Festival de Cannes 2026

Crítica de “Moulin”: László Nemes convierte la Resistencia francesa en un descenso al horror

El director de "El hijo de Saúl" retrata los últimos días de Jean Moulin en una película intensa y sombría que oscila entre el thriller político, el cine de torturas y el esteticismo visual.

Crítica de “Moulin”: László Nemes convierte la Resistencia francesa en un descenso al horror
lunes 18 de mayo de 2026

Jean Moulin fue un histórico dirigente de la Resistencia francesa en el curso de la Segunda Guerra Mundial, el arquitecto de su estructura y unión. Moulin, lejos de ser una biografía al uso, es una crónica de sus últimos días, cuando, en el curso de una misión en Lyon, es detenido por Klaus Barbie, “el Carnicero de Lyon”, junto con otros dirigentes de la Resistencia que habían acudido a una reunión clandestina en la consulta de un médico, reunión en la que se iba a nombrar a un nuevo dirigente, muy probablemente el propio Moulin, aquí escondido tras la identidad de Jean Martel.

Pero Moulin es una película en la que haríamos bien en separar el guion de la realización. El primero está firmado por Olivier Demangel y parte de una premisa que remite a ese ejército que trabaja en la absoluta  clandestinidad muy deudora de Jean-Pierre Melville. El hallazgo, si se le puede considerar tal, de esta premisa es esta concentración de la acción en unos pocos días, cuando Martel (Gilles Lelouche) llega a Lyon y poco después es detenido, encarcelado y torturado por Klaus Barbie. Aviso para navegantes: Moulin reactiva el subgénero del cine de torturas, efectivamente.

La realización corre a cargo del húngaro László Nemes, en la que es su primera película francesa, entiendo que un encargo en toda regla. Nada en contra, si no fuese que Nemes, en su primera película, El hijo de Saúl (2015), supo cómo acercarse al horror de Auschwitz sin necesidad de entrar en las cámaras de gas o mostrar los cadáveres apilados, como no fuese al fondo del encuadre y fuera de foco. A ese cineasta, que ni en su segundo ni en su tercera películas, presentadas ambas en Venecia, ha conseguido reverdecer los laureles de su ópera prima (Gran Premio en Cannes, Oscar en Hollywood), se le presupone un cuidado y un cierto tacto a la hora de mostrar las torturas, una de esas pruebas de fuego para cualquier cineasta. Y Nemes convierte su película, la parte de la cárcel, en una sucesión de momentos de gran intensidad en los que la violencia quizás no es tan explícita pero sí está presente: un fuera de campo que impregna el resto de una película que gana muchos enteros con sus duelos dialécticos entre Barbie (Lars Eidinger) y Martel/Moulin, pero que se pierde en un esteticismo (la película se ha proyectado en Cannes en 35mm) que, con sus claroscuros, parece querer reivindicar la figura de un cineasta que pareciera condenado a proseguir temáticamente la senda iniciada por aquella El hijo de Saúl.

Jean Moulin falleció en la estación de Metz en julio de 1943, días después de su detención y de ser trasladado desde Lyon. Un dato que la película no aporta, del mismo modo que no era imprescindible mostrar las escenas del interior de la cárcel: un solo rótulo aportaría muchas cosas y posibilitaría que la película se centrase en otras mucho más esenciales.

6.0
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