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Crítica de "Septiembre 5": Periodismo en los Juegos Olímpicos del horror
Dirigida por Tim Fehlbaum, la película revive el secuestro de los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 a través de los ojos del equipo de periodistas de la ABC, quienes pasaron de cubrir una competencia deportiva a ser testigos de una crisis terrorista en tiempo real.
Basada en hechos verídicos, Septiembre 5 (September 5, 2024) es mucho más que un thriller histórico: es una reconstrucción meticulosa de uno de los momentos más oscuros del deporte y del periodismo. Desde el primer momento, el filme establece un ritmo vertiginoso que no decae. Rodada casi en tiempo real, y a través de algunas licencias creativas que le dan fluidez, la película logra una inmersión total, transmitiendo la tensión del evento minuto a minuto, como si el espectador estuviera dentro del estudio de ABC. Como un docudrama necesario y potente, su mayor fortaleza radica en que no solo trata de narrar un hecho, sino que lo hace con una sensación de inmediatez, realidad y testimonio, elementos cruciales para el cine periodístico contemporáneo.
Uno de los aspectos más notables de Septiembre 5 es su impecable reconstrucción de época. No busca modernizar su lenguaje visual ni adaptarlo a los estándares actuales, sino que entiende la estética de los años 70 y la reproduce con precisión. Desde los encuadres hasta la iluminación, pasando por la vestimenta y el arte, la película no solo nos sitúa en el tiempo, sino que nos hace sentir la desesperación y la incertidumbre de aquellos días, convirtiéndonos en los principales testigos del evento como si fuéramos parte del equipo de reporteros.
En el elenco vamos a encontrar varias caras conocidas como Peter Sarsgaard (Blue Jasmine), John Magaro (Vidas pasadas), Ben Chaplin (La delgada línea roja), Leonie Benesch (El salón de profesores) y Benjamin Walker (Abraham Lincoln: Cazador de vampiros), pero ninguno pretende resaltar de manera individual y esto se condice con la intención colectiva de mostrar el trabajo periodístico. El reparto funciona como una unidad que tiene a Magaro como el director de orquesta y en donde cada personaje aporta su visión y tensión.
El gran mérito del largometraje es su guion. Escrito por Moritz Binder, Tim Fehlbaum y Alex David, es fundamental para transmitir las sensaciones del espeluznante suceso. La narrativa es enérgica, tanto durante la previa al hecho como en el desarrollo de los acontecimientos. Nominado al Oscar como Mejor Guion Original, el libreto es poderoso, conciso y tiene la habilidad de expresar con imágenes, y sin tantas explicaciones, una historia escalofriante.
En tiempos donde la inmediatez de la información ha cambiado radicalmente, esta obra producida por Alemania nos recuerda el valor de la cobertura en vivo, de la ética periodística y del impacto que tiene el narrador sobre los hechos. La película no busca hacer juicios, sino exponer el dilema moral de los periodistas: ¿hasta qué punto deben involucrarse en lo que cubren? ¿Hasta dónde informar y cuándo apartarse? ¿Qué es lo primordial: tener la primicia o cuidar a los protagonistas? Alex Garland hizo lo suyo con el fotoperiodismo en la distópica Guerra Civil. Ahora, es Fehlbaum quien realza la importancia de esta profesión como un arma de comunicación y resistencia.
Siendo nominada a Mejor Película en los Globos de Oro y en los PGA, Septiembre 5 se consolida como una de las cintas más destacadas del año. Además de ser un buen largometraje sobre un hecho que sucedió, la obra funciona como un ejemplo de thriller realista que expone el funcionamiento del periodismo de los años 70 de puertas para adentro.