Regreso triunfal

Luis Ortega detrás de “El jockey”: una historia sobre el amor, la locura y la pérdida de la identidad

“Me dijeron que hacer esta película iba a ser como un suicidio a mi carrera”, confesó el director en una entrevista exclusiva con EscribiendoCine.

Luis Ortega detrás de “El jockey”: una historia sobre el amor, la locura y la pérdida de la identidad
viernes 27 de septiembre de 2024

En esta carrera de caballos, tras escuchar el disparo de largada, todos los jockeys y las jocketas siguen la dirección de la pista, menos uno. Se trata del personaje ficticio Remo Manfredini, una leyenda del turf, cuya vida se desmorona. Y es Luis Ortega el encargado de retratar sus circunstancias en la pantalla grande, a través de El Jockey (2024). Tras recorrer los festivales de Venecia, Toronto y San Sebastián, esta semana, el director presenta su nuevo filme en las salas argentinas.

El relato audiovisual comienza cuando Remo (Pérez Biscayart) lleva una conducta excéntrica y autodestructiva que va eclipsando su talento. Mientras que Abril (Úrsula Corberó), su colega y pareja, espera un hijo suyo y debe decidir entre continuar con su embarazo o con su labor deportiva. Ambos corren caballos para Sirena (Daniel Giménez Cacho), un empresario obsesionado con el jockey. Hasta que, un día, Remo sufre un accidente, desaparece del hospital y deambula sin identidad por las calles de Buenos Aires. Sirena lo quiere vivo o muerto. Al mismo tiempo, Abril intenta encontrarlo, antes de que sea demasiado tarde.

Llevándote a las fuentes de inspiración. ¿Nació en una foto, en un recuerdo, en una anécdota? ¿Dónde aparece la idea de “El Jockey”?
Me acuerdo el día que nací, que le vi la cara a la partera. Pero no me acordé de eso hasta hace poco. Ahí empecé a construir una película de un bebé, pero contada al revés. O sea, esa alma va de un personaje a otro, y termina en un parto. Recuerdo el día que nací y me pareció un buen comienzo, sin embargo, lo puse al final, porque dicen que hay que tener un comienzo, una mitad y un final, no necesariamente en ese orden.

El personaje de Remo va deambulando por la ciudad, y va mirando el mundo como si fuera la primera vez, en muchas circunstancias, ¿cómo trabajaste esa mirada nueva, distinta, del mundo?
Hay un ejercicio que hago: me paro en las esquinas y espero que llegue un bebé. Cuando llega, lo miro y, en general, el bebé te mira también, y después empieza a mirar al resto de los peatones. Ahí se abre todo un mundo. Y dije: “Este es el punto de vista de la película”. Tiene que ser como un bebé parado en la ochava, mirando al mundo y sin entenderlo. Para eso, antes, el jockey se tiene que caer del caballo, sino nadie tiene tiempo de pararse en la ochava. Son influencias. Y los bebés ejercen como una presión sobre el adulto.

También aparece la cuestión identitaria en la película, en cuanto a redescubrirla, reconstruirla. A partir de esta experiencia en “El Jockey”, ¿qué redescubriste como cineasta, como artista, incluso como persona?
Creo que la película va más sobre perder la identidad que sobre encontrarla. Mejor perderla que encontrarla, porque después te coloniza y te atrapa en una forma de ser. Entonces, uno ya no puede reaccionar de otra manera a lo que esperan de uno. Por lo tanto, la película propone perder la identidad. Igual, después, el personaje se inventa otra, y otra, y otra, porque alguna hay que tener, parece. Pero se va deshaciendo de todas, hasta que, finalmente, es como decía Jacobo Fijman: “los temibles caminos de la pureza”.

Un concepto que atraviesa la película tiene que ver con “morir y nacer de nuevo”. ¿De qué manera aparece esta premisa en tu camino artístico y profesional?
Me dijeron que hacer esta película iba a ser como un suicidio a mi carrera. Y me pareció que era la mejor manera de sentirme vivo de nuevo, también de no quedarme atrapado en algo que puede funcionar. Cuando algo funciona, enseguida se arma un negocio, y esto no es un negocio para mí.

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