Salas
Crítica de “Toy Story 5”: Los vínculos de amistad en tiempos de pantallas
Siete años después de su última aventura, Woody, Buzz Lightyear y Jessie protagonizan un divertido e interesante enfrentamiento entre la tecnología y lo analógico, mientras buscan su lugar en una nueva generación.
Después de los eventos de Toy Story 4 (2019), Jessie (Joan Cusack) quedó como líder del cuarto de Bonnie (Scarlett Spears), con Buzz (Tim Allen) como su mano derecha. Todo cambia cuando a Bonnie le regalan a Lilypad (Greta Lee), una tablet interactiva que comienza a reemplazar a los juguetes tradicionales en su vida. Ante esta amenaza, Woody (Tom Hanks) regresa y, junto a Buzz, Jessie y el resto de los juguetes, debe enfrentarse a la tecnología, que pone en riesgo su lugar en el mundo del juego.
La cuarta película de Toy Story, estrenada en 2019, se aprovechaba de la fiebre nostálgica de aquel momento, con una aventura que apelaba únicamente a la nostalgia fácil mientras prometía ser el gran final de la saga al mostrar cómo Woody abandonaba a su grupo. Toy Story 5 (2026) continúa los hechos de aquella película, pero con una problemática clara: la tecnología reemplazando a lo analógico y la lucha de sus protagonistas contra el abandono, mientras Jessie revive viejos traumas.
Para ello, el film se apoya en la estructura y los conceptos planteados por Toy Story 2 (1999) —película que mostraba el enfrentamiento entre los juguetes coleccionables y los juguetes destinados al juego— para desarrollar este nuevo conflicto de una manera similar y con la misma esencia de siempre. Lo hace con humor genuino, personajes entrañables y un tono que parece inofensivo, pero que en su interior esconde cierta tristeza al tratarse de una historia sobre el abandono, en la que los juguetes protagonistas deben adaptarse a los tiempos que corren y convivir con la tecnología.
La película presenta dos puntos de vista respecto de la tecnología y sus problemas. Por un lado, muestra dispositivos electrónicos que parecen inútiles, pero que en determinados momentos encuentran una utilidad concreta, siendo los responsables de ayudar a Jessie a reconectar con Bonnie. Por otro, presenta aparatos de entretenimiento como Lilypad, que ciegan a quienes los utilizan y no les permiten ver la realidad, generando comportamientos más propios de un adolescente que de un niño. De todos modos, Lilypad encuentra su momento de redención al demostrar que siente un cariño genuino por Bonnie, llegando incluso a sentirse culpable por haberla alejado de sus juguetes.
Además de hablar sobre los peligros de acceder a la tecnología desde una edad muy temprana, el film retoma el trauma de abandono que Jessie dejó entrever en la segunda entrega. Aquí, la aventura que atraviesa la conduce hasta la casa donde vivió con su primera dueña, por lo que sus heridas emocionales vuelven a abrirse. A partir de allí, la película funciona como una especie de catarsis para esta vaquera, quien aprende que crecer es parte de la vida.
Toy Story 5 se presenta como una película muy diferente a su predecesora, donde el conflicto de los personajes resulta honesto y la nostalgia no apunta hacia el espectador, sino hacia los propios protagonistas y la sensación de que nada vuelve a ser como antes. Aquí la historia reduce su escala y se concentra en cerrar el arco de Jessie y explorar en detalle sus traumas, dejando a Woody, Buzz Lightyear y compañía en un segundo plano para utilizarlos principalmente como alivio cómico.
Una propuesta divertida, con momentos emotivos y una esencia que permanece intacta. Además, contiene una mirada muy interesante sobre los vínculos en tiempos de pantallas, dejando varias enseñanzas sobre el valor de las amistades reales.