Salas
Crítica de "Familia": ¿puede la violencia engendrar más que violencia?
La cinta que Italia envió para competir por el premio de la Academia a Mejor Película Extranjera en 2026 es un thriller basado en hechos reales que explora las consecuencias que deja la violencia de género en quienes la padecen indirectamente.
Una sucesión de fragmentos borrosos y aterradores en torno a dos niños y una mujer funcionan como apertura de Familia (2024). La primera parte de la película nos introduce a la familia compuesta por Licia y sus dos hijos, Alessandro y Luigi Celeste, que se desintegra a causa de la violencia de género perpetrada por Franco, el progenitor. A través de este fragmento descubrimos que el título del largometraje no alude precisamente a un espacio seguro. La segunda parte, situada unos diez años más adelante, se centra en el personaje de Luigi, mientras este transita la llegada a la adultez como parte de un grupo fascista.
Familia está dirigida por el realizador calabrés Francesco Costabile, quien, tras varios documentales, había debutado en la ficción con Una femmina (2022), una película que observa, a través de los recuerdos y a partir de las complejas estructuras familiares, las problemáticas que genera en las comunidades la presencia de la ‘ndrangheta. El guion de la segunda ficción de Costabile, coescrito junto a Adriano Chiarelli y Vittorio Moroni y basado en el libro autobiográfico de Luigi Celeste Non Sarà Sempre Così: La mia storia di rinascita e riscatto dietro le sbarre (No será siempre así: mi historia de renacimiento y redención tras las rejas) vuelve a articular una narración que tiene un anclaje en el pasado y un corazón en la familia; sin embargo en esta ocasión el tema central será la incidencia de la violencia doméstica en quienes la padecen indirectamente.
La película de Costabile tensa una cuerda entre el drama y el thriller, y es interesante la manera en la que durante el metraje se construyen -al menos- dos amenazas: la de la violencia perpetrada por el padre, de la que parece que el resto de la familia no puede huir, y la de aquella replicada por su hijo, que también aparenta ser inevitable y que afecta a su novia y motiva su participación en un grupo de extrema derecha. Una tercera amenaza, la desprotección estatal, tiene un rol que, aunque trascendente, está menos elaborado. La música de Valerio Vigliar, la abundancia de planos cerrados -la mayoría de ellos rodados en interiores- y una paleta en la que destacan los tonos fríos contribuyen al establecimiento de una atmósfera dramática opresiva. El elenco se desenvuelve con éxito en un registro difícil de sostener.
Sobre el desenlace el film vuelve al recuerdo infantil retratado en la secuencia de apertura. De esta manera clausura su hipótesis: la relación directa entre el trauma generado por la experiencia de la violencia intrafamiliar y los conflictos de identidad de quienes no encuentran alguna manera de librarse de él.