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Crítica de "Uno para todos", una historia de superación con David Verdaguer

La historia del maestro que llega a un colegio para reemplazar a otro y se encuentra con un curso  problemático no es ni nueva ni original. Pero siempre se le puede encontrar una vuelta de tuerca para que la historia no sea la misma. Un crimen, marginalidad, problemas de conducta, de aprendizaje, familiares o un alumno con un linfoma rechazado por sus compañeros, tal es el caso del nuevo largometraje de David Ilundain.

Crítica de "Uno para todos", una historia de superación con David Verdaguer
viernes 12 de diciembre de 2025

Alex (David Verdaguer) llega a un pequeño pueblo para cubrir una suplencia en sexto grado mientras la maestra titular cursa un embarazo. El aula parece funcionar con normalidad hasta que se hace evidente una ausencia: Carlos no está. Álex desconoce que el alumno atraviesa un tratamiento de quimioterapia por un linfoma y que su regreso es inminente. El conflicto aparece cuando el resto del curso se opone a esa reincorporación. La pregunta no tarda en desplazarse del hecho puntual hacia una zona más incómoda: qué lugar se le concede a quien no encaja, a quien altera un equilibrio que parecía dado.

Uno para todos (2020) se apoya en una puesta en escena cercana al registro observacional y en un caso real surgido de una noticia periodística. Esa base le permite construir un relato que avanza como fábula contemporánea, sin desentenderse de una problemática concreta: la convivencia en el ámbito escolar y la dificultad de gestionar la diferencia. La película no se limita al aula; despliega una red de vínculos donde se cruzan la mirada adulta, las dinámicas grupales, los silencios familiares y una noción de educación que excede el programa escolar.

El guion organiza sus capas sin recurrir al discurso directo ni a soluciones rápidas. Los temas —el perdón, la culpa, la posibilidad de cambio, los lazos comunitarios— aparecen integrados al desarrollo de los personajes y no como consignas. En ese recorrido, Álex también se ve interpelado: su rol de docente se redefine a partir de decisiones que no están en los manuales y que lo obligan a revisar su propia posición frente al conflicto.

La película administra la emoción a partir de situaciones precisas, con algunos recursos narrativos pensados para producir impacto, pero sin desbordes. Ese equilibrio sostiene el interés y permite que el espectador acompañe la historia sin necesidad de subrayados. Uno para todos propone así una reflexión sobre la escuela como espacio social, donde enseñar y aprender implican, antes que nada, hacerse cargo del otro.

6.0
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