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Crítica de "Miss Tacuarembó": pop, fe y espectáculo en clave de musical con Natalia Oreiro

Martín Sastre adapta la novela de Dani Umpi y construye un musical que combina referencias del cine moderno, estética ochentosa y una mirada crítica sobre la religión y el deseo de trascender.

Crítica de "Miss Tacuarembó": pop, fe y espectáculo en clave de musical con Natalia Oreiro
jueves 02 de abril de 2026

En un contexto donde el cine parece reiterar fórmulas, Miss Tacuarembó (2010), dirigida por Martín Sastre y basada en la novela de Dani Umpi, introduce una variación dentro del circuito regional. La historia sigue a Natalia, una joven de Tacuarembó que sostiene un objetivo persistente: cantar y alcanzar visibilidad. El paso del tiempo tensiona ese deseo, que oscila entre la persistencia y la resignación.

La película organiza su relato como una estructura híbrida donde conviven distintas tradiciones. Aparecen ecos de la primera etapa de Pedro Almodóvar, del musical urbano de Woody Allen en Everyone Says I Love You, y de procedimientos asociados a Federico Fellini, Michel Gondry y Spike Jonze en Being John Malkovich. También se perciben rastros de la lógica de producción de Andy Warhol. Sin embargo, la acumulación de influencias no deriva en una copia, sino en una síntesis que configura una identidad propia.

El film se define como comedia musical, pero su construcción excede el formato. La estética ochentosa atraviesa todos los niveles: canciones compuestas por Ale Sergi, vestuario saturado de referencias y una puesta que dialoga con el videoclip y el teleteatro latinoamericano. A nivel narrativo, introduce un contrapunto mediante diálogos que abordan la institución religiosa desde la ironía. La tensión entre doctrina y experiencia se vuelve un eje que articula el recorrido del personaje principal.

En términos técnicos, la película trabaja con dos temporalidades diferenciadas. El pasado aparece filtrado con una textura cercana a la fotografía analógica, mientras que el presente se define por un uso del color con mayor contraste y luminosidad. Esta decisión no solo organiza el relato, sino que también construye una lectura sobre la memoria y la proyección.

En el centro del film, Natalia Oreiro asume un doble rol: Cristal y Cándida López. La primera se vincula con la aspiración artística, mientras que la segunda representa una figura atravesada por la devoción religiosa. El contraste entre ambas construcciones permite desplegar registros distintos dentro de una misma interpretación. A su alrededor, el elenco suma presencias como Mike Amigorena, Rossy de Palma y Jeanette Rodríguez, junto a Diego Reinhold, cuyo trabajo introduce variaciones en el registro interpretativo sin apoyarse en esquemas previsibles.

Miss Tacuarembó propone una experiencia que articula música, relato y comentario social. En ese cruce, la película encuentra su zona de funcionamiento: un espacio donde el espectáculo convive con una lectura sobre identidad, fe y deseo de reconocimiento.

10.0
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