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Crítica de "El fuego que hemos construido": Luis Fontal y subrogación de vientres en familias homoparentales
"El fuego que hemos construido" ofrece una visión profunda y multifacética de las relaciones humanas y la construcción de roles, a través de la historia de una pareja gay que decide recurrir a la subrogación de vientre para formar una familia.
La historia sigue a tres personajes que se ven envueltos en una relación compleja cuando Mora (Verónica Intile) ofrece subrogar su vientre para que Andy (Andrés Ciavaglia) y Fran (Ezequiel Tronconi) puedan convertirse en padres. Sin embargo, luego de concebir, Mora se arrepiente y busca, sin éxito, interrumpir el embarazo.
El fuego que hemos construido (2023) aborda las tensiones internas de sus protagonistas y las distintas formas en que se manifiestan los vínculos afectivos. Luis Fontal (Congreso, 2013) estructura una narrativa que superpone capas emocionales y éticas para indagar en los límites del amor, la amistad y la maternidad. Los personajes se mueven entre contradicciones, temores y deseos que erosionan sus certezas y redefinen sus lazos.
La película despliega su potencia en la construcción de una atmósfera contenida, sostenida por diálogos mínimos y silencios cargados de sentido. Fontal utiliza el tiempo y la mirada para evidenciar cómo lo no dicho puede ser más revelador que cualquier confesión. En ese registro, la obra se inscribe en una tradición del cine argentino que privilegia la observación sobre el dramatismo explícito.
Verónica Intile encarna a Mora con precisión, trazando el recorrido emocional de una mujer que enfrenta el peso de una decisión irreversible. Andrés Ciavaglia y Ezequiel Tronconi aportan interpretaciones complementarias: el primero, desde la vulnerabilidad y la indecisión; el segundo, desde la necesidad de control. Ambos sostienen la tensión del relato sin recurrir a subrayados. Marcelo Subiotto, en su breve pero significativa aparición como terapeuta, introduce un contrapunto reflexivo que ordena —o desordena— la perspectiva del espectador.
El fuego que hemos construido propone una lectura sobre los afectos y las zonas grises de la moral contemporánea. En su centro, late la pregunta por la responsabilidad emocional y por el lugar que cada quien ocupa en la construcción —y la fractura— de los vínculos.