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Crítica de "The Dreamed Adventure": Valeska Grisebach y un mapa de fronteras, secretos y viejas heridas

La nueva película de Valeska Grisebach transforma una región fronteriza entre Bulgaria y Turquía en un territorio atravesado por el contrabando, la memoria y los fantasmas del pasado.

Crítica de "The Dreamed Adventure": Valeska Grisebach y un mapa de fronteras, secretos y viejas heridas
sábado 23 de mayo de 2026

La primera vez que se utilizó la palabra “cartografía” en una crítica de cine estoy seguro que el autor estaba imaginando una película como The Dreamed Adventure, de Valeska Grisebach. Al comienzo de la misma, un hombre, Saïd, llega a una ciudad de la zona fronteriza entre Bulgaria y Turquía. Es un personaje conocido, con un turbio pasado, aunque lleva veinte años sin aparecer por allí. Algo parecido sucede con una mujer con la que se encuentra, Veska, que ha regresa para dirigir una excavación arqueológica. Ambos están en sus sesenta y parecen compartir muchas cosas.

El primer objetivo de la película parece ese, cartografiar el terreno, este espacio de frontera en el que las disputas entre bandas de contrabandistas están a la orden del día. Está el más veterano, Iliya, cuyo pasado está ligado al de Veska y Saïd, y el más joven, The Raven. El coche de Saïd, primero, avanza por las carreteras en largos planos que pronto se ven continuados desde el de Veska, como si se tratara de solo eso, de recorrer y fijar este espacio alrededor de una pequeña ciudad, Svilengrad, de grandes extensiones semi desiertas.

Que Veska sea arqueóloga nos debería de poner sobre la pista sobre el verdadero tema de The Dreamed Adventure, el pasado. A medida que la película avanza vamos sabiendo más de ese pretérito turbulento: que Saïd destrozó la vida de una familia, su enfrentamiento o rivalidad con Iliya, que este se había enamorado de Veska, amor no correspondido y que siempre augura malos presagios… No para Grisebach, que entiende que una excavación puede desenterrar muchos secretos pero nunca va a resolver los conflictos del pasado. Por lo pronto Veska y Saïd se alían en una operación de tráfico de diesel, justo antes de que Saïd desaparezca misteriosamente de escena.

Estrategia antoniniana, esta desaparición implica un relevo en el protagonismo de la película, que pasa en exclusiva a Veska. La veremos menos en la excavación y más en su coche visitando a distintas familias, de distintas etnias y generaciones. The Dreamed Adventure adquiere entonces un tono (aparentemente) documental, con largas conversaciones sobre la identidad, pasado y preocupaciones de estas personas, siempre alrededor de una mesa en la que se come y bebe. Aunque en algunos casos es recibida con hostilidad, Veska parece perfectamente integrada en estos ambientes, hay algo en ella, quizás como un viejo pistolero al que aún se teme, que impone respeto.

El final, seco, cortante, es bellísimo, dejando en el aire, sobre el fundido en negro, esa frase que evoca tanto: “Te echo de menos”.

8.0
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