Salas de España

Crítica de "Lapönia": una discusión familiar que expone tensiones culturales

La adaptación teatral dirigida por David Serrano traslada el debate sobre la infancia y la verdad a un registro cinematográfico que oscila entre el diálogo y la limitación formal.

Crítica de "Lapönia": una discusión familiar que expone tensiones culturales
EscribiendoCine-Noticine
EscribiendoCine-Noticine
miércoles 01 de abril de 2026

Hay un momento, hacia la mitad de Lapönia (2026), en que los cuatro adultos que protagonizan la película se encuentran sentados alrededor de una mesa, con la tensión tan alta que casi se puede cortar con el cuchillo de trinchar que nadie usa. La conversación, que empezó como un debate sobre la conveniencia de decirles o no la verdad a los niños acerca de Papá Noel, deriva hacia territorios más personales: heridas familiares antiguas, diferencias culturales, formas opuestas de entender la paternidad y, sobre todo, ese extraño placer que a veces tenemos los adultos de disfrazar nuestras propias inseguridades con argumentos racionales.

El español David Serrano, director con una larga trayectoria en el terreno de la comedia, traslada a la pantalla la obra teatral de Cristina Clemente y Marc Angelet con un resultado que se mueve entre la solidez del material original y las dificultades de hacer que una pieza concebida para las tablas respire con naturalidad en el lenguaje cinematográfico. La película cuenta la historia de dos hermanas, Nuria y Mónica, que se reúnen en Laponia para pasar la Navidad junto a sus respectivos maridos y sus hijos. Lo que comienza como un reencuentro familiar con el telón de fondo de la nieve y las luces navideñas se convierte en un campo de discusión cuando la hija de Nuria revela a su primo la verdad sobre Papá Noel.

El principal acierto de Lapönia reside en su reparto. Ángela Cervantes encuentra aquí un personaje que le permite desplegar una comicidad contenida. Su Nuria es una mujer que ha construido su vida en Finlandia con la convicción de quien cree haber encontrado una forma distinta de hacer las cosas. A su lado, Vebjørn Enger compone un Olavi que funciona como contrapunto. En el otro bando, Natalia Verbeke encarna a Mónica desde la defensa de sus tradiciones, mientras Julián López trabaja el humor como una forma de desplazar el desacuerdo.

Pero la película, aunque funciona en el terreno interpretativo, presenta limitaciones en su propuesta visual. Serrano se mueve con cierta incomodidad dentro del espacio único que la historia le exige. La cámara, durante buena parte del metraje, se limita a registrar las conversaciones sin encontrar una perspectiva que las potencie. Esa sensación de que lo que se ve podría ser la filmación de una función teatral se acentúa en los primeros compases. A medida que avanza la película, la dirección gana en soltura, pero no termina de desprenderse de la lógica escénica original.

Tampoco la banda sonora de Joan Martorell logra integrarse con precisión. La música navideña que acompaña varias secuencias aparece como un recurso reiterado más que como una decisión con desarrollo propio. Hay momentos en los que busca un contrapunto que no se consolida, y otros en los que su insistencia interfiere en el ritmo. El silencio, en una película sostenida por el diálogo, podría haber funcionado como un recurso más eficaz.

Donde Lapönia encuentra su mayor consistencia es en el texto. La obra original plantea un conflicto que trasciende la anécdota navideña para convertirse en una reflexión sobre la educación, la verdad y los límites de la mentira piadosa. La película expone ambas posturas con sus contradicciones, evitando un posicionamiento unívoco. No hay un bando que concentre la razón, y en esa ambigüedad se organiza su núcleo dramático.

El escenario navideño funciona como catalizador de tensiones. La tradición, asociada al encuentro familiar, se convierte en un espacio donde emergen diferencias latentes. El contraste entre el paisaje de la Laponia invernal y los conflictos que se desarrollan en el interior de la casa refuerza esa dinámica. También aparece una dimensión cultural en la mirada que el personaje de Olavi proyecta sobre los españoles.

El problema es que, a fuerza de insistir en sus planteamientos, la película incurre en reiteraciones. Algunas ideas se enuncian varias veces sin generar nuevos desplazamientos en el conflicto, lo que afecta el ritmo en determinados tramos. Serrano confía en la potencia del texto, pero no siempre encuentra recursos cinematográficos que renueven la atención cuando el debate se vuelve circular.

Aun así, Lapönia se sostiene por la consistencia de su texto y el trabajo del elenco. La película plantea preguntas sobre la paternidad, la verdad y la proyección de los adultos sobre los hijos sin resolverlas de forma concluyente. Ese desplazamiento hacia lo abierto es lo que permanece una vez finalizado el relato.

6.0
Te puede interesar
Últimas noticias
MÁS VISTAS