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Crítica de “Tron: Ares”: Jared Leto y la personificación de la IA
En esta tercera entrega del film de culto de los años 80, el director Joachim Rønning logra revivir esa esencia futurista con un regreso repleto de acción y con sólidas actuaciones, destacando las de Jared Leto y Greta Lee.
Las dos películas anteriores del universo Tron presentaban una estructura muy marcada: el primer acto se centraba en presentar a los villanos y el conflicto principal, para luego derivar en un segundo y tercer acto dedicados a las aventuras del protagonista en la Red. Al igual que Tron: Legacy (2010) fue para Tron (1982), Tron: Ares (2025) es un soft reboot. Esto significa que, a pesar de tener nuevos personajes e historias, mantiene la continuidad del material original.
Partiendo de esta base, Tron: Ares cambia la estructura habitual de la franquicia para ofrecer algo con más capas y evitar caer en la misma fórmula. La historia se divide en dos arcos principales: Ares (Jared Leto), una IA de la Red diseñada por Dillinger para hackear sistemas, y Eve (Greta Lee), la CEO de Encom.
El primer acto es mayormente introductorio y se toma su tiempo para presentar los puntos clave: la rivalidad entre las corporaciones de videojuegos Encom y Dillinger, y el deseo de esta última por obtener la tecnología de su rival. La trama intercala fluidamente situaciones que ocurren en la Red y cómo estas repercuten en la vida de los protagonistas en la realidad.
Esta alternancia de escenarios se mantiene hasta un punto de quiebre, cuando todos los conflictos se trasladan a la realidad, convirtiéndola en el escenario principal. Este recurso es esencial para desarrollar la faceta más ambiciosa del film: la personificación de la IA.
Ares (Leto) encarna directamente esta tecnología. Para subsistir bajo el control de Dillinger, necesita acceder a la tecnología de la permanencia que le permita ser duradero en el mundo real. Esta búsqueda de la permanencia funciona como una poderosa metáfora. Tradicionalmente, la IA en nuestro día a día es vista como algo artificial y, en esencia, desechable. Sin embargo, Ares es diferente: es una IA que ha encontrado un sentido a la vida y lucha por vivir, no por ser una herramienta transitoria.
Al ser un reinicio de una franquicia de culto, el film no escatima en referencias, homenajes y guiños, pero los añade con minuciosidad. En lugar de agregarlos de forma superficial o como fan service obsceno, la película se las arregla para que estos elementos sean útiles y ayuden a resolver la trama de manera ingeniosa. Aunque apela a la nostalgia, lo hace sin ser simplista.
Con Tron: Ares, el realizador Joachim Rønning le da una vuelta de tuerca al concepto de la franquicia. Prioriza un tono más dramático y filosófico por encima de la acción pura que suele caracterizar a la saga. Se anima a criticar a la IA representándola como un ser con sentimientos y deseos, dándole al film una resonancia oportuna para los tiempos que corren.