79 Festival de Cannes
Crítica de “La libertad doble”: Lisandro Alonso vuelve sobre su territorio y pone el presente argentino en escena
A 25 años de "La libertad", Lisandro Alonso retoma el universo de Misael Saavedra en una película que cruza observación cotidiana, transformaciones sociales y el impacto de las decisiones políticas sobre las vidas individuales. Presentada en Cannes, "La libertad doble" propone un regreso a la escala íntima sin abandonar una mirada sobre la Argentina contemporánea.
La historia, la que puede leerse, la oficial al menos, dice que Lisandro Alonso fue “descubierto” por el Festival de Cannes, cuando en 2001 programó La libertad en la sección Un certain regard. Toda una osadía impensable en estos días, la película que seguía la vida cotidiana del hachero Misael Saavedra llamó la atención a muchos críticos y especialistas; fue un llamado de atención en cuánto a qué y cómo podía mostrase en el cine. Se transformó también en un chiste, un “meme” en una época en la que todavía no utilizábamos ese término. Así como “El sopor de la aceituna” era la reinterpretación de “El sabor de la cereza” en la mirada de Rudy y Paz para referir al lugar común sobre el tempo del cine iraní, de La libertad es mucho lo que se ha dicho sin haberla visto. “¿Un tipo hachando 70 minutos? ¡Dejate de joder!”. Ideal tanto para el chascarrillo fácil como para ser blanco de los dardos de quienes dicen defender un “cine popular”.
El problema para estos últimos es que Alonso es un director único y talentoso. Que ha sabido construir una carrera reconocida en todo el mundo por más que los últimos tiempos el INCAA se las ha ingeniado para dificultar las posibilidades de quienes requerían su apoyo para conseguir fondos en otros países (aun cuando, según dice y repite el propio director, no es el dinero del INCAA, ínfimo, el que este tipo de producciones necesitan). Está claro: las actualidades autoridades del instituto, que se mueven con ukases, como si tuvieran la suma del poder público, no entienden ni quieren este tipo de cine. Para colmo el Alonso rehúye los lugares comunes del autor o artista experimental o maldito. Es llano a momento de hablar (en general y sobre su cine). Nos llama a dejar de lado los prejuicios y volver a ver. Cuando le preguntan algo que no sabe, es capaz de decirlo y cuando el mérito es de alguien del equipo, lo dice expresamente, sin vueltas ni circunloquios que esconden el auto-elogio.
Y, en ese contexto, 25 años después, Alonso, espíritu libre al fin, presentó en la Quincena de los cineastas La libertad doble (2026). Difícil desafío que marca el regreso a la observación, a la pequeña escala tras un paso por producciones más grandes (Jauja, Eureka, filmando entre otros con Vigo Mortensen y Chiara Mastroianni), el resultado no puede ser más gratificante. Los años en los que sucede la acción son significativos para Argentina, 2001 en la primera entrega, 2026 en este regreso.
No hace falta haber visto La libertad para entrar en el universo de la película ahora presentada en Cannes. Está claro que la lógica de las secuelas no juega para Alonso del mismo modo en el que aplica a las películas de superhéroes. De hecho, durante los primeros minutos del film el director pareciera ponernos al tanto, “recordar” lo que pasaba hace 25 años… que es casi exactamente lo mismo de lo que sucede ahora (por más que ahora se haga uso más de la motosierra que del hacha). Lo que podría interpretarse como un guiño con la mirada puesta en estos extraños tiempos, en los que el término libertad parece haber cambiado de significado, se abre a una trama también atravesada por los problemas del presente.
Las decisiones desde el poder llegan y afectan a todos, incluso a quien vive cual heremita dedicado a su trabajo en un lugar apartado o recóndito. Es que el protagonista (Misael Saavedra, 25 años mayor) tiene que dejar su trabajo ante el llamado en el que le avisan que su hermana, internada en un hospital psiquiátrico se ha escapado. Allí le explican la situación: ella (interpretada por Catalina Saavedra, sin relación con Misael en la vida real, más allá del apellido) no es peligrosa, vive en su mundo y sí, bebe un poco, hace algo de lío y suele escaparse. El problema es que la falta de fondos por parte del Estado obliga al cierre del establecimiento y ella debe ser externada. Ahora sí, la película se centra en la convivencia de estos dos seres tan particulares como lacónicos, silenciosos.
Construida de pequeños detalles, el trabajo de Catalina Saavedra (a quien el director dice haber conocido en La nana, cuando quedó deslumbrado por su actuación) es de una concisión y una sensibilidad e inteligencia que llaman la atención. La química con Misael nos provoca todo el tiempo la sensación de que efectivamente allí hay una relación familiar (una que ciertamente no se evidencia en los diálogos). Hay también momentos de humor claro está. No coincido que no haya humor en las películas de Alonso como he escuchado por allí. Será un humor que puede ser negro, salvaje o extraterrestre, pero en muchas de sus películas (menos en Liverpool y Los muertos, creo, pero debería revisitarlas) hay lugar para guiños y giros que dan cuenta de la peculiar vis cómica del realizador. Realizador que ha sabido circular por los más grandes festivales del mundo sin renunciar a su mirada sobre el cine.
En este último sentido, la inclusión tras los títulos de la película de una secuencia de hace 25 años parece como una expresión de la libertad con la que sabe moverse Lisandro Alonso. En ellas el entonces (más) joven Misael Saavedra mira a cámara y simplemente se ríe, tentado. Ahora sí las versiones, la historia no ya oficial, dice que esas imágenes eran las del final de la primigenia La libertad. Y que fue desde el Festival de Cannes que se pidió al director que las cortara, como condición para programar la película. En este cuarto de siglo Cannes parece haber acentuado un camino que lo acerca a los temas graves e importantes, a la solemnidad o al shock. Es por eso que se agradece la aparición de una gran película que puede, además, encontrar espacio para la risa.
El que ríe último…