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Crítica de "Liberté": Albert Serra entre libertinos y libertinaje

En "Liberté", Albert Serra construye una experiencia cinematográfica centrada en el universo de los libertinos del siglo XVIII. A través de una puesta en escena basada en la observación y la duración, la película explora el deseo, la transgresión y los límites de la libertad, alejándose de las formas narrativas tradicionales para proponer una inmersión sensorial poco frecuente en el cine contemporáneo.

Crítica de "Liberté": Albert Serra entre libertinos y libertinaje
martes 16 de junio de 2026

La búsqueda del placer por cualquier medio y la forma en que esa experiencia es llevada a la pantalla constituyen uno de los principales logros de Liberté (2019), del director catalán Albert Serra, presentada en el 72.º Festival de Cannes. Quizás porque el cine contemporáneo ha acostumbrado al espectador a relatos sostenidos por una lógica estricta de causa y efecto —una tendencia reforzada por el auge de las series—, la obra de Serra suele generar resistencia. Sin embargo, Liberté se inscribe precisamente en el territorio opuesto: el de una experiencia cinematográfica que privilegia la observación, la duración y la inmersión antes que la progresión narrativa convencional.

A lo largo de más de dos horas, la película acerca al espectador a un universo que trasciende la representación de una orgía. Lo que Serra propone es una inmersión en el mundo de los libertinos, una experiencia sensorial que remite inevitablemente al pensamiento del Marqués de Sade. Pocas veces el cine ha explorado ese imaginario con semejante grado de cercanía, construyendo una puesta en escena que busca registrar cuerpos, deseos y prácticas sin intermediaciones dramáticas ni juicios morales.

La acción transcurre en 1774, en un bosque situado entre Potsdam y Berlín. Allí, un grupo de libertinos expulsados por el puritanismo de Luis XVI intenta obtener el favor del duque de Walchen para extender sus prácticas más allá de las fronteras impuestas por el poder. Esa premisa funciona apenas como punto de partida. Más que desarrollar un conflicto, Serra explora una filosofía basada en la negación de los límites morales, las jerarquías y las formas tradicionales de autoridad. En ese gesto reside la singularidad de una película que encuentra en la observación del deseo una forma de reflexión sobre la libertad.

10.0
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