A 10 años de su estreno
“Relatos salvajes”: Germán De Silva y Osmar Núñez recuerdan “La propuesta”
Los actores integran el reparto de la aclamada película escrita y dirigida por Damián Szifrón, que volvió a la pantalla grande a diez años de su presentación.
Una reunión secreta a contrarreloj en una lujosa mansión. Allí, se define una estrategia que determinará el presente y el futuro, personal y/o profesional, de varias personas, entre ellas, del abogado de la familia habitante (Osmar Núñez) y del casero de la vivienda (Germán De Silva). Esto sucede en la historia “La propuesta”, perteneciente a Relatos salvajes (2014), el filme escrito y dirigido por Damián Szifrón. A diez años del debut de la película en la pantalla grande, y en el marco de su reestreno en salas, De Silva y Núñez recuerdan en EscribiendoCine sus experiencias en el rodaje y reflexionan sobre la conversión del largometraje en un fenómeno cinematográfico y social.
El caos se desencadena cuando Santiago (Santiago Linari), desesperado, arriba a la residencia familiar y despierta a sus padres, Mauricio (Oscar Martínez) y Helena (María Onetto) para notificarles lo sucedido: cometió un accidente vial trágico y huyó, por lo que en breve sería buscado por la policía. En este contexto, se hacen presentes en escena: el abogado de confianza de la familia, que intentará evitar que el muchacho vaya a la cárcel; el empleado de la casa, a quien se tratará de convencer para que se declare autor del hecho a cambio de una importante recompensa económica, y el fiscal del caso (Diego Velázquez), que buscará descubrir la verdad detrás del delito.
Cabe destacar que Relatos salvajes es la película argentina más taquillera en la historia del cine nacional, ya que fue vista en salas por 3.940.000 espectadores. Asimismo, fue ovacionada en el Festival de Cannes y estuvo nominada al Premio Oscar. Obtuvo importantes reconocimientos nacionales, como 8 Premios Platino y 10 Premios Sur, y decenas de internacionales, como el Premio Bafta y el Premio Goya.
Si viajamos hacia sus primeros contactos con el film, ¿cómo fueron sus llegadas?
Germán De Silva: Me contactó Javier Braier, que estaba en el casting de Relatos salvajes. Él ya me había hecho un casting muy particular para una película que yo hice en 2010, Las acacias. ¡Así llegué al proyecto!
Osmar Núñez: Me pasaron el guion, lo leí completo y me encantó, al igual que el personaje. Me parecieron muy buenas todas las historias, pero uno empieza a enamorarse de la que le toca. Cuando vi el libro, dije '¡Esta película va a ir al Óscar!'. Tuve el presentimiento. No así que iba a ir a Cannes, porque por ahí hay otros perfiles, así que me sorprendió, y se vendió más como pan caliente, ya que era un lugar de mucho intercambio y de posibilidad de venta para la película, le ha ido muy bien.
Por lo tanto, fue encontrarme con un material que me entretenía y gustaba mucho. Tuve fuentes de inspiración para hacer este personaje tan particular, que llegó en un momento preciso para canalizar otras cosas. Además, agradezco que me llamara Damián, quien siempre me pareció un excelente director, había visto sus películas y series. Fue copadísimo y un gran director de actores también, se ocupaba mucho del trabajo del actor, muy cuerpo a cuerpo. Y fue un muy lindo elenco, excelentes compañeros con los que la pasamos muy bien.
¿Cómo vivieron el rodaje? ¿Recuerdan alguna anécdota?
G.D.S: ¡Fue un placer! Uno es actor y quiere actuar, entonces, lo que más puedo destacar es que todos colaboramos para que el relato saliera redondo, además admiro profundamente a mis compañeros. Después, haber trabajado con Szifrón, que me parece una de las personas más talentosas, fue un gusto enorme.
Cuando leí el guion estaba casi seguro de que la película iba a ser una bomba. Según mi humilde opinión, Relatos salvajes tuvo tanta repercusión porque es como una pintura sobre los conflictos de nuestra sociedad, ¡es tremenda! Damián tiene un humor espectacular, pero “La propuesta” me parece que es la historia que tiene menos chiste, por decirlo de alguna manera, o sea, el humor está puesto sobre todo en mi personaje. Por ejemplo, en la escena en la que estamos reunidos en la sala, cuando mi personaje reclama un poquito más al tipo que lo está sobornando, porque se le acaba el negocio. Esa pincelada muy sutil de humor me pareció extraordinaria.
O.N: Fue sumamente entretenido, muy vital. Era una casa cerca del río en la que había mucha humedad y hacía mucho frío, pero casi no nos importó, y seguimos adelante a pesar de ciertos inconvenientes con la voz. Creo que “La propuesta” es un alegato, tiene drama, gran suspenso, una violencia familiar, también externa. Tratamos un tema muy delicado, con una muerte, y digo alegato porque realmente casi todos los días escuchamos sobre estos casos. Es un cuento muy oscuro de vínculos, hay algo muy fuerte en lo que sucede entre esos personajes encerrados en esa casa, y el espectador se da cuenta que va empeorando, es casi un callejón sin salida. Está el afuera, el qué dirán, el qué sabrán.
¿A qué atribuyen la trascendencia espacial y temporal del largometraje?
G.D.S: Las sociedades occidentales se encargaron muy bien de contaminarnos con una cultura que, más o menos, es común a todos. Por ejemplo, en el año 1977 yo me fui a vivir cinco años a Brasil, y estuve en Río de Janeiro. En esa época, por lo menos en esa ciudad, y en bastante de lo que recorrí en ese país, ya estaba totalmente contaminado por la cultura yankee. Y llegamos al punto de que en cualquier ciudad latinoamericana vas a comer lo mismo en la calle, vas a ver la misma serie, etcétera. Creo que antes había como un aire cultural de los pueblos. Y con esto no estoy diciendo que nos convirtieron en tarados, para nada, al contrario, yo creo que los pueblos siempre van a resistir.
O.N: Los relatos tienen más vigencia porque, lamentablemente, el mundo está absolutamente fuera de eje. Hay algo que nos está pasando, vivimos un momento de muchísima violencia permanente, aquí, en el exterior. Ahora, la película llega a lugares que, quizás, en aquel momento no lo pensábamos tanto. Es permanente la violencia verbal, física, social, política. No estamos siendo atendidos ni escuchados, es muy duro lo que estamos viviendo. Por otro lado, eso también genera una insatisfacción, una necesidad de ser vistos, escuchados, contenidos, y estamos juntándonos amigos, familia, dándonos un poco de atención y de amor para un momento tan difícil, donde no somos atendidos por los que nos deberían atender y están más arriba nuestro.
No es solo cine, es cine argentino. Como actores -y espectadores- de la industria audiovisual, en la actualidad, ¿qué valor le otorgan a la cinematografía nacional?
G.D.S: Yo soy un actor que tengo trabajo, milagrosamente, uno no sabe hasta cuándo, pero por ahora tengo. Voy a cumplir 71 años y toda la vida fue así, me parece que hoy peor todavía, tengo muy claro lo que propone el sistema como forma de vida y es insoportable, una sociedad no puede vivir bajo esos códigos. Nadie niega que venga, por ejemplo, Uber, pero que el sistema pretenda 'uberizar todo', es como que te tapan la boca. Y a nuestro cine le pusieron la pata encima, nos sacaron todo. Así que es una desgracia, no tengo idea cómo nos vamos a reponer de esto. Igual, veo que, de alguna manera, la rueda sigue girando. El dinero tapa mucha crítica. Es muy triste y tremendo lo que pasa, aunque hay mucha gente que hace fuerza para que no pase eso. Yo ahora estoy filmando un corto con unos amigos, con plata nuestra, a pulmón, no me van a dejar sin eso. Y lo grave no es que solamente nos cortan el hacer, sino, también, la difusión.
O.N: Nos están dando en el plexo, tocando un lugar muy vulnerable. Si hay algo en lo que se ha caracterizado el cine argentino, desde su producción artística, comercial y no comercial, es en tener profesionales de la hostia (directores, actores, técnicos). En este momento está tan poco atendido, con una forma tan despectiva, pero eso es a la sociedad toda creo, y es algo que tenemos que revisar y ver cómo se puede revertir. Nuestras películas son muy consideradas en el exterior, en los festivales, de una manera increíble, se venden y le dejan dinero al país. Entonces, siento que esa revolución cultural de la que hablan no es una revolución, es una destrucción. A la revolución la asocio con algo que puede llegar a ser positivo. Percibo que hay una necesidad de matar ciertos espacios tan neurálgicos, como son la cultura, la salud y la educación, pilares fundamentales de una sociedad.
Me preocupa mucho nuestro cine, porque nunca nos ha sucedido una cosa así. Ha habido menos, más, pero esto es una desatención absoluta, y no es culpa de un color político, también tienen que ver otros sectores que subestimaron que esto podía no suceder, y sectores que siguen apoyando. Es un momento desastroso, da pánico el día a día, cómo vas a pagar tus cuentas, de qué vas a trabajar. Yo siento que soy un privilegiado, y no soy un tipo rico, ni muchísimo menos. Soy un privilegiado porque tengo una edad donde pude ahorrar, más o menos, aunque no sé hasta cuándo me van a servir los ahorros. Esto es algo que nos está sucediendo como sociedad y que va más allá de los colores políticos. Hay que sentarse a repensar una sociedad un poco más justa, más honesta. Siento que hay una gran deshonestidad y muchas mezquindades en la clase política, es un momento de mucha pantalla, donde todos discuten y se reúnen a mostrar cuáles son sus diferencias, sin encontrar soluciones. Por lo tanto, es muy agotador para uno escuchar y ver eso.