Festival de Rotterdam
IFFR 2026: el foco V-Cinema y el origen del exceso japonés
La edición 55 del Festival de Rotterdam dedicó un foco de 18 títulos al V-Cinema, el circuito japonés directo a video que reformuló géneros, anticipó el J-horror y funcionó como laboratorio sin límites para directores como Hideo Nakata, Kiyoshi Kurosawa y Takashi Miike.
Sí, sí, no se trata de un error ortográfico ni de uno de tipeo. En la edición Número 55 del Festival Internacional de Cine de Rotterdam, se dedicó un foco (compuesto nada menos que por 18 películas) al “Cine V”. Para el poco avisado hay que aclarar porque la identificación puede confundir con la más conocida “clase B”; y la referencia a la V no tiene que ver con alejarse del principio del abecedario (como, en su momento, se jugó con el término “cine Z”, para referirse a rarezas de bajísimo presupuesto), sino con el fenómeno japonés del V-Cinema. Esto es, películas destinadas directamente al mercado del vídeo, que surgió a finales de la década de 1980 y dejó una huella imborrable en la cultura cinematográfica contemporánea.
El modelo de producción del V-cinema respondió al auge del alquiler de videos con la producción de películas que no se estrenaban en las salas de cine. Este enfoque permitió a los directores trabajar con rapidez, de forma económica y con una notable libertad creativa. Habiendo visto las 18 películas de la selección (una rareza la de verlas en cine, por el hecho mismo de que no fueron pensadas para ello, pero sobre todo porque casi no se han visto fuera de Japón), lo que puede apreciarse es la falta de límites, el permiso para probar (e incluso equivocarse), el cambio de paradigmas que ha acaecido (no solo en el cine) en cuanto a qué puede mostrarse y qué no. Y, sobre todo, cómo puede hacerse ello.
Los títulos son de por sí demostrativos de una dinámica muchas veces vinculada con el exploitation. Así, a Hideo Nakata uno lo conoces sobre todo a partir de ese fenómeno mundial que fue Ringu (La llamada), pero antes de ello comenzó en el “directo a video” con una extraña gema absolutamente incorrecta cuyo título todo lo dice: Female Teacher: Forbidden Sex. Su traducción sería: “Maestra: Sexo prohibido” (1995). Los devaneos amorosos (y encuentros sexuales) entre profesores y alumnos se multiplican y ello casi no es puesto en tela de juicio. El exceso lleva al disfrute y la carcajada (así fue recibida, con múltiples aplausos durante la proyección). Es que no hay otra opción: o se la recibe así o lo más probable, desde la mirada del presente, es directamente ofenderse.
Este vínculo de quien se considera habitualmente el “padre” del fenómeno del J-horror con el erotismo no es para nada excepcional ni casual. De hecho, el realizador comenzó su carrera en la década de 1980 como asistente de dirección en la línea Roman Porno de Nikkatsu, dedicada al cine erótico. La creciente cuota de mercado de las películas sexuales en el V-Cinema le permitió debutar como director y mantenerse fiel a sus raíces. Así, por ahí más que el padre del cine de terror japonés, Nakata lo es de ese subgénero erótico softcore del V Cinema, ya que Female Teacher: Forbidden Sex fue el modelo que sería repetido posteriormente dado su considerable éxito. La actriz principal de esta película, Hitoe Otake, antigua Miss Japón, armó toda su carrera en base a este tipo de películas eróticas. Llegó a ser conocida como la “reina del V-Cinema” y alimentó ese fenómeno (como no podía ser de otro modo) con sus habituales apariciones en las publicaciones amarillistas y sensacionalistas y en las notas vinculadas con chismes y cotilleo.
De hecho, en relación con lo expresado, este foco sirve para descubrir cuál sería el verdadero comienzo del terror japonés. O al menos del que conocemos a partir de la circulación global de La llamada, The Grudge o el cine de Kiyoshi Kurosawa. Según el especialista en cine japonés y curador del foco Tom Mes, la génesis puede encontrarse en Historias reales de miedo, una recopilación de historias de fantasmas publicada en tres cintas de video entre 1991 y 1992. Cada una de ellas, con una duración inferior a una hora y rodadas con un presupuesto mínimo, contenían todos los elementos característicos de lo que luego conoceríamos como J-horror. La segunda noche, en particular (la que se vio en el IFRR), tuvo una gran influencia: allí aparece la característica mujer fantasmal con un vestido rojo (que encontramos luego en Pulse y Retribution, de Kiyoshi Kurosawa), con esos movimientos como de huesos quebrados que se aceleran y ralentizan.
Y si de Kiyoshi Kurosawa hablamos. Sus comienzos no tuvieron que ver con el terror, justamente. Aquí se proyectó la disruptiva Suit Yourself or Shoot Yourself! VI: The Hero (¡Haz lo que quieras o pégate un tiro! VI: El héroe), de 1996. 83 minutos que se sienten como quince. Dos aspirantes a gánsteres se ven envueltos en el plan de un político local para expulsar a todos los elementos indeseables de una comunidad en decadencia. Lo que comienza con la excusa de combatir la yakuza desnuda las hipocresías de lo que termina pareciéndose bastante a un estado totalitario. Con humor, Yuji y Kosaku son los protagonistas de esta serie de seis episodios de comedias sobre la yakuza que Kurosawa rodó en poco más de un año (poco antes de su gran éxito con Cure).
En efecto, Kiyoshi Kurosawa pasó varios años haciendo comedias de yakuza para el mercado del alquiler de videos. En la que se vio (la última), ya muestra algo de lo que luego conoceríamos de él en el cine. No sólo por el plano secuencia de seis minutos al promediar la película sino por esa deriva narrativa (que encontraríamos luego en Doppelganger, por ejemplo) en la que lo que comienza como una comedia de amigos se vuelve cada vez más enigmático.
Muchos comenzaron en el cine V para luego pasar al cine proyectado en salas. Pero algunos fueron y vinieron durante un tiempo. Tal es el caso del prolífico Takashi Miike, del que pudimos ver Fudoh: The New Generation (1996). Tres años antes de la aparición de Audition (estrenada en nuestro país), esta fue la película que puso el nombre de Miike en el centro de la atención. Ya aquí podemos advertir la forma en que el director crea situaciones que llevaría luego al clímax en The Happiness of the Katakuris. Shakespeare y manga pueden ser parte del universo de Takashi Miike, que luego supo transitar caminos problemáticos e intentos de cancelación vinculados con estos temas.
Cada película de las 18 fue particularmente interesante, pero aquí nos concentramos en las realizadas por directores que nos pueden resultar más conocidos. Para terminar en este apretado resumen, cabe destacar Orchids Under the Moon, de Takashi Ishii, de 1991. Diez años después de perder a su familia en un conflicto entre bandas, un ex contador intenta sobrevivir jugando al mahjong hasta que conoce a la estrella del pop Ran, que le pide ayuda tras robar un preciado objeto con forma de huevo de oro. Robos, traiciones y extorsiones son parte del paisaje en esta obra de quien luego fue uno de los principales impulsores del renacimiento del cine japonés en la década de 1990. En efecto, su estilo neo-noir, en Original Sin (1992), A Night in Nude (1993) y Gonin (1995), actualizó el género policíaco, usándolo como vehículo para reflexionar sobre la desesperanza en el marco de la llamada “década perdida” de Japón.
Los géneros como medio de búsqueda y experimentación. El video como instrumento para eludir límites, fronteras y censura. Si de reflejar el pulso del momento se trata, qué mejor que prestar atención a la saga de Minami, en la que el “héroe” es un implacable prestamista. En fin, delicias del V-cinema.
Para finalizar, un servicio a la comunidad: en la página del festival (iffr.com) pueden encontrar la programación completa. Y, aunque los subtítulos son en inglés, todas ellas pueden hallarse si se las busca por su nombre en inglés en cualquier buscador de internet. Un método que no será ortodoxo, pero que respeta el espíritu de estas películas.
Laura N. Vitali & Fernando E. Juan Lima