La música que recorre las problemáticas de la educación

Mauricio Albornoz y Ramiro Lezcano hablan sobre “Una canción para mi tierra”.

Un documental atravesado por la música que recorre las problemáticas de la educación en la ruralidad y pone en debate el peligro del uso de agroquímicos en el campo desde la mirada de las infancias.

Mauricio Albornoz y Ramiro Lezcano hablan sobre “Una canción para mi tierra”.
miércoles 29 de abril de 2026

Una canción para mi tierra es una producción que nació entre crayones, guardapolvos y pies embarrados de jugar a la pelota. La historia surge en el corazón de una escuela rural en Córdoba como un proyecto para acercar la música a las infancias y llega a la pantalla grande dirigida por Mauricio Albornoz Iniesta, quien también se desempeña como productor y docente. La producción de Cactus Cine tendrá su estreno comercial el 30 de abril de 2026 en el cine Gaumont. “A veces estos temas suelen ser duros, pero desde la mirada de los chicos es diferente: ellos tienen angustias, pero también humor, alegría, otra forma de ver el mundo. Siempre digo que hay que escucharlos, porque son el presente”, señaló Iniesta.

Entre acordes, risas y juegos, la película sigue a Ramiro Lezcano, un docente de música que decidió involucrarse en el día a día de la educación y allí detectó una problemática urgente. Dolores de cabeza, tos y el desarrollo de enfermedades aparecían como señales visibles de una realidad: la presencia de agroquímicos cerca de las aulas. Un escenario naturalizado que se volvía difícil de enfrentar frente al peso de los sectores productivos del agro.

En ese contexto, Lezcano encontró en el arte una forma de respuesta. Su iniciativa trascendió el ámbito escolar y se transformó en un proyecto de mayor alcance con la idea de organizar un “Woodstock ambiental” que amplificara el mensaje. Así enmarcó la creación de “Canciones Urgentes para mí tierra” con la participación de figuras como León Gieco, Lito Vitale, Gustavo “Chizzo” Nápoli y más de 600 artistas de distintas partes del mundo. La música que comenzó en las aulas se convirtió en un concierto y, al mismo tiempo, en una película. “Es una marca que va a quedar para siempre en los chicos: entender que sus voces importan y que los sueños se pueden cumplir o no, pero que el camino hacia ellos nos dignifica”, expresó Lezcano.

Tras su paso por festivales internacionales, el documental obtuvo premios y reconocimientos. “Meternos en esa lógica de los chicos nos hizo aprender que algunos sueños son posibles, pero hay que intentarlos. Ellos decían ‘hagamos un concierto’ y nosotros, como adultos, tratamos de acompañar algo que parecía imposible sin tener los recursos”, concluyó Iniesta.

¿Cómo continuó la relación con los chicos desde el concierto en adelante?
Mauricio Iniesta: Nosotros los seguimos viendo periódicamente. Pasa que filmamos durante dos años y medio, yendo una o dos veces por mes a seguir este proceso. Entonces una vez que terminó el concierto, de alguna manera, ya habíamos quedado completamente amigos, tanto de las docentes como de los chicos, por eso seguimos en contacto con ellos. 

¿Siguen vigentes las clases en las escuelas? 
MA: Si, es más, ahora el proyecto se amplió y no es solo musical sino que también incursionamos en lo cinematográfico. Empezamos a dar talleres de cine en estas escuelas rurales y ahora además de canciones hacen cortometrajes. Este es el tercer año y están por el tercer corto ya, los vemos a razón de una vez por mes. 

¿Qué significan estos proyectos para su identidad
MA: Creo que es maravilloso lo que sucede, porque ellos empiezan a internalizar que efectivamente su voz vale y que pueden hacer muchas cosas increíbles, tanto musicales cómo audiovisuales. Están en un auge creativo increíble. Nosotros lo vemos con los talleres de cine: cómo inventan, cómo vienen con ideas, filman, les damos las herramientas y hacen planos re locos. Así que me parece que se abrió -a través de las canciones- un lugar de exploración artística que los lleva a nadar en un montón de otros lenguajes.

¿Tuvieron apoyo por parte de cultura? 
Ramiro Lezcano: En Córdoba el proyecto se declaró de interés educativo y, a la hora del concierto -más allá de las idas y venidas- también hubo una apuesta, por lo menos del Estado a nivel municipal, de darle cabida a estas voces, de demostrar la importancia de que se escuchen. Igual sigue siendo un proyecto totalmente independiente, no contamos con auspiciantes, más allá de estas ayudas puntuales en la logística. Es un proyecto sin fines de lucro, donde el material musical, los discos físicos, no se venden: se regalan a las escuelas. Los cortos que hacen los alumnos también están disponibles para que todo el mundo los pueda ver. Así que seguimos en este plan de ser independientes para poder hablar con total libertad de las temáticas que consideramos urgentes.

¿Es una posibilidad presentar el proyecto en Buenos Aires? 
MA: Yo creo que sí, es algo que siempre está latente. Igual, con los alumnos, además de vivir ese concierto, hemos tenido momentos muy mágicos. La Renga nos invitó a cantar al Estadio Kempes, donde estaban los alumnos con los guardapolvos blancos y 40.000 personas saltando y cantando. Con Tan Biónica nos pasó lo mismo, con Divididos, con Estelares. 

¿Se esperaban el reconocimiento de estos grandes artistas? 
MA: Ninguno de nosotros dimensionó lo que iba a ser, a dónde íbamos a llegar con esto. Es hermoso que otras bandas, otros artistas, encuentren en estos alumnos un elenco artístico que también engalana sus conciertos. Eso habla de la generosidad inmensa de artistas como León y otros que les dan un espacio especial a este grupo.
RL: Es increíble en lo que se convirtió, un proyecto de aula que termina siendo una película que abre un debate sobre una problemática real y permite que sea tema de conversación, eso es muy importante. Claramente no podemos arreglar el problema porque eso es parte de un sistema productivo general, pero es una punta de diálogo que escucha a las voces de las familias y tiene visibilidad gracias al apoyo de músicos maravillosos.

¿Y cómo lo viven las familias de estos jóvenes artistas? 
MA: Las madres son quienes más vínculo tenían con el proyecto. Los padres de este ámbito en general están todo el día trabajando, entonces quedan un poco fuera del aspecto educativo. Cuando recién empezamos con las clases de música no paraban de decirnos lo felices que llegaban los chicos a su casa y ahora pasa lo mismo con las clases de cine. Pero creo que ninguno dimensionaba, ni siquiera nosotros, que ese proyecto que empezó cómo una idea en un aula iba a terminar en un concierto multitudinario donde los chicos eran los protagonistas.

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