. Ejercitar eso es como un ping-pong con uno mismo. Llevo muchos años de terapia y me cuesta sacarlo de alguna manera a la superficie. No me es fácil rumiar el asunto.
La clave que da esta obra es que el recuerdo está construido como un rompecabezas en varios tiempos: en uno más lejano, en uno que está traído un poco para acá, y hay algunas reflexiones que tienen que ver con el porvenir, con hacia dónde va uno en la vida. Asimismo, se plantea como si fuera un único tiempo, que es el tiempo de vida, en el que uno pasa con cierta conciencia del mundo.