Se estrena el 30 de abril tras su paso por el BAFICI
Toia Bonino y Marcos Joubert sobre “Plata o mierda”, una película filmada desde la cárcel
El documental reconstruye la vida en prisión desde registros hechos en secreto. Un intercambio íntimo que desafía la percepción sobre qué es estar preso.
Plata o mierda marca el regreso de Toia Bonino, y la primera experiencia de Marcos Joubert como codirector en un largometraje. El proyecto surge del vínculo entre ambos y de una realidad: a comienzos del 2000, con 19 años, Joubert fue detenido tras un asalto que terminó con un enfrentamiento policial. Pasó más de un año en prisión. Su expediente continuó el curso judicial y la condena quedó firme en 2015 con un pedido de captura que jamás se le notificó. Tras ser detenido de imprevisto y quedar siete años preso, está listo para contar su historia.
El punto de partida de Plata o mierda, tiene un primer acercamiento con el cortometraje Engomado (2021) que funcionó como una prueba sobre cómo narrar desde la experiencia directa; sin embargo, faltaba más: “La idea era representar de manera más cruda y perceptible esa sensación del encierro, esa angustia que genera la película, en donde pasan los días y se repite la lista, la tormenta, las vivencias. El discurrir del tiempo que nos dió el largometraje era más acorde a la sensación momentánea de un corto”, explicó Bonino para Escribiendo Cine.
¿Cómo se dio el contacto entre ustedes, teniendo en cuenta que casi no se conocían?
Toia Bonino: Todo empezó con un “Si Toia se enterara de que estoy preso, seguro se le ocurriría hacer algo”, de parte de Marcos a su novia. Ella me lo contó a mí -porque con él nos habíamos visto una sola vez en un almuerzo-, me pasó su contacto y empezamos a hablar. Me mostró su celda, yo le sugerí algunas cosas técnicas y ese intercambio fue creciendo hasta convertirse en el núcleo de la película.
¿Qué limitaciones encontraron a la hora de registrar imágenes dentro de la prisión?
Marcos Joubre: Tenía que tener mucho cuidado con lo que grababa. Yo me llevaba con un círculo chico de gente que sabía lo que hacía, pero no podía compartirlo con todos. También había limitaciones propias del lugar, de lo que se podía o no hacer dentro de la celda. El rodaje estuvo condicionado por reglas informales y por la necesidad de preservar la seguridad dentro del penal.
TB: Yo le insistía que grabara más o le pedía cosas, pero él me decía: “Si hago eso, me matan a puñaladas”. También teníamos un montón de dificultades con el envío del material. Marcos lo subía a un drive y por ahí le consumía todo el crédito, se cortaba la señal, esos inconvenientes técnicos. Fueron dos años de acumular material hasta que finalmente la editamos. Tardamos en darnos cuenta de que estábamos haciendo una película.
¿Hubo encuentros presenciales?
TB: lo fui a visitar algunas veces, pero no con un objetivo de trabajo. Tenía más que ver con vernos, con poder hablar en otro contexto. Adentro es muy difícil tener privacidad. La película se hizo sobre todo a distancia, con intercambios constantes y muchas dificultades técnicas, desde la señal hasta el envío del material.
Marcos, ¿te acompañó el filmar durante este tiempo? ¿Fue una distracción?
MJ: Para mí sí, aunque tuve momentos de todo. No la estaba pasando bien, así que había días en los que no tenía ganas de hacer nada. Otros días sí, buscaba registrar cosas que me parecían interesantes. La cámara terminó funcionando como un refugio dentro de la cárcel, una forma de sostenerme.
¿Qué diferencias encontraste entre tus dos detenciones?
MB: La primera vez tenía catorce años, pensaba que era justo lo que me había pasado. La segunda fue más dura, sentía que no me lo merecía. El contexto personal transformó completamente la experiencia del encierro. Yo llegué a los tribunales a pedir un papel para poder entrar a un trabajo nuevo. Me miraron y dijeron: “ahora en cinco minutos te lo bajan”. Y cuando me di cuenta, tenía un montón de policías encima, había un pedido de captura del que nunca había sido informado.
TB: Hay una anécdota graciosa, que es que Marcos quedó detenido con su DNI. Nadie que sale a robar lleva su documento. Después de 14 años de vivir una vida por fuera del delito, con un trabajo, con pareja, con un hijo, con estabilidad, queda detenido.
¿Qué diferencia a Plata o mierda de otras películas sobre la vida en prisión?
TB: La sensibilidad de Marcos, que es muy particular, con la cámara y con los relatos que cuenta nos permitió construir un relato de mucha intimidad. También las particularidades de los compañeros. Se lo ve al Pana, que es un hombre mayor, que le gusta la milonga, que tiene una posición de cierta sabiduría o de dar consejos. O está Hugo, que es mucho más divertido y fiestero, y tiene un tatuaje, con el que hacen yogur juntos. Mostrar las distintas personalidades que se encuentran en la prisión, por fuera de esta idea de que son todos violentos, brutos, semi animales que todo el tiempo se están por morir.
¿Qué te lleva a contar este tipo de historias?
TB: No es algo que planifique tanto. Este proyecto apareció y me encontré con una sensibilidad muy fuerte y una responsabilidad. Me llama ese límite entre la legalidad y la ilegalidad y los estereotipos que se construyen. También me interesa entender las historias detrás de esas situaciones y poder generar vínculos, cuando el sistema penitenciario hace lo posible para que las personas que están privadas de la libertad no puedan construir un vínculo con los que estamos afuera. Quieren que les temamos, que se produzca una distancia.
El corto Engomado obtuvo el premio al Mejor Cortometraje del año en el Festival de Mar del Plata. ¿Eso fue también parte de la motivación para el proceso de Plata o Mierda?
MJ: En ese momento sí fue un empujón. Estuvo bueno, la verdad que no lo podía creer. Pensaba: “¿A quién le va a gustar esto?”, algo que habla de un pibe que está en cana mostrando eso que tal vez a nadie le interese. Pero se ve que estaba bien armado, fue un envión bastante grande.
TB: Además, en Engomado Marcos no viajó a recibir el premio, todavía estaba detenido. En un momento intentamos gestionarlo, pero fue con poca anticipación y no lo pudimos organizar. Al año siguiente participamos en Work in Progress con Plata o mierda, y ahí también ganamos Mejor Película en Proceso. Ahí sí pudo venir Marcos, y eso fue una fiesta completa. Uno sabe que los premios son arbitrarios, que compiten cosas muy distintas, que dependen del jurado, de muchas cosas, pero cuando te toca, te pone muy contenta.
¿Quedó algo por contar?
TB: La verdad que sí, estamos pensando en hacer un corto, porque en la película Marcos no sale de la cárcel y queda esa angustia de que el personaje que nos conquistó sigue viviendo en esas condiciones. Entonces tenemos ideas para contar su salida, que en principio imaginamos como un cortometraje.