Tras su paso por BAFICI estrena “Adiós a Las Lilas”
Hugo Curletto y su cine dentro del cine en un tono entre absurdo e inesperado
Hace un par de décadas que este riocuartense viene trabajando paralelamente entre la dirección y la actuación. Ha estrenado la encantadora “Adiós a Las Lilas”, su segundo largo de ficción, que coprotagoniza junto a un brillante Jorge Marrale. Le contó de manera exclusiva a EscribiendoCine: “El humor siempre me ha atravesado y aquí tenía que estar”.
Posiblemente el nombre de Hugo Curletto no le suene a muchos. Pero resulta que hay que remontarse a unos 15 años atrás cuando él, en el papel de Thelma, junto al conductor, humorista y productos de radio Max Delupi, en el rol de Nancy, pergeñaron una increíble parodia cómica-política llamada El Show de Thelma y Nancy. Ya afilaba el rubro del humor. Que aplicaría tanto en su rol de actor de teatro como en su función de director. Curletto nació en 1978 en Rio Cuarto, Córdoba. Es Licenciado en cine y televisión por la Universidad Nacional de Córdoba y Diplomado en Gestión Cultural. Como actor estuvo en las puestas teatrales La noche de los extraviados (2005 al 2008) y Un hombre justo (2011) ambas de Jazmín Sequeira. En Las vacaciones de Dios (2013) un unipersonal propio, y además de Thelma y Nancy asimiló otros personajes en Patovicas y El Show de Peronacho y Radicheta. Como actor en cine se lo vió en Soldado Argentino solo conocido por Dios (2016) de Rodrigo Fernández Engler, Los hipócritas (2019) de Santiago Sgarlatta y Carlos Ignacio Trioni Bellone y en El verano más largo del mundo (2024) de María Alejandra Lipoma y Romina Vlachoff.
Además de escribir sus propios films fue el guionista de Desertor (2019) de Pablo Brusa. Es Docente en talleres y escuelas de guión y de documental. Ya como director su filmografía incluye Costo argentino. Historia: Victoria (Corto, 2004) codirigido con Santiago Villafuerte; Un ensayo, Elisa y el muro (Documental, 2008), Perfume Parpadear (Documental, 2009); Lobo Está (Corto, 2012), Cuatrocientos (2013) una miniserie de los 400 años de la Universidad Nacional de Córdoba y La casa del eco (2018). Y por primera vez confluye en todos sus rubros en el film Adiós a Las Lilas donde ejerce como director, productor, guionista e intérprete. Sin ser una película cómica, es un film encantador con mucho humor, inteligente y muy sutil. Es jugar todo el tiempo. Es darle vuelta a los lugares comunes y utilizar frases hechas con un sentido de desdibujarlas. Y toda esa especie de autocrítica irónica del cine independiente hecho a pulmón.
¿Cuándo empezaste a cranear esta historia?
A partir del viaje que hacemos con mi padre y mis hermanos a Las Vegas…en 2017, y hacía poco tiempo que había muerto mi vieja. La peli la empecé a trabajar con el tratamiento dos años después. Y cuando se lo muestro a Rodrigo (Guerrero, el productor ejecutivo) quien había visto las filmaciones y home movies de ese viaje, él me dice “che esta peli tenés que hacerla, porque cuenta mucho tu manera de ver el mundo a través del humor”. Es que nosotros tenemos muchas maneras de relacionarnos con mis hermanos y siempre a través del humor. Y en ese ejercicio, en lugar de aparecer un documental, apareció esto, que fue como un juego, algo negro, pero juego al fin.
¿Hay improvisaciones o todo fue escrito en el guión?
Todo estaba escrito. Las escenas con mi viejo, que él no es actor, me preguntaba yo si él se animará a esos textos, donde aparece la cuestión de la muerte de mi madre. Hasta qué punto yo puedo exponer o puedo jugar con esa zona. Yo lo entiendo porque de alguna manera porque hago humor, porque yo soy actor, o porque de alguna forma esta peli trata de poner el ojo en eso de sacar de los lugares medio sagrados las actividades de la memoria familiar, actividades de lo real. Y cruzarlos con esta cuestión más lúdica, más de la mentira, más de la ficción. Por eso en la película “yo lo mato a mi padre” en la ficción de la peli para que ésta funcione. Yo hasta que no empecé a ver la posibilidad concreta de hacer la película no lo hablaba con mi familia. Y desde los primeros planteos hasta ver la cosa concretada en una película, es mucha la distancia.
¿Tu padre vió la película, que devolución tuviste?
El la vió, está feliz. Me dijo: “me devolviste la sonrisa y estoy feliz de que haya podido pasar por eso”. Mi viejo estuvo casado casi cuarenta años con mi vieja, y era una pareja muy tradicional. Y le cuesta, al día de hoy, dar vuelta la página. Es que queda ahí, colgado de esa historia. Entonces para mí que esta película le haya podido devolver la sonrisa, es un regalo insoslayable.
¡Él más que un jugador empedernido, es un fumador empedernido! (Risas)
Si tal cual. Ahí no hay construcción de personaje. Ahí él es Chif, el personaje que asume en el film que se rueda y él es eso. En la peli era entremezclar por momentos el ejercicio de la actuación, de la representación y por momentos este ejercicio más documental de tomar lo que él nos daba. Es decir de tenerlo a él ahí en esa pauta y decir “che mirá yo te voy a hacer unas preguntas y vos respóndeme”. Como en la entrevista cuando le pregunto que me cuente sobre Las Lilas. Era algo que estaba pautado, pero claro él no es actor.
Pero Marrale sí es actor, y hace de él mismo. ¿Cómo fue plantearle a él en la realidad para hacer una película en la que hace dé él en un rodaje?
Es un doble juego. Yo estaba nervioso cuando le planteé el guión y el me llama y me pregunto si le habrá gustado el guión. Yo lo había conocido en una serie donde estuve como apuntador. Y pude ver en Jorge una persona, más allá del talento y la potencia creadora, a un tipo muy humilde, muy lúcido en ese sentido. Entonces cuando escribo la película pienso qué actor puede tomar esa distancia y jugar en la película con él mismo, y digo si él no es así, es para él. Ese doble juego estuvo siempre, esa posibilidad de tomar distancia y poder ver ese estereotipo del proceso creativo, estereotipo de actor, estereotipo de productora. Es una propuesta que era la de reírnos un poco de esos lugares comunes que nos pone el ejercicio creativo y poder reírnos. Y como se cruza esa línea de la vida con el cine. Yo estoy escribiendo un texto, y lo tengo a uno de mis pibes viendo la tele a todo lo que daba y el otro chiquitín picando la pelota y yo tratando de escribir una sinopsis para una serie que tengo que entregar. Y es lo que se ve en la peli.
Si no utilizaste cámara oculta…me podés decir como hiciste para que los chicos hagan y digan lo que dicen y hacen?
Fue un hallazgo. Y estaban las cámaras atentas a lo que pudiera surgir. Ellos no están actuando, es una manera de jugar. El más grande sí entendía el tema de la actuación. El más chiquito no. Para él era jugar, y era jugar ahí. Las caras son momentos, de esperar, de proponer la escena y de que estén las cámaras bien atentas. Para los chicos fue un viaje para ellos, tener a un equipo de filmación en su casa, con asistente de dirección, con sonidistas, iban y venían con auriculares.
Lo interesante es que no trabajaste el humor cordobés típico o más popularizado, el de “que hacéi culiao”
Hay diferentes formas de hacer humor. El absurdo en la peli está construido, está pensado, está ideado en relación a tensiones a contradicciones que van pasando, a lo imprevisto. La irrupción de lo inesperado, genera risa. Cuando escuchás por primera vez el off en francés, decís: ¿qué es esto? Después entendés y al volver a escucharlo te genera gracia. Hay un dispositivo pensado y escrito.
El film dura un poco más de hora y media, y para mi está justo y no le sobra nada. ¿Originalmente duraba más y lo puliste?
El primer corte tenía casi dos horas. Había escenas que estaban muy lindas o divertidas o delirantes, que bueno de alguna manera disgregaban la narración. La película tiene dos o tres líneas de drama y había que centralizar y jerarquizar una línea narrativa, para que no se cayera, para que no se sintiera que tenés que esperar. Tampoco fue mucho, se sacaron algunas cosas pero básicamente desde la estructura estaba muy claro desde el guión los puntos de giro. No es que pudimos probar muchas opciones en términos de montaje como hacer una película totalmente distinta.
Eso es muy interesante, dado que muchas veces pasan con películas que arrancan muy bien y tiene problemas en el remate, o le sobran entre 10 y 30 minutos o quedan a mitad de camino, y esos baches terribles. ¡Por suerte aquí no están!
Ahí ha habido un trabajo de Ramiro Sonzini muy importante en el montaje y la edición. Estaba muy clara la pauta desde la escritura.
Es cine dentro del cine y algo más. Es un puzzle mucho más amplio…
Es como una Mamushka. Además todo fue un compendio de darme el gusto de poder trabajar con varios artistas de Córdoba, y por supuesto especialmente con Jorge Marrale. Además obviamente con mi familia: mis hijos, mi mujer, mi papá y mis hermanos.