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Crítica de "Corazones jóvenes": una historia mínima para un momento decisivo

El belga Anthony Schatteman aborda el despertar afectivo gay en la adolescencia sin respuestas cerradas, con foco en el proceso interno del protagonista.

Crítica de "Corazones jóvenes": una historia mínima para un momento decisivo
martes 27 de enero de 2026

Corazones jóvenes (Young Hearts, 2024) propone un acercamiento al cine de iniciación que se desmarca de los recorridos más transitados del género. El belga Anthony Schatteman elige narrar el despertar afectivo sin apoyarse en el conflicto externo ni en la confrontación social. Elias, un chico de 13 años que vive en un pequeño pueblo, comienza a percibir que algo se desacomoda en su mundo cotidiano. La llegada de Alexander, un vecino de su misma edad, no introduce un problema concreto, sino una inquietud que el relato acompaña sin apresurarse a definir.

El film construye su núcleo dramático desde la experiencia interna del protagonista. No hay rechazo explícito ni obstáculos impuestos desde el entorno; lo que aparece es la dificultad de interpretar un sentimiento que todavía no tiene nombre. En ese sentido, Corazones jóvenes trabaja con una idea precisa: el amor no irrumpe como certeza, sino como pregunta. Elias no debe enfrentar una amenaza social, sino atravesar un proceso de reconocimiento personal marcado por la ausencia de referencias claras.

Las figuras adultas funcionan como contrapuntos más que como guías. Luk, el padre, atraviesa su propio momento de afirmación a partir de un éxito tardío como cantante y parece sostener una idea del primer amor ya cristalizada, casi como una consigna. Esa distancia entre lo que se enuncia y lo que se vive se presenta sin subrayados. En cambio, el vínculo con el abuelo introduce otra lógica: no la de la explicación ni la enseñanza, sino la de la escucha. Atraviesa su propio duelo y, desde allí, habilita un espacio donde el afecto no necesita ser definido para ser validado.

El peso del relato recae de manera decisiva en sus jóvenes intérpretes. Lou Goossens construye a Elias desde la contención y la vacilación, evitando cualquier forma de énfasis expresivo. Su actuación sostiene el desconcierto sin dramatizarlo, apoyándose en la progresión interna del personaje. Marius De Saeger, como Alexander, aporta un contraste medido: su mayor seguridad no funciona como modelo ni como motor narrativo, sino como presencia que activa el movimiento del otro. La relación entre ambos se desarrolla sin golpes de efecto, apostando a la gradualidad.

Corazones jóvenes encuentra su mayor fortaleza en esa economía narrativa. El film recurre al melodrama, pero lo hace con control, sin caer en la sobreexplicación ni en la clausura discursiva. No busca ofrecer respuestas ni instalar una tesis, sino registrar un momento de tránsito. Desde allí, se integra al cine familiar contemporáneo con una propuesta coherente y honesta, que amplía las formas de narrar el crecimiento sin necesidad de consignas ni subrayados emocionales.

8.0
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