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Pablo Agüero y las brujas de "Akelarre"

“Akelarre aporta su grano de arena escrutando las relaciones de poder y de manipulación a través de las cuales la inquisición ha forjado la sociedad contemporánea”, cuenta a EscribiendoCine.

Pablo Agüero y las brujas de "Akelarre"
Pablo Agüero
Pablo Agüero
lunes 08 de marzo de 2021

Recientemente  presentada en el Festival de San Sebastián y ganadora de cinco Premios Goya. Akelarre (2020) del argentino Pablo Agüero, explora de una manera única el universo de la España del 1600, donde mujeres eran acusadas de brujería y condenadas a muerte.

¿Cómo surge la idea de Akelarre?
En la biblioteca personal de un viejo masón francés descubrí  La bruja, de Michelet, un libro del siglo XIX que fue prohibido durante 50 años porque reivindica a la figura de la supuesta “bruja” como símbolo revolucionario. El espíritu subversivo de Michelet me dió la fuerza de luchar 10 años para concretar esta película. Investigando, encontré el « Retablo de los malos ángeles y demonios », publicado en 1610, donde el juez Pierre Rosteguy De Lancre cuenta él mismo su experiencia de caza de brujas en el país vasco. 

¿Cómo seleccionaste al elenco?
Vimos más de 900 candidatas bilingües castellano - euskera, muchas pasaron hasta cuatro pruebas, hasta formar el grupo de seis protagonistas. Luego fueron meses de entrenamiento en canto, danza y actuación. En el rol del juez, como en muchos otros aspectos de Akelarre, buscaba salir de los clichés de las películas de época. Por eso pensé en Àlex Brendemühl, un actor sutil y moderno, inclasificable, con una carrera vasta y ecléctica. 

¿Cómo es volver a trabajar con recurrentes en tu filmografía como Daniel Fanego?
Vuelvo a trabajar con Fanego por interés personal, porque es el mejor actor argentino.

¿Qué tan complicado fue el rodaje en euskera?
Mucho más de lo imaginable. Existen siete euskeras diferentes, que se hablan en 7 regiones. Cada una de las actrices hablaba un euskera diferente. Existe también un euskera unificado, creado en el siglo XX, y muchos dialectos, algunos para hablar en familia, otros solo entre varones o solo entre mujeres… Fue un trabajo inmenso de adaptación y de ensayos para encontrar el tono justo, que llegue a sonar natural. 

¿Cómo diseñaste la producción para la escena del "Sabbat"?
Quería lograr una combinación de claridad y confusión, de precisión y de espontaneidad. Por eso hubo una gran preparación, con una coreógrafa y cursos de canto, y una primera grabación de todas las pistas en estudio. Pero luego mezclamos playbacks con grabaciones en directo y las completamos con una segunda ronda de estudio, lo cual nos otorgó un material muy rico y complejo para la mezcla de sonido. Lo mismo hicimos con la imagen: tras haber preparado milimétricamente la coreografía y la iluminación, generamos caos e improvisación. En total hemos rodado más de 100 horas a dos cámaras, combinando un amplio abanico de ópticas.

En tus últimas producciones los climas y atmósferas, pero también la música y coreografías aportan un punto adicional al relato ¿Qué es lo que más te gusta desarrollar de todo el proceso?
Intento explorar al máximo la creación colectiva del cine, desarrollando como una obra en sí cada una de las áreas que lo componen. En Eva no duerme,  compusimos un rock combativo, inspirado en The Clash, sobre el cual hicimos “cantar” un discurso de Eva Perón. También combinamos violoncelo, guitarras eléctricas, Thereminvox y samplers de la voz de Evita para crear una textura sonora única. En Akelarre también hay esa clase de experimentación, con otros instrumentos exóticos, como el nickelharpa, utilización de sonidos animales, etc. Sería largo explicarlo todo, pero en cada área creamos un método y efectos específicos para cada película. Lo que más me gusta es que es posible mirar varias veces mis películas e ir descubriendo esos matices insospechados.

¿Qué creés que aporta el film al actual empoderamiento femenino recuperando un momento histórico en donde la Ley castigaba disidencias y comportamientos que para ellos eran inexplicables?
Me resultó muy difícil financiar la película porque muchos productores se preguntaban “en qué esta historia nos puede interesar hoy en día”. Y de pronto, cuando ya estaba por rodar, hubo una explosión mundial de movimientos feministas y una resurrección del símbolo de las brujas que volvieron casi obvio el propósito de Akelarre. Pero en el fondo, ese movimiento existe desde fines del siglo XIX. Akelarre aporta su grano de arena escrutando las relaciones de poder y de manipulación a través de las cuales la inquisición ha forjado la sociedad contemporánea. 

La película pasó por San Sebastián, cine, y finalmente se estrena en Argentina, ¿sensaciones?
Estrenada por ahora en un solo país, Akelarre tuvo ya un recorrido impresionante, ha sido nominada a todos los premios españoles, es una de las más nominadas a los Goya, recibió una casi totalidad de críticas positivas… pero lo que más me ha impresionado es el debate público que generó. Hay una percepción muy politizada, muy comprometida. Espero que también en Argentina suceda eso: que la película deje de ser mía y que sirva de bandera para otras luchas.

¿Estás trabajando en un nuevo proyecto? ¿La historia tendrá protagonismo en él?
Tuve una nueva revelación. Escribí junto a Nicolás Britos una película casi de acción, pero profundamente humana y política, sobre el momento más extremo de la vida de Juana Azurduy, esa mujer con cuatro hijos que luchó a punta de machete para liberar América.

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