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Crítica de "Orgullo": el drama polaco gay con Ignacy Liss que conquistó Series Mania
Ganadora del Gran Premio en Series Mania, la nueva serie de Karol Klementewicz sigue a un joven gay cuya vida cambia tras una tragedia familiar que lo obliga a asumir una responsabilidad para la que nunca se preparó.
Filip (Ignacy Liss) está acostumbrado a vivir sin pensar demasiado en el día siguiente. Trabaja como modelo, pasa de una fiesta a otra y atraviesa relaciones marcadas por la inmediatez. La repentina muerte de su hermana altera de forma abrupta esa dinámica cuando debe hacerse cargo de su pequeña sobrina, una responsabilidad que nunca buscó y para la que tampoco parece preparado. A partir de esa situación, Orgullo (Proud, 2026), creada y dirigida por Karol Klementewicz, construye un drama que encuentra su fuerza en la tensión entre el deseo de preservar la propia libertad y la necesidad de hacerse cargo de otro.
Lejos de convertir ese conflicto en un relato de superación, la serie acompaña a Filip mientras intenta adaptarse a una realidad que lo desborda. Sus decisiones suelen llegar tarde, los errores se acumulan y las consecuencias aparecen cuando ya no pueden evitarse. Klementewicz evita los atajos emocionales y se concentra en observar cómo un personaje acostumbrado a escapar debe aprender a permanecer. El resultado es un relato donde el cuidado no aparece como una obligación moral sino como una experiencia capaz de poner en crisis una identidad construida alrededor de la autonomía.
Gran parte de esa complejidad descansa sobre la interpretación de Ignacy Liss, reconocido con el premio a Mejor Actor en Series Mania. Su trabajo sostiene las contradicciones del personaje sin intentar volverlo simpático ni ejemplar. Filip puede resultar egoísta, impulsivo o inmaduro, pero Liss encuentra en cada una de esas conductas rastros de vulnerabilidad que impiden reducirlo a una única dimensión. La transformación del personaje ocurre en pequeños gestos, silencios y miradas antes que en grandes declaraciones.
La puesta en escena acompaña ese proceso mediante una marcada oposición entre la vida nocturna y los espacios domésticos. Las fiestas, los encuentros afectivos y los momentos de exceso conviven con escenas atravesadas por rutinas, cuidados y responsabilidades cotidianas. Sin embargo, la serie evita presentar esos universos como realidades incompatibles. Lo que aparece en pantalla es el esfuerzo de Filip por encontrar una forma de habitar ambos espacios sin renunciar completamente a ninguno de ellos.
En un momento donde muchas ficciones LGBTIQ+ siguen organizando sus conflictos alrededor de la aceptación o la discriminación, Orgullo desplaza la atención hacia cuestiones menos transitadas. La serie habla de duelo, adicciones y prejuicios sociales, pero sobre todo se pregunta qué sucede cuando alguien que hizo de la independencia una forma de vida descubre que otra persona depende de él. En esa tensión encuentra su núcleo dramático y también la singularidad de una propuesta que utiliza una crisis familiar para reflexionar sobre los límites de la libertad individual.