Literatura y cine

Juan Pedro Somodi: El crítico, la cineasta y el juego de espejos en "La mariposa de Zhuangzi"

Un crítico de cine que se sumerge en una película de un festival internacional, una directora enigmática y una historia que muta de la reflexión sobre el cine a un thriller de espionaje. En su nueva novela, "La mariposa de Zhuangzi", Juan Pedro Somodi explora los límites entre la realidad y la percepción con humor, ironía y una estructura narrativa que se despliega como un juego de espejos.

Juan Pedro Somodi: El crítico, la cineasta y el juego de espejos en "La mariposa de Zhuangzi"
Juan Pedro Somodi
Juan Pedro Somodi
viernes 21 de febrero de 2025

Juan Pedro Somodi nació en Buenos Aires en 1988 y actualmente reside en Madrid. Su obra literaria abarca poesía, narrativa y guiones para la industria audiovisual. Publicó el poemario Crepúsculo Oriental (2015) y las novelas Enzo (Mansalva, 2022; Paripé Books, 2023) y La mariposa de Zhuangzi (Paripé Books, 2024), su trabajo más reciente.

En esta última novela, Somodi construye un relato que toma como punto de partida la célebre anécdota del filósofo Zhuangzi sobre el sueño de la mariposa, reformulándola en un contexto contemporáneo en el que el cine y la crítica cinematográfica se convierten en los ejes de una trama llena de giros inesperados. La historia comienza con la proyección de una película en un festival, sigue con el encuentro entre un crítico de cine y la directora del film y, a medida que avanza, se transforma en una compleja red de conspiraciones, espionaje y cuestionamientos sobre la naturaleza de la realidad.

En un charla con EscribiendoCine, Somodi reflexiona sobre el proceso de escritura de la novela, la relación entre el pensamiento taoísta y el cine, y el papel de la ironía en la exploración de los mecanismos de la industria audiovisual.

Tu novela parte de una anécdota filosófica clásica pero la traslada a un contexto contemporáneo, con el cine como eje central. ¿Cómo surgió la idea de conectar el pensamiento taoísta con el mundo de los festivales de cine y la crítica cinematográfica?
La idea surgió casi por accidente, inspirada por mi pareja, Chacha Huang, actriz china que ha participado en películas como Emanuelle (2024) y On the Go (2023). De alguna manera, ella sintetiza estos dos mundos. Pero la conexión con la crítica proviene directamente de la anécdota y la pregunta que se desprende de ella: ¿quién, a fin de cuentas, es el narrador, el soñador? La figura del crítico me resultaba ideal, ya que, si la cineasta traduce lo real en imágenes —o en perceptos, en el mejor de los casos, siguiendo a Deleuze—, el crítico toma esas imágenes y las traduce en palabras, en conceptos.

El protagonista de la novela es un crítico de cine, alguien acostumbrado a interpretar imágenes y discursos audiovisuales. ¿Cuánto de tu experiencia como guionista y escritor influyó en la construcción de este personaje y su forma de percibir la realidad?
Bastante. Cuando uno trabaja con palabras sabe lo limitado de su medio y los resultados a los que se llega estirándolo: a veces funcionan y otras no tanto, dando resultados torpes, graciosos, pedantes, no del todo comprensibles. Hay una gran cuota de ironía en este sentido, y se puede decir que autoinfligida. Pero también me es fácil proyectarme en La Maestro, la cineasta, la artista. Así que, sí: es un duelo interno.

La novela transita varios géneros: comienza con una reflexión sobre el cine, deriva en una historia de amor y luego en un policial con tintes de espionaje. ¿Cómo trabajaste la estructura narrativa para que estos cambios fueran orgánicos y no fragmentarios?
Algo que hago en general, y también en esta novela, es escribir hacia adelante. Aunque tenga claro el final, trato de no escribirlo antes, y si lo hago, lo reescribo según lo que me pide más como lector que como escritor. También hay cuidados puntuales, formas de preparar al lector. Por ejemplo, en La mariposa de Zhuangzi fui muy cuidadoso con el uso del diálogo: en los primeros capítulos casi no hay, y en los siguientes va apareciendo progresivamente hasta adoptar un formato que remite al guion de cine.

La industria del cine, sus festivales y dinámicas de producción aparecen en la novela con una mirada crítica y, al mismo tiempo, irónica. ¿Crees que la ficción permite abordar de una manera más efectiva ciertos aspectos opacos de este universo?
No sé si la palabra es efectiva, pero sí más cercana a muchos lectores. Lo que ayuda mucho, más allá de la ficción, es la ironía. Está presente en toda la novela, no sólo en relación con la industria del cine y la crítica, sino incluso con la seriedad del arte en general, o más bien, con la validez y sentido de esa seriedad. Esto responde al legado de Zhuangzi, que no por nada ha sido comparado con los cínicos griegos. Fue contemporáneo de Diógenes, y escribiendo me imaginé un encuentro entre ambos, con tinajas y calaveras, pero no llegó al libro.

Tu obra abarca distintos registros, desde la poesía hasta la narrativa y los guiones. ¿Cómo fue el proceso de escritura de La mariposa de Zhuangzi en relación con tus trabajos anteriores? ¿Hubo desafíos particulares al construir esta historia?
Fue un proceso muy divertido. En comparación con Enzo, mi novela anterior, en esta me divertí mucho más: no sólo por el desarrollo un poco descabellado de la trama, sino también porque uno de sus pegamentos es el humor. A veces desde la ironía, a veces desde la incomodidad, a veces con chistes más francos, un poco bestia incluso. Está siempre presente, y me reí mucho en el proceso.

Con La mariposa de Zhuangzi, Juan Pedro Somodi construye una novela que desafía la lógica lineal y juega con las fronteras entre la percepción y la realidad, entre el sueño y la vigilia, entre la imagen y la palabra. Un relato donde el cine, el amor y la intriga se entrelazan en una narración tan impredecible como las ideas de Zhuangzi, el filósofo que soñó que era una mariposa. O, tal vez, una mariposa que soñó que era un filósofo.

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