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Crítica de “Arthur: Una amistad sin límites”: Mark Wahlberg y su perro deportista
La película está basada en la historia de Mikael Lindnord, un deportista de resistencia sueco que adoptó a Arthur, un perro callejero malherido que lo acompañó junto a su equipo durante una épica carrera por la selva ecuatoriana.
Dirigida por Simon Cellan Jones, Arthur: Una amistad sin límites (Arthur the King, 2024) combina el relato deportivo de superación con la emotiva trama del vínculo entre el hombre y su perro, recordando películas como Socios y sabuesos (Turner & Hooch, 1989) y Siempre a tu lado (Hachiko, 2009).
Michael Light (Mark Wahlberg) lidera un equipo de atletas alfa, compuesto por Nathalie Emmanuel y Simu Liu, entre otros, que participa en el Campeonato Mundial de Carreras de Aventura en la selva de la República Dominicana. Promediando la competencia, reciben la inesperada ayuda de un perro vagabundo llamado Arthur, quien los asiste en llegar a la meta. El animal se convierte en una parte fundamental del equipo, forjando una fuerte relación con el protagonista.
Mark Wahlberg protagoniza y produce otro relato basado en una “historia de vida” (la otra es El milagro del padre Stu) con el cual busca alejarse del papel de héroe musculoso y adentrarse en la piel de una persona real.
El guion de Michael Brandt, basado en el libro de no ficción Arthur: The Dog Who Crossed the Jungle to Find a Home de Mikael Lindnord, modifica la nacionalidad del protagonista, que pasa de sueco a estadounidense, y el ambiente de la carrera real en Ecuador al escenario de la República Dominicana, donde se rodó el film.
Arthur: Una amistad sin límites realiza una gran descripción de las carreras de supervivencia y el espíritu atlético en su primera mitad, para luego desarrollar el vínculo humano-canino en la segunda parte. Y aunque el perro y Wahlberg hacen lo posible por conmover a la audiencia con su actitud de entrega hacia el otro, el film no llega a tocar las fibras sensibles típicas de este tipo de relatos.