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Crítica de "Un hombre de verdad": un drama sobre el duelo, la masculinidad y las segundas oportunidades

La ópera prima de Liteo Pedregal aborda la transformación de un hombre atravesado por la pérdida de su esposa. Con Carlos Olalla al frente del elenco, la película explora el duelo, los vínculos familiares y los modelos masculinos heredados.

Crítica de "Un hombre de verdad": un drama sobre el duelo, la masculinidad y las segundas oportunidades
EscribiendoCine-Noticine
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viernes 12 de junio de 2026

Tras la muerte de su esposa, Guillermo, un neurocirujano jubilado, queda enfrentado a una realidad que durante años evitó mirar. Ese es el punto de partida de Un hombre de verdad (2026), la primera película del director español Liteo Pedregal, que encuentra en Carlos Olalla a un intérprete capaz de sostener un personaje difícil de acompañar. Guillermo es un hombre áspero, autoritario y emocionalmente desconectado de quienes lo rodean. Refugiado en su afición por la pintura, parece más interesado en observar el mundo que en participar de él.

La película construye a su protagonista como la expresión de una masculinidad atravesada por hábitos y comportamientos que han condicionado su relación con su esposa María y con su hija. En la convivencia cotidiana se evidencian dinámicas marcadas por la falta de escucha y una dependencia afectiva que solo se revela cuando la ausencia se vuelve irreversible. Sin embargo, el retrato del personaje incurre en algunos trazos caricaturescos que simplifican aspectos de su comportamiento y vuelven menos creíble parte de su evolución posterior.

El duelo funciona como motor narrativo y como elemento transformador. Guillermo intenta evitar el dolor refugiándose en rutinas y recuerdos, pero el vacío termina obligándolo a replantear su forma de relacionarse con los demás. La película propone así una reflexión sobre la posibilidad de revisar conductas arraigadas incluso en etapas avanzadas de la vida. No obstante, el recorrido emocional del personaje se desarrolla con cierta rapidez, lo que reduce el impacto dramático de algunos momentos clave.

Los personajes femeninos cumplen un papel central en este proceso. Olivia Molina interpreta a la hija que intenta reconstruir un vínculo deteriorado por años de distancia, mientras que Natalia Dicenta y Rosario Pardo aportan miradas externas que confrontan al protagonista con las limitaciones de su mundo cotidiano. Son ellas quienes exponen las grietas de una estructura familiar sostenida durante décadas por roles rígidos y poco cuestionados.

Como realizador, Liteo Pedregal apuesta por una narración accesible que combina drama y comedia ligera. El resultado es una película que encuentra sus mejores momentos en las interpretaciones, especialmente en el trabajo de Olalla, pero que recurre con frecuencia a explicaciones demasiado evidentes y a conflictos previsibles. Sin buscar innovaciones formales ni narrativas, Un hombre de verdad plantea temas reconocibles y deja algunas reflexiones sobre el duelo, la dependencia emocional y la posibilidad de cambio. Su principal fortaleza reside en la capacidad de convertir esos asuntos en un relato cercano y de fácil seguimiento, aunque sin alcanzar una profundidad equivalente a las preguntas que plantea.

6.0
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