Entrevista exclusiva
"Fjord": Mungiu, Reinsve y Stan hablan de migración y choque cultural
Cristian Mungiu, Renate Reinsve y Sebastian Stan conversan con EscribiendoCine sobre "Fjord", los conflictos de una familia migrante en Noruega y una puesta en escena que busca dejar el juicio en manos del espectador.
En el marco del 41° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde Fjord (2026) se presenta en la sección Ganadoras de grandes festivales, Cristian Mungiu, Renate Reinsve y Sebastian Stan analizan los ejes de este film que reflexiona sobre la migración, el choque cultural en Escandinavia y un rodaje despojado de manipulaciones emocionales.
Cristian Mungiu regresa a la pantalla con Fjord, un largometraje que examina la colisión entre los valores de una familia conservadora proveniente de Europa del Este y las dinámicas sociales de una comunidad noruega contemporánea. La producción detalla el proceso de asimilación y los malentendidos que aparecen cuando los códigos culturales de los migrantes se confrontan con los estándares de un Estado liberal y progresista. Su relato elude las resoluciones definitivas para concentrarse en la observación realista de los dilemas de sus personajes.
Para profundizar en los pormenores de esta obra, EscribiendoCine participó de una conferencia de prensa internacional en la que Cristian Mungiu expuso las motivaciones geopolíticas y sociológicas de la trama. Asimismo, el medio mantuvo un encuentro directo y exclusivo con los actores Renate Reinsve y Sebastian Stan, quienes detallaron el proceso de investigación en el terreno, las dinámicas de la interpretación naturalista y las exigencias técnicas del realizador rumano.
Cristian, tengo curiosidad por saber si esta historia, tal como la has contado, podría haberse ambientado en Rumania. Si no es así, ¿qué elementos culturales específicos hacen que este drama se adapte de forma tan única a una historia que transcurre en Noruega?
Cristian Mungiu: Bueno, no creo que pudiera haberse ambientado en Rumania. Ya hubo una historia ambientada en Rumania que conté en mi película anterior, R.M.N. (2022), que aborda este tema tan importante para mí. Intento investigar un poco la relación entre la mayoría y el individuo. Tras contar la historia de una mayoría muy conservadora que no es realmente capaz de integrar bien a las minorías, pensé que en Fjord podía cambiar este paradigma. Quería hablar sobre cómo cambian las cosas cuando te mudas a un país que es muy liberal, progresista y moderno, y de repente la minoría pasa a ser la conservadora.
Me parece interesante ver estas dos películas como un par, porque en realidad ambas no hablan solo de Rumania y Noruega, sino de nuestra sociedad actual y de este mundo tan polarizado en el que vivimos. Para mí era importante mantener la historia en Noruega, no solo porque ocurrió allí, sino porque de alguna manera, para todos nosotros en Europa y en las sociedades occidentales en general, los países escandinavos tienen el estereotipo positivo de ser de las sociedades más educadas, liberales y progresistas.
El conflicto era más fácil de describir si se ubicaba allí. No es casualidad que la mayoría de estos conflictos —que surgen entre familias que provienen de países muy conservadores y los valores locales que son tan distintos— ocurran en Escandinavia. La gente suele tener la idea de que todos vivimos en el mismo siglo, pero en realidad es útil imaginar que cuando una familia se muda a los países nórdicos desde territorios que se encuentran en un momento histórico diferente, sus valores corresponden a lo que era válido allí hace 50 o 100 años.
Es necesario pensar en estas personas con ese tipo de empatía. Ellos no han pasado los últimos 100 años con el mismo nivel de riqueza y educación; por lo tanto, no es justo exigirles que se comporten de inmediato de la misma manera y compartan los valores de esta visión progresista del mundo, ya que estos son el resultado de un largo proceso para llegar hasta ahí. Esto no es algo que se borre de la noche a la mañana por el simple deseo de que la gente progrese instantáneamente; hay que ser conscientes de que es un proceso. Por eso, tras una larga investigación de campo y de ficcionalizar mucho la historia —pero basándome principalmente en los detalles que encontré durante la investigación—, decidí que la historia tenía un enfoque muy claro al mantenerla ambientada allí. Espero que la gente entienda que también habla sobre Argentina, Estados Unidos, Francia, Italia y sobre la sociedad occidental en general.
Como críticos de cine, percibimos al nuevo cine rumano como algo muy preciso en términos formales. Desde esta perspectiva, ¿cómo ha sido trabajar con Cristian?
Renate Reinsve: Fue realmente diferente a todo lo que había experimentado antes de trabajar con Cristian. Él tiene opiniones muy firmes y un oficio muy definido en cuanto a su forma de trabajar. Y una de las primeras cosas de las que me empezó a hablar fue de no manipular en absoluto a la audiencia. Creo que, como actor, uno está un poco acostumbrado a guiar su emoción hacia algo, hacia un punto de vista o una emoción en el público para, en el buen sentido, manipular la historia en la dirección que deseas o para que sea emotiva, pero aquí todo estaba realmente despojado. Nunca había interpretado a alguien tan silencioso y contenido, y fue muy diferente. Además, sabés que todo se filma con un lente gran angular, que estás lejos y que es como si te asomaras a la vida de estas personas, intentando mantener la mayor objetividad posible; fue una experiencia increíble trabajar de esa manera.
Sebastian Stan: Sí, quiero decir que siempre me fascinó el cine rumano, pero también su forma de hacer cine en lo que respecta a lo naturalista y realista que es con la vida. Simplemente nunca había trabajado con nadie que explorara las películas de esa forma, con ese tipo de actuación, la disposición tan precisa de las escenas y esta idea que considero que integra al público para que sea inteligente, tome sus propias decisiones y forme parte de la película en ese aspecto. No tenemos que esforzarnos por venderte ciertas cosas, ¿verdad? Al igual que en la vida, tenés que tomar decisiones sobre las personas que conocés. No sabés qué pasa en sus hogares, no los ves en su peor o mejor momento todo el tiempo; ves lo que te muestran. Y creo que hay algo en eso que es muy importante para el cine.
Me encantan las obras de Henrik Ibsen y esta película me recuerda a su trabajo a la hora de explorar dilemas, y me agrada que esta película no ofrezca respuestas definitivas. Por eso, me gustaría saber cómo lograron aportar tanta autenticidad a sus personajes.
Renate Reinsve: En realidad fue una cuestión de respetar el estilo de vida del personaje; especialmente para mí, al interpretar a alguien que vivía una vida tan diferente a la mía, traté de ser muy minuciosa y específica sobre la forma en que ella se relacionaba con Dios y con su familia. Hablé con muchas personas de distintas religiones, conversé con mucha gente diferente sobre su relación con Dios e intenté construir el personaje a partir de lo que escuchaba, pero también de lo que sentía correcto y verdadero para mí en lo que consideraba que era esta mujer. Ese fue el punto de partida, y luego, como las escenas están tan bien escritas, todo va evolucionando. Dado que Cristian hace tantas tomas porque realmente construye los malentendidos —que siento que es su poesía en la película, la forma en que construye los detalles dentro del encuadre—, tuvimos muchas oportunidades para probar cosas distintas y explorar al personaje.
Sebastian Stan: Sí, bueno, creo que con cualquier proyecto tenés que investigar mucho para intentar descifrar cómo llegaron al lugar en el que los vemos en la película. Creo que fue muy informativo, obviamente, el hecho de que ya nos conociéramos y hubiéramos trabajado juntos antes, pero también que tuviéramos un poco de tiempo en Rumania para hablar sobre dónde comenzó su relación, porque allí fue donde se conocieron. También sirvió para mostrarle un poco el país a Renate y para que fuéramos a visitar algunos servicios pentecostales para comprender este sistema de creencias que compartían. Y sí, al final, es una entrega total al personaje y al guion; lo hacés sin juzgar e intentás tener empatía e interés por estas personas.