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Crítica de "Columbus": Kogonada antes que Linklater
Es obvio que "Columbus" (2017) está inspirada en las películas “Antes de que…” con Ethan Hawke y Julie Delpy, aún si no sabemos que el único otro crédito del director - de nombre Kogonada - es un video-ensayo sobre el cine de Richard Linklater. Con su primer largometraje de ficción, Kogonada busca imitar a su director favorito al cabo que suple su propio tono y estilo.
Fiel a Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995) y sus secuelas, la película sigue los paseos de dos personas que se conocen de manera casual y forman un vínculo a medida que intercambian reflexiones sobre la vida y comparten fragmentos de sí mismos. Él es Jin (John Cho), un traductor coreano que llega a la ciudad de Columbus cuando su padre cae en coma; ella es Casey (Haley Lu Richardson), recientemente graduada de la secundaria y, en apariencia, conforme con la idea de cuidar a su madre enferma el resto de su vida.
Donde la película comienza a marcar su propio territorio es en el uso de la simetría y la asimetría, en sintonía con la relación de empatía y desigualdad que se establece entre los protagonistas: ambos comparten dilemas similares, pero se encuentran en momentos muy distintos de sus vidas. A su vez, la geometría y la búsqueda personal de una forma de excelencia se reflejan en los recorridos por las obras de arquitectura moderna que visitan y comentan durante sus caminatas. Incluso en plena charla arquitectónica se percibe que ambos intercambian información significativa para su equilibrio personal.
Los dos pilares del film son las actuaciones —ambas eficaces al sugerir tristeza y enojo bajo una apariencia de calma— y la atmósfera que el director construye con cada recurso disponible: encuadres que exceden a los personajes y abarcan fragmentos de una ciudad enorme, cúbica y despojada; una fotografía gris, apagada, atravesada por días nublados que parecen no terminar; y una banda sonora poblada de ecos húmedos, prácticamente desprovista de música.
Resulta estimulante percibir el uso consciente de los recursos cinematográficos, todos puestos al servicio de una atmósfera de calma persistente. Sin embargo, por momentos la película parece apurada por cumplir con la duración estándar del largometraje independiente y va marcando uno a uno los hitos esperables de este tipo de relato: el encuentro fortuito en medio de la noche, un extenso pasaje sobre alguna trivialidad histórica, la pelea hacia el último tramo, una escena espontánea de baile inusual (Casey en un estacionamiento, sin música).
Dada la diferencia de edad entre los protagonistas, la película incorpora intereses románticos secundarios —Parker Posey para Jin, Rory Culkin para Casey—, aunque ambos resultan prescindibles y funcionan más como pausas que como elementos integrados al relato.
Columbus termina siendo un híbrido entre un cine cercano al de Linklater y una forma más genérica de narración independiente. Aun así, en su propio registro, la película logra construir una experiencia que se sostiene y deja huella.