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Crítica de “Destino Final: Lazos de sangre”: El regreso de la muerte burlona


La nueva entrega de la saga que convirtió los accidentes absurdos en un arte regresa con una propuesta que sorprende por su efectividad, su humor y, sobre todo, por no tomarse tan en serio a sí misma.

Crítica de “Destino Final: Lazos de sangre”: El regreso de la muerte burlona

viernes 01 de agosto de 2025

Destino Final: Lazos de sangre (Final Destination: Bloodlines, 2025) es lo que los fans esperaban: muertes espectaculares, tensión, clichés, guiños a todas las películas anteriores y una narrativa que no se esfuerza por innovar demasiado, pero sí por entretener con gracia.

Desde su debut en el año 2000, la saga Destino Final se ganó un lugar entre los placeres culposos del cine de terror adolescente. Si bien la crítica le dio muchas veces la espalda, el público la abrazó y la convirtió en un clásico moderno del cine de terror.

Todo comenzó con un joven (interpretado por Devon Sawa) que, tras tener una visión, logra esquivar una tragedia aérea. Pero la muerte, como concepto implacable, comienza a cobrarse una por una las vidas de quienes burlaron su destino. En cada entrega, la fórmula se repite con variantes: una autopista, una montaña rusa, un puente, una pista de autos, un camión con troncos, una cama solar, una escalera. Pero lo que nunca cambia es la imaginación y la absurda creatividad con la que las muertes se presentan. Destino final: Lazos de sangre mantiene esa esencia al 100%.

Uno de los celebrados aciertos de esta nueva entrega es el regreso del fallecido Tony Todd, quien encarnó al siniestro JD en la franquicia, siempre envuelto en un aura de misterio y sabiduría. Su vuelta no solo aporta continuidad, sino que refuerza una posibilidad explorada durante la saga: ¿es posible romper el ciclo de la muerte? ¿Se puede esquivar el diseño? La película coquetea con esa idea a través de una familia y una visión del pasado, pero no pierde su eje. Esta sexta entrega no pretende filosofar, sino hacer de la muerte un divertido espectáculo gore.

A diferencia de otras películas de terror actuales que incorporan tecnología o nuevas herramientas para darle un giro moderno, Destino final: Lazos de sangre elige lo físico, lo palpable. Prefiere que un tomógrafo sea el nuevo símbolo del horror antes que una app maldita o una descontrolada IA. Y en eso radica parte de su encanto: su fidelidad a lo artesanal, a lo que la hizo una saga de culto adolescente. En esa sintonía, este capítulo no se guarda nada: después de verla, vas a pensar dos veces antes de ponerte un piercing, subir grandes alturas o cortar el césped.

La película amaga con la idea de vivir cada segundo como si fuera el último, pero gira para mantener su esencia de que la verdadera protagonista es la muerte, siempre ingeniosa, siempre burlona. Si bien no todas las conexiones con las entregas pasadas funcionan bien —algunos guiños parecen forzados—, en el balance general, Destino final: Lazos de sangre es una grata sorpresa que revitaliza la saga sin estridencias y con el tono justo: entretenida, absurda, sangrienta y consciente de su propio legado. Una fiesta para los fans y una puerta abierta para nuevas pesadillas.

7.0
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