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Crítica de "Steve Jobs": Una manzana por corazón

En 2013 el ignoto Joshua Michael Stern presentaba la primera biopic sobre Steve Jobs, personificada por un sobreactuado Ashton Kutcher. Obra que rápidamente se convertiría en un estruendoso fracaso de crítica y público. Dos años y medio más tarde llega la segunda película de ficción sobre el fundador de Apple, pero ahora dirigida por el multipremiado Danny Boyle (¿Quién quiere ser Millonario?, 2008) y protagonizada por el no menos galardonado Michael Fassbender.

Crítica de "Steve Jobs": Una manzana por corazón
sábado 27 de diciembre de 2025

Si en Jobs (2013) la historia recorría toda la vida del creador de la Mac bajo la estructura biográfica clásica impuesta por Hollywood —con un actor más preocupado por la imitación que por la construcción del personaje—, Steve Jobs (2015) opta por un recorte preciso: tres momentos puntuales. Aaron Sorkin, guionista de La red social (2010), vuelve a un dispositivo narrativo que le resulta familiar y eficaz, apoyándose en hechos clave de la vida empresarial de Jobs para delinear a un personaje atravesado por el ego, el triunfo aun en la derrota, la ambición sin límites y una lógica que habilita la traición como método.

La narración, de estructura episódica aunque sin divisiones explícitas, se articula en torno al lanzamiento de tres productos emblemáticos: la Macintosh, la NeXT y la iMac. A partir de esos eventos, la película construye un retrato íntimo, necesariamente fragmentado, donde el genio aparece atravesado por contradicciones y zonas opacas. El vínculo conflictivo con su hija Lisa y la relación sostenida —profesional y personal— con Joanna Hoffman, su colaboradora más cercana en el área de marketing, funcionan como ejes que atraviesan toda la trama. A ellos se suman las tensiones constantes, marcadas por lealtades inestables, con Steve Wozniak, cofundador de Apple, y con John Sculley, ex CEO de la compañía.

Uno de los aciertos del film es la elección de un elenco que evita el recurso fácil de la copia. Michael Fassbender compone un Steve Jobs sarcástico y despiadado, capaz de transitar distintos estados en una misma escena sin perder coherencia interna. Kate Winslet, en el rol de Hoffman, sostiene una actuación que aporta equilibrio y humanidad a un universo dominado por la confrontación permanente.

La narrativa se apoya de manera clara en los diálogos y en el trabajo actoral. Danny Boyle introduce algunos recursos —flashbacks, intertítulos— para correrse del molde biográfico tradicional, pero la puesta se mantiene contenida: cada uno de los tres bloques transcurre, en esencia, en un mismo espacio —el auditorio—, ubicado en distintas etapas temporales. Esa decisión, si bien refuerza la teatralidad del relato, también provoca que en ciertos pasajes la tensión se diluya y el ritmo se vuelva irregular, incluso pese a los golpes de efecto que el director insiste en subrayar.

Con sus limitaciones a la vista, Steve Jobs propone una aproximación atendible a la figura del fundador de Apple. Supera a su antecesora en términos de enfoque y construcción dramática, aunque sin llegar a ofrecer una lectura definitiva. Una película correcta, más interesada en el carácter que en la cronología, y consciente de que todo mito empresarial también se edifica sobre fisuras.

6.0
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