Teatro Broadway
Crítica de "Annie, el musical": un clásico que vuelve con una puesta de gran escala
"Annie, el musical" regresa con una versión argentina que retoma su historia original y la sostiene desde el elenco y una puesta de gran escala que acerca el clásico al presente.
Desde su estreno en Broadway en 1977, Annie, el musical circula como un relato que el público reconoce sin esfuerzo y que el cine, con la versión dirigida por John Huston, ayudó a fijar en la memoria colectiva. Esa historia vuelve a la escena argentina sin cambios en su base: una niña huérfana que sobrevive en un orfanato de Nueva York durante la Gran Depresión y que, casi por azar, termina pasando unos días en la casa del millonario Oliver Warbucks. Lo que empieza como una operación de cambio de imagen se transforma, de manera progresiva, en un vínculo que modifica la rutina de ambos.
La obra avanza sobre ese encuentro con una lógica directa. Annie llega a un mundo que no le pertenece y, sin proponérselo, lo desarma. Warbucks, más acostumbrado a los números que a los vínculos, empieza a correrse de su propio esquema, mientras Grace, la fiel asistente, sostiene ese puente entre dos realidades que parecen no tocarse.
La puesta de Mariano Demaría acompaña ese recorrido sin imponerse sobre él. Las escenas se encadenan con fluidez, sin pausas visibles, y la tecnología aparece al servicio de ese movimiento. Las proyecciones y la iluminación construyen una Nueva York reconocible, más sugerida que reconstruida, que permite que la acción no se detenga. Todo está pensado para que el relato avance sin interrupciones.
En ese marco, el peso recae en el elenco. Lizy Tagliani compone a Miss Hannigan desde un registro que encuentra ritmo en la interacción con las niñas, mientras Miguel Ángel Rodríguez construye el recorrido de Warbucks hacia una cercanía que no le es propia. Julieta Nair Calvo, con una impronta sólida y afinada, articula ese vínculo desde Grace, y las intérpretes de Annie —Emma García Torrecilla, Paloma Leila Coso Ferro y Loana Muriel Martínez— sostienen la escena con una presencia constante que estructura el espectáculo.
La clave de esta versión está en sostener lo que ya funciona. Se apoya en una historia probada, en un elenco que mantiene el ritmo y en una puesta que ordena el relato con claridad. Desde ahí, introduce recursos que buscan sorprender sin alterar la estructura. En ese equilibrio encuentra su forma de llegar al público: una puesta de gran escala que proyecta el clásico hacia el presente sin perder su pulso original.