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Crítica de “El polvo”: Nicolás Torchinsky y el retrato íntimo de una vida trans
La película de Nicolás Torchinsky convierte el desarme de un departamento en un ensayo cinematográfico sobre la memoria, la identidad y el duelo.
En El polvo (2023), Nicolás Torchinsky convierte el registro doméstico del vaciado del departamento de su tía, July Regina Romero, en un retrato íntimo sobre el paso del tiempo y las huellas que deja una vida. La cámara recorre cada objeto como si fuera un testigo silencioso: los perfumes, las telas, los medicamentos, los retratos. Cada elemento funciona como una clave de acceso a la memoria, un modo de reconstruir una identidad atravesada por el arte, el exilio y la marginalidad.
Torchinsky se detiene en July, una mujer trans, artista y figura del under porteño, cuya existencia estuvo marcada por la resistencia cultural y la búsqueda de libertad. La narrativa articula los testimonios de amigos y familiares con imágenes de archivo y grabaciones caseras, que revelan los matices de una vida signada por la represión de los años previos a la Ley de Identidad de Género. La reconstrucción de su historia, en paralelo al vaciamiento del espacio que habitó, opera como un ritual de despedida y homenaje.
Rodada íntegramente en el pequeño departamento de July, la película utiliza la inmovilidad del espacio como contrapunto del flujo de las voces y los recuerdos. El fuera de campo -ocupado por las voces que evocan sin aparecer por completo- contrasta con la materialidad de los objetos, generando una tensión entre presencia y ausencia, entre lo que se conserva y lo que inevitablemente se pierde. En su estructura, El polvo se acerca más a un ensayo audiovisual que a un documental tradicional, explorando la frontera entre la memoria privada y la memoria colectiva.
Torchinsky entiende el cine como instrumento de memoria, y en esa afirmación sostiene el sentido último del proyecto: rescatar, a través de la imagen, lo que el tiempo y la muerte tienden a borrar. El polvo no busca cerrar una historia, sino mantenerla en suspensión, como ese polvo que persiste en el aire después de mover un objeto querido.