Teatro San Martín- Sala Casacuberta
“Sansón de las islas”: un viaje en escena a las 24 horas de las Malvinas a través de Manuel Vicente, Vanesa Maja y Gonzalo Gravano
“Sansón de las islas”, escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Emiliano Dionisi, se presenta en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín. Una parábola conmovedora sobre la manipulación mediática y los ídolos populares durante la Guerra de Malvinas, con actuaciones de Luciano Castro, Manuel Vicente, Vanesa Maja y Gonzalo Gravano. Una obra que recupera la teatralidad para interpelar la historia reciente argentina.
De miércoles a domingo, una parábola sobre los ídolos populares y las tragedias del país, ambientada a comienzos de la década de 1980, tiene lugar en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín. Se trata de la obra Sansón de las islas, escrita por Gonzalo Demaría, dirigida por Emiliano Dionisi y con las actuaciones protagónicas de Luciano Castro, Manuel Vicente, Vanesa Maja y Gonzalo Gravano, además de las participaciones especiales de los cantantes Constanza Díaz Falú y Fernando Ursino.
El relato escénico transcurre en el marco de la previa, el durante y el después del programa televisivo masivo “las 24 horas de las Malvinas”, ideado y organizado por el gobierno militar argentino que necesitaba elevar la moral del país mientras transcurría la Guerra de Malvinas. Así convoca a Sansón, un luchador de catch muy popular, pero enfermo y retirado, quien debe regresar al ring a la fuerza. Por insistencia de su esposa, el decadente personaje acepta enfrentarse a un rival más joven. La desventajosa diferencia de edad es el menor de los problemas que enfrentará Sansón, ya que le espera un dilema moral de proporciones bíblicas.
El backstage del “programa teatral”: entrevistas en camarines con Manuel Vicente, Vanesa Maja y Gonzalo Gravano
Antes de hacer la obra, ¿qué referencias tenían de “las 24 horas de las Malvinas”?
Manuel Vicente: Fue un evento que guardaba algo medio fatal y surrealista, visto a la distancia, y habiéndolo vivido, era una especie de, no quiero exagerar, psicosis colectiva, a la que había sido llevado toda una sociedad. La dictadura, que agonizaba, inventa esta jugarreta, la gente se sube arriba y se genera esto. El programa fue lo más bizarro de todo, patético, un show, aparte con este fraguar de sentimientos legítimos, porque uno no podía estar ajeno al sentimiento legítimo de la gente noble. No había frivolidad, había un compromiso absoluto de gente voluntaria, y nuestros ilustres y venerados soldados combatientes que son los que pusieron el alma, el cuerpo y la vida. Había gente que puso todo, frente a gente de un nivel de perversión, que no tenía ningún aspecto noble. Además, las joyas desaparecían, el dinero desaparecía. Cuando escuché la idea de la obra, era brillante, tenía una mirada para la teatralidad, tomando una distancia absolutamente exquisita.
Vanesa Maja: No recordaba por mi vivencia, yo tenía cuatro años en ese momento, pero sí supe después que había existido este programa para recaudar fondos para las islas, y también en algún momento me enteré que nunca llegó ese dinero ni esas donaciones. Cuando leí la obra, rápidamente busqué material en YouTube, y encontré un compilado de una hora de esas 24. Me resultó fuerte verlo, por lo triste, realmente se veía mucho patriotismo en las tribunas, en la gente que iba a llevar las donaciones. Después terminó en otra cosa, aparte de todo lo que fue la Guerra de Malvinas, un gran engaño para el pueblo argentino. La otra vez leía en una nota que si alguien de afuera, o que no conocía la historia, se regía solo por las notas de los diarios que salieron en esa época pensaría que Argentina ganó la guerra, que los ingleses se rindieron. Tal era el nivel de falsedad que había en las noticias que también me llevó a reflexionar.
Gonzalo Gravano: Cuando leí el guion, la mitad de las cosas no las entendía porque no fui contemporáneo, no sabía ni lo que era ATC. Entonces, le fui preguntando a mi viejo, él tiene 55 años, y tenía 12 cuando pasó todo esto, tiene muy buena memoria y me informó mucho. Después, le pregunté a Gonza Demaría, que es el autor y casi un historiador, todo el texto posee un montón de datos verídicos, y luego hice un trabajo con Emi Dionisi, que también es una bestia como director y como líder, un gran ser humano que aporta toda su sabiduría y saca lo mejor de cada uno. Hay varias cosas que, como Jorgito, mi personaje, no me convenían saber. Por lo tanto, hice una investigación más de lo que nos quisieron hacer creer que de lo que fue.
¿Cuáles son los vínculos de sus personajes con Sanson?
M.V: A la idea que la obra presenta respecto a Sansón, y el personaje épico de un luchador de catch, con lo que tiene que ver con esa cultura en Argentina y en esa época, sobre todo de mi generación, le agrega una dosis de show. Haber utilizado la metáfora del todopoderoso para vencer al bueno, en fin, creo que no hace falta abundar en qué vería este señor, este militar Garmendia, en torno a esta cuestión.
V.M: Mi personaje es la esposa de Sansón, y también integró junto a él un dúo, donde él era el luchador y ella la presentadora. Entonces, son como socios en el amor y en la tarea, compañeros, una lucha de a dos. También tiene toques feministas, ella es una mina bastante warrior, muy guerrera, desde el amor.
G.G: Mi personaje Jorgito lo ama, ¡es su ídolo! Después, transcurre la obra y pasan cosas, pero, a priori, es su ídolo, ¡él quiere ser un Sansón!
En escena se fusiona el lenguaje televisivo de los 80 con la ópera, entre otros elementos, ¿cómo fue sumergirse en esa mixtura?
V.M: Por un lado, me parece súper interesante toda la cosa de la televisión y el catch, algo súper popular. De chica, yo miraba Titanes en el ring, con mis primos y primas, ¡me encantaba! Y mezclarlo con este lenguaje de la ópera, que va yuxtaposicionando cosas a medida que van avanzando las escenas. Me parece una construcción muy bella.
G.G: Fue un gran trabajo de Emi. Es un código muy particular, hay que ecualizar y amalgamar toda esa información. Eso lo fuimos descubriendo en los ensayos, tuvimos un proceso muy lindo, de bastante laboratorio. Iban mutando mucho las escenas, íbamos encontrando qué requerían, qué tensión teníamos que hallar, cómo podían ser esos encuentros y esos vínculos.
¿Qué les representa hacer este espectáculo en el Teatro San Martin? En una sala cuya distribución parece un coliseo romano…
M.V: ¡Está buenísimo! En realidad, yo pongo lo artístico por sobre todo las cosas. Sansón de las islas es una gran obra, que tiene una absoluta teatralidad, es entretenida, divertida. Y atrás vienen un montón de cosas, como siempre en el arte: el amor, la pérdida, el dolor humano, el existencialismo, a veces nutrido de una anécdota muy sencilla, otras veces más compleja. A mí no me hubiera seducido un titular de: “Tengo una obra que va a contar sobre la guerra, entonces vamos a hablar de la justicia”. Lo que me seduce es un fenómeno estético como el teatro. Primero la teatralidad, obviamente para decir las cosas humanas que quiero decir. Dije: “Dionisi, Demaría, el programa de canal 7… ¡Rock and roll!". Después vino todo lo demás.
G.G: Para mí, es el sueño del pibe. Pasé muchas veces por la puerta del San Martín y dije: "¡Algún día voy a estar!". ¡Y no puedo creer que estoy! Todos los días tengo un ritual antes de entrar a la sala: me conecto, intento ser consciente de lo que está sucediendo. Porque hacemos la obra de miércoles a domingo, entonces uno puede caer en la automatización, y es lo que no quiero que pase, quiero que cada función sea muy especial, única. Estoy muy agradecido por la confianza que me dieron, por el privilegio que estoy teniendo hoy en día, intento disfrutar y absorber cada segundo.
La obra aborda heridas del pasado, permite reflexionar en el presente y, en cierto punto, construir el futuro, ¿cómo transitan este cruce temporal en escena?
M.V: A veces, está la sensación de que hay situaciones que se repiten cíclicamente. No es que se aprenda de eso para que no vuelva a ocurrir, y vuelve a ocurrir, fatalmente. Hay sociedades que fueron llevadas, o produjeron eventos, vistos a la distancia, absolutamente locos, inexplicables, algunos muy extremos. Creo que creer fanáticamente en algo y generar un enemigo que une, que junta gente en pos de algo, es clásico en la Historia. Eso hizo la dictadura con los ingleses. Fue al león, le tiró de la cola para ver si todos nos convencíamos de que le íbamos a ganar. El león se dio vuelta y con dos tarascones hizo la tragedia que significó todo. La tragedia de una guerra en sí misma y, en segundo lugar, una guerra tan inútil como esa. Fue una enorme fatalidad.
V.M: Siempre me parece interesante la interpelación que puede hacer el arte en relación a la Historia y a la construcción, a la poetización de algo, que te entre desde otro lado y puedas reflexionarlo, aprender. También es lo lindo de obras que toman cualquier tema vinculado a una historia personal, de nuestro pueblo, de nuestra identidad. Más en este momento tan difícil, tan distópico, ponerse a dialogar con eso que nos pasó me parece importante, para tener una claridad mayor. El futuro lo construimos nosotros y también se va construyendo sin nuestras decisiones, pero sí saber, siempre la información es poder.
G.G: Siempre que salimos de las funciones, me gusta quedarme charlando con la gente, ya que todos te cuentan algo diferente, sobre cómo los interpeló, qué les removió, qué emociones pudieron volver a traer, cómo transitaron esa época. El otro día, una persona me dijo: “Ustedes abren una caja de Pandora y sale lo que sale". La obra es muy profunda, tiene muchas capas. Cada uno conecta con lo que puede, con lo que quiere, o con lo que siente. Es muy enriquecedor escuchar al público, te aporta algo nuevo.
Llevando la premisa de “ir al frente” que tiene el catch, pero pensándolo en sus profesiones actorales, ¿cómo viven la sensación de salir al escenario?
M.V: Salir a escena cada día es atravesar una circunstancia, es tirarse de nuevo el río, nadar y llegar a la costa de nuevo, ¡tiene que volver a suceder! Puede ser que después de muchísimo tiempo uno pueda ponerse alerta de que no se automatice, pero tiene que transcurrir mucho para que eso ocurra. Creo que es casi imposible automatizar en una obra como esta. Primero, porque es un posicionamiento artístico, en términos de que uno debe recuperar una cepa viva en cada circunstancia, eso tiene que ver con una ideología de la actuación, no voy por la periferia. Cada día es un nivel de concentración, y también es placentero.
V.M: Es lo hermoso del teatro, lo maravilloso que te permite el encuentro, de forma única e irrepetible en cada función. No hay ninguna otra cosa que te de ese nivel de temporalidad y de estar presente. Amo el teatro, hace muchos años, y entre las cosas que más me gustan está salir a escena, al encuentro con el público y con esa historia para contar.
G.G: Yo soy el último que entra a escena en la obra. Es muy loco entrar después porque estoy solo en el camarín, escuchando lo qué está pasando en el escenario, y tengo un poquito más de tiempo para prepararme. Me mentalizo mucho. Todo el tiempo estoy dándome confianza, quiero disfrutar y jugar, no me quiero presionar. Sé que estoy jugando en la Selección, tengo los mejores botines, estoy en el mejor pasto y con la mejor pilcha, solo me tengo que preocupar por jugar. Entonces, me aliento en ese sentido y, antes de cruzar esa línea para entrar, es subirme a una montaña rusa. Se pone en movimiento y te lleva. El teatro es magia, y todo el viaje culmina con los aplausos finales.
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Sansón de las islas se presenta de miércoles a domingos en el Teatro San Martín, ubicado en Avenida Corrientes 1.530, Capital Federal. Entradas a la venta en la boletería y en el sitio web Entradas BA.