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Crítica de "Plata o mierda": el encierro como forma de narrar

partir de registros filmados dentro de una prisión, la película de Toia Bonino y Marcos Joubert construye un relato donde el vínculo y el dispositivo condicionan la forma de mirar.

Crítica de "Plata o mierda": el encierro como forma de narrar
viernes 17 de abril de 2026

Plata o mierda (2026), dirigida por Toia Bonino en colaboración con Marcos Joubert, retoma el punto de partida de Engomado (2021), cortometraje reconocido en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, para expandirse en un largometraje que observa la vida en prisión desde un recurso elemental: un teléfono celular clandestino. A partir de ese gesto, la película se apoya en los registros que el propio Joubert realiza durante su detención, y encuentra en ese material no solo un testimonio, sino también una forma de narrar.

En ese intercambio con Bonino, los videos enviados construyen una estructura que se aleja de cualquier progresión clásica. En cambio, el film avanza por acumulación, dejando que el paso del tiempo se perciba en la repetición, en las pausas, en lo que parece no cambiar. De este modo, la cámara deja de ser un intermediario para volverse parte del encierro, una extensión de quien filma. El montaje, por su parte, no ordena ni explica, sino que organiza los fragmentos respetando esa lógica discontinua.

Desde lo formal, la película asume las condiciones de su propio registro. La imagen, marcada por la inestabilidad y la baja calidad, no intenta corregirse, sino que se integra al sentido del relato. En ese contexto, lo que queda fuera de campo adquiere relevancia: aquello que no se ve, pero se intuye, completa la experiencia. Así, el film evita enfatizar o subrayar, y se sostiene en una observación que no busca imponer una mirada única.

Al mismo tiempo, la película se vincula con un contexto más amplio. Sin enunciarlo de manera directa, aparecen cuestiones ligadas a las condiciones de detención, a los recorridos previos que conducen al encierro y a las limitaciones que lo sostienen. En ese marco, el vínculo entre Joubert y Bonino introduce otra dimensión: la posibilidad de construir un espacio de intercambio en medio de la reclusión. Lejos de ofrecer conclusiones, Plata o mierda se instala en ese territorio de preguntas, donde el cine funciona tanto como registro como forma de resistencia.

7.0
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