MUBI
Crítica de "Un día con Peter Hujar": Ira Sachs y una película críptica sobre el arte en los 70
Ira Sachs reconstruye una conversación entre Peter Hujar y Linda Rosenkrantz para explorar la movida cultural en el Nueva York de los años 70.
Un día con Peter Hujar (Peter Hujar’s Day, 2025), dirigida por Ira Sachs, toma una grabación documental de 1974 y la convierte en una experiencia cinematográfica construida sobre una ausencia: la del movimiento, la acción y hasta la propia obra fotográfica de Peter Hujar. La película reconstruye el encuentro entre el fotógrafo y la escritora Linda Rosenkrantz en Manhattan, cuando ella lo entrevistó para un proyecto sobre rutinas de artistas que nunca llegó a concretarse. Desde ese material, Sachs levanta una pieza sobre la creación, el dinero, la supervivencia cultural y el ecosistema artístico del Nueva York de los años setenta.
Ambientada casi por completo dentro de un departamento, la película reduce el cine a un intercambio verbal. Peter Hujar, interpretado por Ben Whishaw, reconstruye las últimas 24 horas de su vida entre llamados de Susan Sontag, cruces con Allen Ginsberg y conversaciones atravesadas por el desgaste económico que rodea la práctica artística. Rebecca Hall encarna a Linda Rosenkrantz desde la escucha y la observación, convirtiéndose más en un dispositivo narrativo que en un personaje tradicional. Sachs apuesta al tiempo real, al detalle cotidiano y a una estructura que por momentos parece desafiar la paciencia del espectador.
Rodada en Kodak de 16 mm, la película encuentra parte de su fuerza en la textura visual. Los interiores, el vestuario y la materialidad de la imagen construyen una Nueva York que respira fuera de la postal. A eso se suman decisiones formales que fracturan cualquier ilusión de naturalismo: claquetas visibles, actores entrando en personaje y mecanismos de filmación expuestos deliberadamente. Sachs deja ver la maquinaria del cine mientras construye una obra que dialoga con el ensayo audiovisual, la biopic y cierta tradición del cine experimental.
Pero allí también aparece su principal límite. Un día con Peter Hujar es una película críptica, cerrada sobre su propio universo y dirigida a un público muy particular. Su vínculo con el espectador depende demasiado de cuánto conozca sobre Peter Hujar, el circuito artístico neoyorquino o incluso las coordenadas culturales que la película invoca sin explicar. Sachs evita mostrar las fotografías que volvieron a Hujar una figura central dentro de la fotografía estadounidense; una decisión conceptual que puede leerse como gesto de coherencia o como una barrera más dentro de una propuesta ya de por sí hermética.
Más que una biopic, Un día con Peter Hujar funciona como un objeto de nicho atravesado por el arte, la memoria y el registro. Hay una búsqueda formal clara y una intención de capturar el pulso de una época desde los márgenes. Pero en ese camino la película corre un riesgo permanente: hablarle únicamente a quienes ya están adentro. Y cuando el cine convierte la puerta de entrada en un código privado, la experiencia puede volverse menos una conversación que un muro difícil de atravesar.