Festival de Cannes - Competencia Oficial
Crítica de “Dossier 137”: violencia institucional y crisis democrática en el nuevo thriller de Dominik Moll
El realizador francés Dominik Moll vuelve a indagar en los cuerpos de seguridad, esta vez desde la mirada de quienes investigan sus abusos. Con un enfoque riguroso y una narrativa que combina acción e investigación, "Dossier 137" traza un inquietante retrato sobre la represión estatal y la erosión de los principios democráticos.
En 2018, Francia vivió un estallido social que tuvo como protagonistas a los “chalecos amarillos”, una oleada de manifestaciones contra el encarecimiento del costo de vida. Las protestas, que se extendieron por todo el país, derivaron en choques con las fuerzas de seguridad y expusieron con crudeza la violencia institucional. Dominik Moll, quien ya había abordado este contexto en La Nuit du 12 (2022), retoma ese universo desde otro ángulo en Dossier 137 (2025), su nueva película en competencia en Cannes.
La historia gira en torno a dos agentes encargados de investigar la actuación de sus propios colegas durante un operativo que terminó con varios manifestantes heridos, entre ellos un joven ajeno a la protesta, víctima de un disparo de granada en la cabeza. El caso, registrado parcialmente en videos de cámaras de seguridad y celulares, se convierte en un rompecabezas policial en el que la búsqueda de la verdad se enfrenta al encubrimiento institucional y a la hostilidad interna.
Dossier 137 no se detiene en la denuncia, sino que propone una inmersión meticulosa en los mecanismos de poder y silencio dentro de las fuerzas de seguridad. Los protagonistas, lejos de representar la figura heroica clásica, cargan con sus propias contradicciones mientras intentan reconstruir los hechos. La película articula el pulso del cine de acción con la lógica del procedimiento policial, sin perder el trasfondo político que estructura el relato.
El film se distancia del caso particular para plantear una reflexión más amplia sobre la fragilidad de los valores democráticos en tiempos de polarización y represión. La víctima funciona como catalizador de una narrativa en la que la sospecha, la manipulación mediática y la presión política convierten la justicia en un campo de disputa.