Protagoniza el film de Rodrigo Guerrero
Beatriz Spelzini entre el dolor y la esperanza en “Salvajes”
La actriz argentina protagoniza junto al chileno Luis Gnecco “Salvajes” (2024), la nueva película de Rodrigo Guerrero (“Siete perros”), un thriller psicológico donde personifica a una madre en duelo por la muerte de su hijo que, ante un hecho traumático, encuentra la posibilidad de revivir el vínculo.
¿Cómo llegaste a la película, al proyecto?
Me llamó Rodrigo, pero bastante tiempo antes. Incluso te diría que fue antes de la pandemia. El proyecto no salía, no salía, no salía hasta que finalmente salió y me atrajo mucho trabajar con él. Había visto Siete perros (2021) y quería trabajar también con Luis Gnecco. La idea de la película también me atrajo mucho, aunque el resultado final no es exactamente lo que leí. Siempre hay escenas que se sacan.
¿Filmaron más?
Tal vez el director veía que se repetían algunas cosas. Y el color de la escena no se entramaba bien con el resto. A lo mejor habíamos hecho otra escena donde la emoción era mucho más fuerte y más descolocada. Y no iba con la pincelada de la totalidad.
¿Tuviste mucha preparación para el papel?
Cuando fui, ya fue directamente a filmar y tuvimos algunos encuentros previos para charlar, ensayo en el lugar y después nada más. Se hablaba de la escena y creo que, además, la elección del director de los actores ya dictamina lo que él quiere.
¿Cómo fue trabajar con Luis Gnecco?
Fantástico, Luis es un muy buen actor, un profesional excelente. Me encantaría volver a trabajar con él. No sé si los dos pensamos o llegamos a la actuación de la misma forma, no importa. En el momento de trabajar, a él le sirve lo que él hace, a mí me sirve la disciplina que yo he tenido con cierta formación. Estaba con él en la escena, estábamos para lo mismo.
Tu personaje es una persona que sufre una pérdida. ¿Cómo trabajaste ese aspecto del personaje?
Yo trataba de quedarme sola en el rodaje. Prefería que creyeran que era antipática, pero creo que no lo creyeron porque hay gente muy amable, tanto en Córdoba como en Mendoza. Me trataron muy bien. Pero no podía entrar en un clima de mucho jolgorio porque me sacaba de esa pérdida. Cuando observas a la gente que pierde a alguien así, un hijo en este caso, quedan como en una zona de no expresión. El dolor es tan grande que ya no hay expresión de eso.
Como que no pueden conectar del todo con la realidad.
Exacto, queda un vivir, un transcurrir, pero ya no importa si cada momento que vives es intenso. Y en la película después está ese hecho que hace que vuelva a tener ganas de vivir.
Claro, de una manera particular. ¿Cómo es tu relación con el género del thriller? Has participado en varias películas de este tipo, ¿cómo se dio eso?
Se dio de casualidad. Ahora que lo pienso, hice El gato desaparece (2011), Fragmentada (2023), y otra que todavía no se estrenó, que también tiene algo de policías e intriga. No fue buscado, simplemente se dio. Debe tener algo mi cara, como una tragedia oculta. (risas)
¿Y vos consumís este tipo de cine?
Me gustan cuando están bien hechas. Pero no soy una gran consumidora de cine. Me gusta mucho la filosofía, entonces me meto con videos de YouTube de diferentes filósofos. En esta etapa de mi vida, me gusta mucho eso.
¿Te gusta más trabajar en cine que en televisión o en teatro?
Sí, pero el teatro, que me gusta mucho, empieza a tener un cansancio extra después de 50 años de hacerlo. Disfruto ese otro cansancio que produce el cine, que es acotado. Es como un descubrimiento. Y además, cuando te toca ir a filmar afuera, como cuando tuve que ir a Israel, estás ahí con la cabeza en el trabajo. Cada país también te conmueve y te transforma.