Debut en el documental del prolífico director LGBTQI+

Marco Berger lleva al cine el carnaval de Gualeguaychú

“Mi premisa fue captar el universo heterosexual masculino que se libera en esa parte del año, y profundizar sobre eso”. dice en exclusiva a EscribiendoCine

Marco Berger lleva al cine el carnaval de Gualeguaychú
Marco Berger
Marco Berger
sábado 20 de marzo de 2021

La filmografía de Marco Berger incluye películas como Plan B (2009), Ausente (2011), Un rubio (2019) y la reciente El cazador (2020). Esta vez, el realizador audiovisual se sumerge por primera vez en el documental con Gualeguaychú: el país del carnaval (2021), que debuta en el marco del BAFICI. El film sigue a Vilmar y Franco (el Toro), quienes nacieron y viven en la ciudad de Gualeguaychú y, todos los veranos, desde su infancia, participan juntos de los carnavales populares de la ciudad. Se trata de una fiesta mágica que logra maquillar, invadir de colores y plumas a los masculinos cuerpos de la comunidad.

Si bien has transitado un largo camino en el cine, Gualeguaychú representa tu primer largometraje documental, ¿qué te motivó a ahondar en este tipo de producción?
En 2005 fui al Carnaval y me pareció muy interesante el universo, todo lo que tenía que ver con el homoerotismo, que es lo que yo trabajo, y con esto de los hombres heterosexuales que se ponen maquillaje, purpurina, plumas y salen a la pista, pensaba la contradicción sobre las masculinidades y ese universo tan femenino, por así decirlo. Eso fue el puntapié, que me quedó siempre dando vueltas y, en el 2015, decidí hacerlo, por lo que empezamos a buscar, recolectar y filmar material, hasta el 2020.

¿Qué nuevos desafíos hallaste en este tipo de filme a diferencia del mundo de la ficción en el que ya tenías vasta experiencia previa?
El desafío más importante fue lo que tiene que ver con el montaje. Yo soy el montajista de todas mis películas pero siempre me sostengo desde un guion, que casi siempre tiene la misma estructura de lo que yo escribí, por eso me es más fácil el trabajo. Obviamente tengo que manejar mucho los tiempos y a veces tuerzo escenas o cambio cosas de lugar para que funcione mejor la película. En este caso, es un proyecto absolutamente de montaje, donde teníamos 48 horas de material, por lo que fue un trabajo muy arduo y largo de edición.

En un pasaje del filme, el protagonista Vilmar Paiva expresa: “El carnaval es el centro de la vida de cualquier gualeguaychense” y que quizás hay “gente de otros lados donde no está el carnaval que no entienden esa pasión”. ¿Qué conocías y qué desconocías en torno a esta fiesta popular antes de la realización de la película?
Yo conocía porque tengo justamente un amigo de Gualeguaychú y sabía que el carnaval es el centro de la vida, pero también es el punto de vista de Vilmar, porque así como es el centro de la vida de muchas personas, hay muchas otras a las que no les gusta nada, lo odian y lo sienten como una presión, o lo soportan porque es una entrada económica muy fuerte en cuanto al turismo. Yo creo que sí hay gente que lo toma con una pasión muy fuerte, como si fuese un club de futbol, y ponen la vida alrededor del carnaval y, después, para otras personas pasa un poco desapercibido. Pero esta cosa de la pasión se entiende, porque si uno lo asocia con el futbol, comprende que las comparsas todos los años compiten por un premio para ganar, y eso se vuelve muy importante para la gente que participa, de hecho, hay personas que no se mezclan de comparsa y son fieles a la misma, por lo que nunca van a salir con un traje en otra.

En el largometraje hay un recorte de ese universo del carnaval, ya que se centra en la masculinidad puesta al servicio del espectáculo. ¿qué elementos y recursos tuviste en cuenta para profundizar en dicha premisa?
En realidad en cuanto al tema de hacer un recorte sobre los hombres me sentía autorizado por la filmografía que yo tengo. El carnaval está ahí, cualquier persona tiene el derecho a hacer un documental, entonces podría haber uno, diez o quince documentales sobre Gualeguaychú, pero este es mi documental, por eso lo centro más que nada en la masculinidad. Por ahí sí era más fácil siendo varones poder meternos en los vestuarios, en la intimidad de lo que tiene que ver con cómo se vive adentro de ese universo y en los grupos de amigos, pero, en realidad, mi premisa fue captar el universo heterosexual masculino que se libera en esa parte del año, y profundizar sobre eso.

Anteriormente habías colaborado en el montaje de la película Fulboy, de Martín Farina, que si bien se desarrolla en el ámbito del fútbol, tiene aristas en común con el abordaje de Gualeguaychú, ¿qué herramientas adquiridas en ese proyecto te ayudaron para el desarrollo de este filme?
En Fulboy había pasado que Martín tenía la película montada, yo la había visto y me parecía que no funcionaba la forma en que estaba montada, le di la vuelta, le encontré forma y una historia para contar, así como también metí mucho material que él por miedo había dejado afuera, que tenía que ver más que nada con los desnudos de los futbolistas. Lo que pasa es que siempre soy la misma persona, y soy montajista de mi trabajo desde cuando estudiaba e hice mi primer corto en el 2006, por lo que se trata de mucha experiencia. Gualeguaychú la monté en pandemia, entonces, toda mi experiencia de montaje de Fulboy y todas mis  pelis ayudó a que me pueda sentir más libre para trabajar en este film.

Por otro lado, en Gualeguaychú el documental tiene cruces con la ficción, ¿a qué se debió esta elección?
Sentíamos que tenía que haber una estructura, que terminó siendo esa quinta donde llega Gastón Re con la novia y se organiza todo para este porteño que quiere bailar en Gualeguaychú. En un momento, yo sentía que no podíamos darle una unidad a la película, entonces, si bien no armamos partes, porque era improvisación, sí les pedíamos que hablaran de determinados temas, o que improvisaran en torno a ciertos espacios, porque sentía que eso le iba a dar estructura y, de hecho, me sirvió un montón. Cuando armé el completo de la película, funcionó como una columna donde el relato se terminó sosteniendo bien, y desde ese lugar seguí mezclando todo el material.

Sobre tu futuro en el ámbito audiovisual, ¿estás trabajando en algún otro proyecto?
Si, por suerte estoy trabajando en un proyecto que escribí en pandemia. Es una película independiente que se llama Los agitadores y que filmaré en abril, si todo sale bien, así que cruzo los dedos. Después, más adelante, tengo una película grande con el INCAA que, también si todo sale bien, se filmaría en el 2022. Por último, tengo proyectos, cosas para filmar y nuevos documentales que por ahí se me ocurren empezar a trabajar.

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