Opinión

Ulises entre Godard y Nolan: el héroe que Hollywood necesita y el hombre que el cine pierde

Mientras Hollywood prepara una nueva versión de "La Odisea", el cine vuelve a discutir una tensión persistente: la épica del héroe frente a la deriva del hombre perdido. Entre Godard, Fritz Lang y Christopher Nolan, el mito de Ulises expone una disputa que atraviesa la historia del cine.

Ulises entre Godard y Nolan: el héroe que Hollywood necesita y el hombre que el cine pierde
"El desprecio"
"El desprecio"
sábado 10 de enero de 2026

Luego de ver el tráiler en formato ultra IMAX de la próxima película de Christopher Nolan, me instalo frente a la página en blanco como quien se sienta en la Villa Malaparte. El mar de Capri golpea los cimientos de la razón y el fantasma de Fritz Lang susurra que la cámara no es un ojo, sino una sentencia. Pienso entonces en una dicotomía que vuelve una y otra vez: Hollywood necesita que Ulises sea un héroe; el arte necesita que sea un hombre perdido.

Esa frase organiza mi naufragio actual. Mientras el mundo se prepara para un nuevo estreno de La Odisea —un mecanismo contemporáneo sin riesgo, envuelto en la ingeniería técnica de la gran industria—, vuelvo a El desprecio de Jean-Luc Godard. Allí, Godard no solo cuestiona el método industrial de Hollywood, sino que convoca a Fritz Lang para interpretarse a sí mismo. La historia sigue a Paul Javal, un dramaturgo que acepta reescribir el guion de La Odisea, dirigida por Lang, bajo la presión del productor estadounidense Jeremy Prokosch.

En El desprecio, la industria aparece como un territorio de fricción permanente, donde el vínculo entre arte y dinero se vuelve una negociación constante. No es solo una película sobre cine: es una radiografía de un sistema que transforma el mito en mercancía. Cuando Jack Palance, en el rol de Prokosch, patea latas de película o cita a los clásicos desde una lógica de poder, encarna una idea precisa: el cine entendido como museo, donde todo ya fue decidido. Frente a él, Lang insiste en la mirada humana y en la libertad como principio creativo.

James Joyce había desmontado antes la épica en Ulises, trasladando el mito a las calles de Dublín para mostrar que el héroe también desayuna, camina y se pierde entre anuncios. Godard hace lo mismo con el lenguaje cinematográfico. El desprecio no solo discute la industria: interroga la naturaleza del cine y la fragilidad de la experiencia humana frente a los sistemas cerrados.

Es una película a la que vuelvo cada vez que inicio un rodaje, una posproducción o incluso el lanzamiento de alguno de mis films. Quienes vean Solo Fanáticos en marzo entenderán esa persistencia: Godard, Fritz Lang y la película dentro de la película funcionan como un mapa. La idea de lo bello, la épica de los dioses escultóricos, reaparece en mi trabajo de manera más directa desde los primeros minutos de ese último opus.

Las citas en el cine no son el problema. Lo inquietante es el próximo estreno de Nolan, porque la cultura de masas se construye sobre el cliché. Nos ofrecerán una Odisea de mármol y gloria, cuando lo que el cine necesita es otra cosa: el rostro de Brigitte Bardot bajo una lámpara, preguntando si la amamos “totalmente, tiernamente, trágicamente”. Ahí aparece el riesgo: perderse en el otro, en el encuadre, en una palabra que no llega.

Prefiero el error, el salto de eje, la lógica de la Nouvelle Vague que rompe el espejo para mirar detrás, antes que la perfección técnica que devuelve una imagen conocida. Si Ulises no se pierde, no hay viaje. Y si no hay viaje, queda el imperio del entretenimiento: un territorio donde el sol no se pone, pero donde tampoco se ven las estrellas.

Estrellas como Brigitte, que no se apagan y que ninguna inteligencia artificial puede replicar.

En este mundo de alta tecnología, Nolan parece reforzar la idea del triunfo del imperio: un Ulises que solo desea volver a un lugar seguro, convertido en héroe conservador, lejos de aquel hombre que enfrentó dioses y monstruos sin saber quién era ni por qué avanzaba.

No es casual que Hollywood, en pleno revival americano de sesgo ultraderechista, recupere la épica del héroe clásico y arrase con Ulises y su marea de incertidumbres existenciales.
Libertinas.
Sí.
No libertarias.

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