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Crítica de "Una Quinta Portuguesa": poesía, fantasmas y una mirada sutil sobre la vida inventada

Con "Una Quinta Portuguesa", la cineasta Avelina Prat entrega una fábula íntima sobre el exilio emocional, los silencios del pasado y la construcción de nuevas identidades. Estrenada en el Festival de Málaga y presentada también en el BAFICI, la película se impone como una de las joyas discretas del cine ibérico actual, protagonizada por Manolo Solo y María de Medeiros.

Crítica de "Una Quinta Portuguesa": poesía, fantasmas y una mirada sutil sobre la vida inventada
lunes 12 de mayo de 2025

Inventarse un pasado y mudarse, casi sin equipaje, a otro lugar es lo que hacen los protagonistas de Una Quinta Portuguesa (2025), el segundo largometraje de la cineasta española Avelina Prat, a quien conocimos con Vasil (2022). La calma en movimiento marca el ritmo de esta historia aparentemente banal, pero cargada de poesía, con un guion escrito por la propia directora valenciana. La identidad es lo que se esconde, y lo que los personajes principales narran, a través de un relato misterioso e inventado, para justificar su presencia en su nuevo destino.

Manolo Solo, como el sensible y generoso Fernando, y María de Medeiros, en el rol de la tierna y encantadora Amalia, otorgan sentido vital a esta coproducción hispano-portuguesa. El encuentro entre ambos está cargado de una emoción contenida que atraviesa todo el film. 

Durante la presentación, Avelina Prat reconoció que, casi sin proponérselo, le había salido una historia de fantasmas. Fantasmas que habitan la hermosa finca del norte de Portugal adonde se traslada Fernando. La cineasta tiene el don de transformar sucesos reales en poesía visual. Ya lo había demostrado en su ópera prima, inspirada en un inmigrante búlgaro sin papeles que su propio padre acogió en su casa. En esta ocasión, parte de una historia leída en el periódico: un hombre que desapareció en Venezuela y, veinte años después, cuando su hija intentaba heredar, reapareció para anunciar que seguía con vida.

¿Qué será más enriquecedor para conocer el mundo: dibujar un mapamundi o recorrer la Tierra? Esa es la pregunta que se plantea al comienzo, cuando Fernando —profesor universitario— dialoga con sus alumnos. La interrogante marca el inicio de este periplo que arranca cuando su esposa serbia desaparece sin dejar rastro. A ella no la volveremos a ver en las casi dos horas que dura Una Quinta Portuguesa. Enseguida aparece Amalia, heredera de una casa señorial. Inteligente y amable, contrata al desconocido como jardinero. Ambos viven un tránsito existencial que los hermana.

Completan el elenco dos personajes clave: la simpática criada Rita (interpretada por Rita Cabaço) y Bianca Kovacs, quien intenta suplantar a la esposa desaparecida, aportando giros inesperados a la trama.

Con una puesta en escena elegante, repleta de detalles tiernos y miradas cómplices, Una Quinta Portuguesa explora, de forma sutil y misteriosa, los límites de la identidad y las narrativas que tejemos sobre nuestra vida. La película nos invita a preguntarnos si nuestra personalidad se construye o si la vamos descubriendo con el tiempo. No ofrece respuestas, no moraliza: simplemente observa. No es un film para todos los públicos, sino para aquellos que disfrutan de un cine aparentemente sencillo, pero hondamente conmovedor y reflexivo.

8.0
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