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Crítica de "Los justos": un thriller de jurado que plantea el dilema pero evita sus consecuencias
La ópera prima de Jorge A. Lara y Fer Pérez llega tras su paso por el Festival de Málaga con una premisa directa y un elenco sólido. La película construye un conflicto ético atractivo, pero el desarrollo reduce su alcance y deja la tensión en un terreno previsible.
La película española Los justos (2026), de Jorge A. Lara y Fer Pérez, desembarca en salas con el antecedente de su presentación en el Festival de Málaga. Se trata de la primera incursión en la dirección de dos guionistas formados en la comedia televisiva, y esa procedencia se filtra en el tono: una narración que busca desplazarse hacia el drama moral sin desprenderse del todo de mecanismos más livianos.
El punto de partida remite de forma explícita a Doce hombres en pugna, aunque aquí la perspectiva se invierte. Donde el clásico de Sidney Lumet proponía un debate sostenido por la convicción ética, Los justos sitúa a sus personajes en un contexto atravesado por la precariedad y el desgaste. Un jurado popular recibe una oferta concreta: un millón de euros a cambio de un veredicto absolutorio para un empresario acusado de corrupción. La idea instala de inmediato una tensión que, en teoría, debería expandirse hacia un conflicto moral complejo.
En ese primer tramo, la película encuentra su mayor eficacia. El elenco sostiene el ritmo y dota de verosimilitud a los intercambios. Vito Sanz, Carmen Machi, Pilar Castro y Marcelo Subiotto trabajan sobre diálogos que combinan ironía y tensión, permitiendo que los personajes se muevan entre el estereotipo y una construcción más concreta. La dinámica coral funciona como motor narrativo y evita que el dispositivo se estanque de inmediato.
Sin embargo, una vez planteado el dilema, la película no logra escalar. La premisa, expuesta con una imagen inicial que subraya su sentido literal, no encuentra un desarrollo acorde. El guion evita ciertos desvíos previsibles, pero también se aparta de cualquier incomodidad real. La pregunta central queda formulada, aunque no se somete a prueba: la posibilidad de aceptar o rechazar el dinero se resuelve en términos que no terminan de convencer ni a los personajes ni al espectador.
A medida que avanza, la tensión se diluye. Personajes que podrían haber complejizado el conflicto quedan relegados, como ocurre con Bruna Cusí, cuya presencia no alcanza a desplegarse. El relato adopta un rumbo previsible y la construcción dramática pierde densidad. La intención de reflejar una ética condicionada por la crisis económica aparece, pero no se profundiza; queda reducida a una capa superficial que no altera el curso de la historia.
En ese sentido, Los justos se sostiene como un ejercicio correcto en su planteo inicial y en su desempeño actoral, pero limitado en su resolución. La película propone un enfrentamiento moral que no se concreta y opta por un recorrido más seguro. El resultado es una experiencia que funciona en lo inmediato, aunque deja la sensación de una exploración incompleta.