Festival de Sundance 2026
Crítica de "The Huntress": trauma, acción y punto de quiebre para Adriana Paz
En su ópera prima, Suzanne Andrews Correa desplaza el foco del thriller criminal hacia el trauma y sus consecuencias. Ambientada en Ciudad Juárez, "The Huntress" sigue a una mujer que deja de ser invisible y convierte la acción en respuesta.
The Huntress (La Cazadora, 2026), coproducción mexicano-estadounidense dirigida por Suzanne Andrews Correa, se sitúa desde el primer plano en una carretera de Ciudad Juárez. Esperar el autobús para ir a trabajar de madrugada aparece como un gesto cargado de riesgo. La película, sin embargo, se aparta pronto del recorrido esperado: no se propone narrar la historia de una víctima más, sino acompañar a Luz, interpretada por Adriana Paz, una mujer que ha cruzado un umbral del que no hay retorno.
El relato, inspirado en hechos reales, reorganiza el punto de vista del género. El disparo inicial no abre una investigación forense ni instala un enigma policial clásico. La pregunta central no es cómo ocurrió, sino por qué. Andrews Correa desplaza la tensión hacia el territorio psicológico y moral. La cámara sigue a Luz de cerca, se adelanta a la acción y vuelve una y otra vez a su rostro, donde conviven el impacto, el cálculo y una decisión que ya no admite marcha atrás.
El entorno que rodea a la protagonista funciona como sistema. La maquiladora se presenta como una estructura que prioriza la imagen y la productividad por sobre la vida de sus trabajadoras. El detective Rosales encarna una autoridad que reacciona solo cuando la presión externa lo exige. En el plano íntimo, la pareja de Luz no logra —o no intenta— comprender la dimensión del proceso que ella atraviesa. La película construye así un paisaje de indiferencia en el que la invisibilidad de las mujeres opera como amenaza constante y, al mismo tiempo, como condición para moverse sin ser detectada. El guion señala con claridad esa paradoja: a Luz no se la ve ni antes ni después de tomar una decisión que altera su vida y la de quienes la rodean.
La venganza, tema recurrente en el cine, suele organizarse alrededor del castigo a los responsables. Aquí, en cambio, The Huntress propone un desplazamiento. Más que un relato de represalias, es un estudio sobre la circulación del trauma y sus efectos. La relación de Luz con su hija adolescente, inmersa en los preparativos de una fiesta de quince, introduce un contrapunto constante. Cada mensaje sin respuesta abre una distancia que no se resuelve con la acción. El costo de la búsqueda de justicia se manifiesta en otros cuerpos y otros vínculos.
El encuentro con Ximena, referente de las Madres Buscadoras, marca otro punto decisivo. No hay alianza ni consuelo posible, sino un reflejo incómodo. Ximena, absorbida por la búsqueda de su hija desaparecida, funciona como proyección de un futuro posible para Luz: una vida organizada en torno al desierto, donde cada resto hallado puede significar cierre o condena.
La actuación de Adriana Paz sostiene el relato desde lo físico y lo interno. Su interpretación evita la figura de la heroína y se construye desde el temblor, el cansancio y la determinación. El cuerpo de Luz registra cada etapa del proceso y se convierte en el eje desde el cual la película articula su mirada.
Única producción iberoamericana en la competencia internacional del Festival de Sundance, The Huntress no ofrece resoluciones ni alivios narrativos. Propone, en cambio, observar qué sucede cuando una mujer deja de aceptar el lugar asignado y asume una forma de acción que siempre le fue negada. El resultado es un retrato que incomoda y permanece, más interesado en las consecuencias que en el espectáculo del acto.