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Crítica de "Más de la cuenta": La tragicomedia de un exfutbolista en guerra con su clóset

“Más de la cuenta”, creada y protagonizada por Benito Skinner, expone con humor ácido, referencias queer y una retórica del exceso la batalla interna de un joven exjugador de fútbol americano gay inmerso en el universo universitario de la hipermasculinidad.

viernes 16 de mayo de 2025

“Si no podés ser vos mismo, sé lo que el algoritmo espera.” Ese parece ser el mantra de Benny, el protagonista de Más de la cuenta (Overcompensating, 2025) la serie de ocho episodios que empaca identidad sexual, presión social y cultura universitaria en una caja de cereal queer, con exceso de azúcar e ironía. Benito Skinner, creador y estrella del show, deja su alter ego “Benny Drama” para ponerse bajo el reflector de una ficción que no disimula sus heridas detrás del glitter.

Benny es un exjugador de fútbol americano que se inscribe en la universidad con una misión: no salir del clóset y no salirse del molde. Lo segundo se le da bien. Lo primero... es más difícil cuando los pasillos están llenos de fiestas, vodka saborizado, bros en modo alfa y chicas alternativas que entienden más de sexualidad que de marketing. La narrativa gira en torno a la sobrecompensación: actuar lo contrario de lo que se siente, exagerar la norma para no traicionarse a sí mismo. Y eso, claro, es el corazón de la serie.

La aparición de Carmen (Wally Baram), una outsider con más lecturas de Simone de Beauvoir que de TikTok, funciona como el catalizador de un vínculo inesperado. Ambos quieren pertenecer, pero por caminos opuestos: él imita el modelo de éxito masculino; ella lo sabotea. Juntos, representan la tensión entre adaptación y ruptura, entre sobrecompensar y desarmar los discursos impuestos.

La serie funciona como una extensión performática del imaginario de Skinner en redes: ritmo veloz, estética pop, música de Charli XCX, y cameos de culto como Kyle MacLachlan y Connie Britton interpretando a los padres del protagonista. Es en los diálogos con la hermana (Mary Beth Barone) y su novio (Adam DiMarco) donde la serie brilla, mostrando que la masculinidad también se puede desaprender con chistes filosos y una pizca de lubricante emocional.

Más de la cuenta no busca resolver nada. No da moralejas ni baja línea. Es un carnaval de contradicciones, una comedia que huele a tragedia envuelta en papel metalizado. Y ahí radica su fuerza: en narrar la tensión entre lo que se muestra y lo que se reprime, en un entorno donde “ser alguien” implica, muchas veces, dejar de ser uno mismo.

7.0
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