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Crítica de "Wonder Man”: La última serie de Marvel que pide su lugar en el multiverso

La idea general de "Wonder Man" se aleja de la fórmula tradicional de superhéroes para presentarse como un experimento arriesgado y refrescante, funcionando casi como una sátira o un estudio de personajes bajo el velo de Hollywood. 


Crítica de "Wonder Man”: La última serie de Marvel que pide su lugar en el multiverso
viernes 20 de febrero de 2026

Wonder Man (2026) nos presenta a Simon Williams no como un héroe en busca de justicia, sino como un hombre con poderes extraordinarios que intenta desesperadamente triunfar como actor, ocultando sus habilidades para no arruinar su carrera. Esta premisa, comparada con producciones como The Studio, utiliza el género para realizar una autocrítica a la industria del cine y a los entresijos de los grandes estudios, logrando una narrativa con múltiples capas que prioriza lo humano sobre la acción convencional.

La serie brilla gracias a una dupla protagonista con una química excepcional que eleva el material original. Yahya Abdul-Mateen II entrega una actuación contenida y profunda, capturando perfectamente los "demonios internos" de un hombre que debe reprimir sus emociones y su inmenso poder para encajar en la sociedad. Sin embargo, es la interacción con Ben Kingsley (de quien nada se esperaba), quien regresa como Trevor Slattery, lo que realmente roba el show. Esta relación no solo sirve para reconciliar al público con el personaje de Slattery tras sus apariciones previas, sino que aporta una complicidad y una calidad actoral digna de nominaciones a premios, convirtiendo sus diálogos en el corazón de la serie.

El guion destaca por su cuidado detalle y su capacidad para sorprender, alejándose de los esquemas rígidos del UCM para abrazar momentos incluso surrealistas. Un ejemplo claro es el cuarto episodio, centrado en el personaje de Doorman, que rompe la estructura habitual con una propuesta visual y narrativa fascinante que ayuda a entender las motivaciones de Simon. 

Su integración en el UCM plantea un dilema interesante para Marvel, ya que Simon Williams posee un nivel de poder comparable al de Thor o Hulk, pero su motivación es puramente artística. La serie encaja perfectamente bajo el sello Marvel Spotlight, funcionando como una delicia independiente que no satura al espectador con referencias externas constantes, más allá de guiños como el musical de Rogers. De cara al futuro, aunque su estilo se desdibuja si se intenta forzar en una dinámica de equipo tradicional, su presencia en eventos como Secret Wars podría aportar una perspectiva fresca. Marvel tiene acá una prueba que demuestra que las historias pequeñas y bien ejecutadas pueden ser tan valiosas como las grandes producciones.

8.0
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