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Crítica de "Tierra de Dios": una historia de amor gay lejos de los clichés

"Tierra de Dios" explora el encuentro entre dos hombres en una granja de Yorkshire y construye un relato visceral sobre afectos, migración y pertenencia.

Crítica de "Tierra de Dios": una historia de amor gay lejos de los clichés
lunes 15 de junio de 2026

Tierra de Dios (God's Own Country, 2017), ópera prima de Francis Lee, transcurre en una granja de Yorkshire y sigue a Johnny Saxby (Josh O'Connor), un joven que dedica sus días al trabajo rural mientras intenta escapar de una rutina marcada por el cansancio, el alcohol y encuentros sexuales sin compromiso. La llegada de Gheorghe (Alec Secareanu), un joven rumano contratado para ayudar durante la temporada, introduce una ruptura en ese mundo cerrado sobre sí mismo. A partir de ese encuentro, la película acompaña el lento cambio de un personaje acostumbrado a mantenerse a distancia de los demás.

Lee evita los grandes discursos y construye la relación entre los protagonistas a partir de acciones concretas. El vínculo se desarrolla mientras trabajan, reparan cercos, atienden a los animales o atraviesan jornadas enteras en el campo. La película encuentra allí su principal recurso narrativo: mostrar cómo la intimidad surge de la convivencia y del trabajo compartido antes que de las palabras. Por eso los silencios ocupan un lugar tan importante como los diálogos.

La puesta en escena refuerza esa búsqueda. La cámara permanece cerca de los cuerpos, registra el desgaste físico de las tareas rurales y convierte al paisaje en una presencia constante. El barro, la lluvia, el viento y el frío no funcionan como elementos decorativos sino como parte de las condiciones materiales en las que viven los personajes. En ese contexto, cada gesto de cuidado adquiere un peso particular y revela algo que Johnny rara vez expresa de manera directa.

Sin convertirlos en el centro del relato, la película también incorpora otras tensiones. Gheorghe debe enfrentar comentarios hostiles por su condición de inmigrante, mientras que Johnny mantiene una relación difícil con su padre, enfermo y cada vez más dependiente. Ambos conflictos aparecen integrados a la historia sin desviar la atención del núcleo dramático, pero ayudan a comprender las presiones que condicionan la vida de los personajes.

Más que una historia sobre la aceptación de la propia sexualidad, Tierra de Dios es una película sobre la dificultad de establecer vínculos cuando toda la vida ha transcurrido bajo la lógica del aislamiento. Francis Lee toma una trama conocida y la aborda desde una observación atenta de los cuerpos, los espacios y los pequeños cambios que transforman una existencia. El resultado es un drama que encuentra su fuerza en los detalles y en la manera en que convierte una historia íntima en algo profundamente tangible.

8.0
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