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Crítica de "Lo Noy": Fernando Noy y el archivo vivo del under argentino

"Lo Noy", documental de Mario Varela, reconstruye la figura de Fernando Noy desde la memoria oral, el archivo cultural y la deriva urbana porteña.

Crítica de "Lo Noy": Fernando Noy y el archivo vivo del under argentino
miércoles 13 de mayo de 2026

Lo Noy (2026), dirigido por Mario Varela, sigue a Fernando Noy en un recorrido por calles, bares y espacios atravesados por distintas capas de la cultura argentina. Desde sus primeras escenas, el documental evita el formato biográfico tradicional y construye el relato a partir de desplazamientos urbanos, recuerdos dispersos y asociaciones que aparecen de manera casi espontánea. Mientras la cámara acompaña a Noy por la ciudad, emergen figuras como Alejandra Pizarnik, Batato Barea, Tanguito o Pedro Lemebel, ya no como nombres ligados al pasado sino como presencias que todavía resuenan sobre el presente cultural.

Lejos de la estructura clásica del documental testimonial, Mario Varela prescinde de entrevistas ordenadas o explicaciones destinadas a organizar los hechos cronológicamente. En cambio, el montaje articula fotografías, registros de archivo, lecturas y escenas actuales que se superponen como fragmentos de una memoria en constante reconstrucción. Esa lógica fragmentaria dialoga directamente con la figura de Noy, alguien cuya trayectoria siempre estuvo ligada al cruce entre poesía, noche, performance y contracultura.

En ese entramado, Buenos Aires ocupa un lugar central. La ciudad no funciona solamente como escenario, sino como una superficie donde permanecen rastros del under porteño, de la disidencia sexual y de las experiencias artísticas surgidas entre la dictadura y la posdictadura. Calles, recitales y encuentros aparecen como huellas materiales de una memoria colectiva que el documental reactiva desde el presente. A partir de ese recorrido, Lo Noy construye una genealogía paralela de la cultura argentina, más cercana a las redes afectivas y a los márgenes que a los relatos institucionales.

Otro de los ejes del film pasa por la oralidad. La voz de Fernando Noy sostiene el relato desde una primera persona que mezcla recuerdo, reflexión y puesta en escena. Más que comprobar la veracidad de cada anécdota, la película se concentra en la forma en que esas historias son narradas. Allí, cada episodio adquiere la intensidad de una performance, desplazando el documental hacia un territorio donde memoria y representación conviven de manera permanente.

Más que definir quién fue Fernando Noy, la película observa cómo ciertas experiencias culturales continúan circulando dentro del presente argentino. Entre archivos, recorridos urbanos y relatos personales, el documental encuentra su núcleo en la tensión entre pasado y presente, entre memoria íntima y construcción colectiva. En lugar de cerrar a Noy dentro de una biografía concluyente, Mario Varela lo deja suspendido en movimiento, como parte de una cultura que todavía sigue buscando sus propias formas de narrarse.

7.0
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