Salas
Crítica de “Moana”: un live action sin corazón, aburrido y poco creativo
Diez años después del estreno de la primera "Moana", llega su versión live action protagonizada por Catherine Lagaʻaia y Dwayne Johnson, quien retoma el papel de Maui, personaje al que originalmente le prestó su voz en la película animada.
El live action de Moana (2026) sigue prácticamente los mismos pasos del film original: Moana recibe el llamado del océano para emprender una nueva travesía con el objetivo de restaurar el corazón de Te Fiti y devolver el equilibrio al mundo.
Durante años, los live action de Disney partieron de una fórmula clara: tomar un clásico animado y trasladarlo a la acción real introduciendo cambios en la historia, los personajes o el tono para justificar su existencia. Algunas veces esos cambios funcionaban mejor que otras, pero al menos existía una intención de reinterpretar el material original. Esta nueva versión de Moana abandona por completo esa idea y se limita a reproducir casi escena por escena la película animada, dando como resultado un producto superficial, insípido y, sobre todo, innecesario, ya que adapta una obra estrenada hace apenas una década.
El director Thomas Kail, conocido por haber llevado al cine la exitosa obra de Broadway Hamilton, traslada aquí una sensibilidad excesivamente teatral que termina jugando en contra de la película. Su puesta en escena busca imprimir un dramatismo constante, pero lo hace de manera tan enfática que termina volviéndose artificial. El problema es que ese dramatismo se agota demasiado pronto. Cuando la película intenta construir el conflicto emocional de Moana, el recurso ya no genera ningún impacto, ni para el espectador ni para la propia protagonista. La emoción nunca llega porque la película insiste desde el inicio en una intensidad que no sabe administrar.
Las actuaciones, que deberían ser uno de los principales atractivos de un proyecto de estas características, resultan bastante irregulares. Catherine LagaÊ»aia posee un gran parecido físico con Moana y demuestra un notable talento vocal en las canciones, pero su interpretación carece del carisma, la energía y la calidez que convertían a la protagonista animada en un personaje entrañable. En cambio, Dwayne Johnson vuelve a demostrar que Maui sigue siendo el personaje más atractivo de la historia. El actor aprovecha su propio carisma para construir una versión divertida del semidiós, incluso permitiéndose parodiar parte de su propia imagen pública.
El mayor problema de este live action es que nunca encuentra una razón para existir. No intenta reinventar la historia, no propone una nueva mirada sobre sus personajes ni aprovecha las posibilidades de la acción real para expandir el universo de la película original. El resultado es una película poco carismática y excesivamente aburrida. La falta de personalidad de su protagonista, unas secuencias musicales que parecen videoclips sin emoción y una puesta en escena incapaz de transmitir el espíritu de aventura terminan por convertir a Moana en uno de los remakes más prescindibles de Disney.