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Crítica de "Las damas primero": Sacha Baron Cohen y Rosamund Pike cambian las reglas, pero el juego no cambia

"Las damas primero" propone una inversión de roles de género con Sacha Baron Cohen y Rosamund Pike, pero su narrativa convierte la sátira social en una construcción previsible.

Crítica de "Las damas primero": Sacha Baron Cohen y  Rosamund Pike cambian las reglas, pero el juego no cambia
domingo 24 de mayo de 2026

Hay películas que parten de una idea capaz de abrir múltiples caminos. Las damas primero (Ladies First, 2026), dirigida por Thea Sharrock, nace precisamente desde uno de esos puntos de partida: un hombre acostumbrado a habitar el privilegio despierta, después de un accidente absurdo, en una realidad donde las mujeres ocupan los espacios de poder y los hombres quedan sometidos a las reglas que antes imponían. La premisa promete una exploración sobre desigualdad, privilegios y estructuras sociales. Promete tensión. Promete incomodidad. Pero la película elige otro recorrido.

Sacha Baron Cohen interpreta a ese empresario incapaz de mirar más allá de sí mismo con la herramienta que mejor domina: convertir el cuerpo en territorio para la comedia. Hay momentos donde esa estrategia encuentra precisión. El desconcierto inicial del personaje frente a una sociedad que ya no lo favorece construye escenas donde el humor aparece como espejo incómodo. Sin embargo, la película pronto abandona esa posibilidad para avanzar hacia una estructura demasiado ordenada, donde cada escena parece diseñada para explicar una idea más que para descubrirla. El recorrido de transformación del protagonista se vuelve previsible y la narración pierde incertidumbre.

Thea Sharrock acompaña esa búsqueda desde una puesta visual limpia, luminosa, construida para que nada desacomode demasiado. La fotografía, el montaje y la composición de escena parecen responder a una decisión constante: evitar cualquier aspereza. Incluso cuando la película intenta discutir desigualdad y poder, lo hace desde una superficie amable. Los personajes femeninos, por momentos, dejan de sentirse personas para convertirse en piezas de una tesis narrativa. Están allí para señalar mecanismos sociales antes que para respirar dentro de ellos.

Hay una pregunta que sobrevuela Las damas primero y que la película apenas roza: cuando cambian las reglas, ¿cambian también las estructuras o simplemente cambian quienes las administran? Allí aparecía su mejor película posible. Una más incómoda. Una menos interesada en enseñar y más dispuesta a observar contradicciones. Pero Sharrock opta por la prudencia. Y esa decisión deja la sensación de una obra que mira problemas contemporáneos desde una distancia segura. Tiene discurso. Tiene intención. Tiene una idea poderosa en el centro. Lo que le falta es confiar más en ella.

6.0
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