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Crítica de "Procopiuk" : Diego Lumerman rescata el cine de Carlos Procopiuk y su visión de la Patagonia
"Procopiuk" (2023) de Diego Lumerman, explora la vida y obra de Carlos Procopiuk, un cineasta neuquino que dedicó más de 50 años a filmar en la Patagonia. A través de testimonios y archivos inéditos, la película homenajea la mirada única de Procopiuk sobre el paisaje y su gente, revelando un pionero del cine comunitario y de género fantástico en la región.
Carlos Procopiuk fue más que un documentalista; su cine abarcó desde el documental comunitario hasta la ficción de género fantástico, uniendo en sus películas una mirada estética singular con una profunda conexión con la cultura y la naturaleza patagónica. En la época en que comenzó a filmar, el acceso a tecnología era limitado y los recursos eran escasos. Sin embargo, Procopiuk no se dejó vencer por las dificultades logísticas ni técnicas. Utilizó formatos diversos como 16mm, Super8, Super VHS y U-Matic para registrar todo lo que le rodeaba, incluyendo impactantes imágenes de paisajes, tradiciones y personajes locales.
Este enfoque pionero es uno de los aspectos que el documental rescata a través de anécdotas de quienes conocieron a Procopiuk. En cada testimonio, desde amigos y familiares hasta colaboradores y habitantes de la región, surge la figura de un cineasta cuya fascinación por lo cotidiano lo llevó a innovar, mostrando el potencial de una región usualmente ausente en el cine nacional.
Uno de los mayores logros de Procopiuk es la recuperación de un archivo fílmico inmenso, prácticamente desconocido, que muestra la evolución de una región y sus cambios a lo largo de las décadas. El documental se construye no solo sobre los testimonios, sino también en torno a las imágenes captadas por Procopiuk, que conforman un archivo invaluable de la memoria cultural y visual de la Patagonia.
Lumerman, quien redescubrió a Procopiuk durante la investigación de su proyecto Territorios extraordinarios, quedó fascinado por la manera en que este cineasta, sin formación académica formal en cine, logró captar la magia y misticismo de la Patagonia. La película resulta, así, una invitación a revisitar las creencias, desafíos y esperanzas de quienes habitaron esa región en una época en la que no había casi acceso a los grandes medios.
Este recorrido por la obra y la vida de Procopiuk también permite reflexionar sobre el rol del cine independiente en regiones periféricas. Procopiuk no solo fue un cineasta, sino un impulsor cultural que involucró a las comunidades, captando aspectos de la vida cotidiana que, de otro modo, habrían quedado fuera de la memoria colectiva. Las dificultades que enfrentó para producir cine en una época y lugar inhóspitos reflejan la tenacidad de un creador que buscaba dejar un legado, inspirado por el deseo de mostrar la realidad que le rodeaba sin dejar de lado la experimentación y la fantasía.
Con Procopiuk, Diego Lumerman presenta no solo un homenaje, sino una recuperación profunda de la obra de un creador singular en el cine argentino. La película visibiliza el trabajo pionero de un cineasta patagónico y plantea, además, una reflexión sobre la importancia de conservar la memoria cultural de las regiones menos exploradas.